Hace unos años escribí un artículo en el que hablaba de caballeros, ingenuos y pícaros. En él analizaba la evolución desde la sociedad estamental del Antiguo Régimen, con sus nobles, ingenuos y siervos. Los primeros se distinguían por el dominio de grandes extensiones de tierras, sus blasones hereditarios, su orgullo y ostentación; solían despreciar el trabajo manual y la mayoría el intelectual. Su oficio era la guerra -y la caza- a la que acudían con su caballo -de ahí lo de caballeros-, su armadura y sus escuderos. Los ingenuos, eran -como su origen etimológico descubre- quienes no doblaban la rodilla; su vida austera, la libertad individual y colectiva eran sus signos de identidad y la base de su autoestima; podían ser: o sencillos campesinos con sus pequeñas tierras individuales y los bienes comunales de sus concejos que administraban en régimen abierto y sus trabajos a vereda para arreglar caminos, fuentes y demás instrumentos del común o artesanos, habitantes de las ciudades, agrupados en gremios. Y, por último, los siervos, adscritos a la gleba, que trabajaban para su señor entregándoles la mayor parte de sus cosechas y sometidos en muchos casos a malos usos que les convertían en cuasi esclavos.

En ese ambiente florecieron los pícaros, gentes que vivían habitualmente del engaño, explotando la buena fe de sus semejantes, desde los falsos mendigos, mercaderes que defraudaban en los pesos y medidas, usureros que abusaban de la miseria, mercachifles que traficaban con reliquias de santos, mayordomos infieles que esquilmaban a los vasallos y robaban a los señores.

Han pasado lo siglos, triunfó la revolución liberal con su teórica igualdad de todos ante la ley, pero la casta de los pícaros sigue subsistiendo, con mayor abundancia e impunidad en los países latinos. Es cierto que hay muchas clase de pícaros. Están los de poca monta, los timadores callejeros, los rateros al descuido, autónomos y trabajadores de la economía sumergida, los -nacionales y emigrantes- beneficiarios de subsidios sociales ocultando ingresos…Y los grandes golfantes, capaces de arruinar a países enteros, mientras engordan sus cuentas en paraísos fiscales: especuladores de suelo urbano; políticos corruptos; mafias de la droga, de la prostitución, del juego, del crimen organizado, del tráfico de armas; bandas terroristas en nombre de la religión o de la nación; multinacionales que destruyen la naturaleza, envenenan el agua potable, acaparan tierras cultivables, intoxican a las personas…; grandes defraudadores al fisco; tiburones del capitalismo financiero; controladores de grandes medios de comunicación; prebostes de los organismos financieros internacionales…

Claro que también tenemos en la sociedad actual ingenuos: personas lúcidas que resisten la golfería e intentan librarse de las cadenas mentales y del consumismo compulsivo con que nos atenazan y están comprometidas en la liberación de tantas gentes a las se les que niegan sus derechos más fundamentales. ¿No es cierto que todos conocemos a algunos de estos ingenuos, cuyo número va aumentando, que han pasado de la indignación a la acción y cuyo ejemplo nos estimula a salir de la indiferencia individualista y a alzarnos dignamente para enfrentarnos a los poderosos?.

Anuncios