Carlismo Hoxe, nº 52, Partido Carlista de Galicia.

Javier Cubero de Vicente

Dentro de cierta “reacción” historiográfica caracterizada por una voluntad obsesiva de negar y enterrar “el carlismo popular, con su fondo socialista y federal y hasta anárquico” del que ya hablaba Miguel de Unamuno, empieza a coger cada vez más fuerza cierta tesis en relación a la modernización del carlismo.

Alegremente se sostiene que el proceso de renovación que vivió el partido legitimista desde el tradicionalismo corporativo hasta el socialismo autogestionario fue producto de la iniciativa personal de Don Carlos Hugo y de su círculo más inmediato, que se desarrolló a partir de la expulsión de la Familia Borbón Parma en 1968, y que fue motivado por la designación de Juan Carlos como sucesor de Franco a título de Rey.

Sin embargo un investigador nada sospechoso de simpatías hacia esa evolución como es el neointegrista Manuel de Santa Cruz, en su obra Apuntes y Documentos para la Historia del Tradicionalismo Español 1939-1966 (tomo 18 (II): 1956, p. 343), sitúa lo que denomina como “la aparición del progresismo en el carlismo” en el año 1956, con motivo de un “Manifiesto de la Juventud Carlista de Navarra”.

En 1956 Don Carlos Hugo aún no había iniciado su andadura política. Habría que esperar al Montejurra de 1957. Sin embargo algo se estaba moviendo ya en la base de un pueblo carlista que vivía en una sociedad en transformación (éxodo masivo del campo a la ciudad, expansión industrial, acceso de las clases populares a la enseñanza superior, etc.).

Las nuevas generaciones de carlistas, ubicadas mayoritariamente en centros universitarios y en fábricas fordistas, e integradas en la AET y en el MOT, buscarían una nueva síntesis entre Tradición y Modernidad, mientras participaban de los movimientos antifranquistas de base (luchas estudiantiles contra el SEU, las primeras comisiones obreras).

Evidentemente esta evolución no se puede entender sin el liderazgo de la Familia Borbón Parma, que como autoridad arbitral del carlismo supo recoger y articular los planteamientos de sus bases populares. De la misma manera que tampoco puede ser comprendida sin el impacto que causó el Concilio Vaticano II, al reforzar las tendencias progresistas de la juventud carlista.

Poco o nada tiene que ver la realidad histórica con algunas narraciones que pretenden convertir en imposición burocrática de pocos años lo que fue un proceso democrático de abajo a arriba, aunque no exento de tensiones y contradicciones, durante casi dos décadas.


Algunos hitos de esta evolución histórica:

1956: Difusión del Manifiesto de la Juventud Carlista de Navarra.

1957: Presentación de Don Carlos Hugo en Montejurra como Príncipe de Asturias.

1959: Don Carlos Hugo preside nuevamente el acto de Montejurra.

1961: En el nº 14 de la revista Azada y Asta de la AET se esboza una “Monarquía Socialista”.

1963: Creación del MOT en Murcia, cuyo órgano de expresión será el boletín Vanguardia Obrera Tradicionalista.

1964: La Delegación Nacional de la AET publica un Esquema Doctrinal con el fin de adaptar la doctrina tradicionalista a la realidad de la sociedad moderna, recogiendo el pluralismo de creencias religiosas y de partidos políticos. La concepción de las libertades concretas del tradicionalismo corporativo se empieza a plasmar en un triple dimensión territorial, profesional e ideológica, que posteriormente será resumida en el lema Libertad Regional-Libertad Sindical-Libertad Política.

1966: Don Javier en su Llamamiento al pueblo carlista y a todos los españoles asume el magisterio del Concilio Vaticano II, que en su declaración Dignitatis Humanae había definido la libertad religiosa como consustancial a la dignidad de la persona humana. También plantea la entrada de los partidos políticos como representantes de la ciudadanía en unas Cortes tricamerales.

1968: En Montejurra Auxilio Goñi, procurador en Cortes por el Tercio Familiar en representación de Navarra, denuncia la falsedad de las promesas aperturistas del franquismo, reclamando la legislación de dos Leyes Fundamentales de Libertad Sindical y de Libertad Regional.

1970: Don Javier en su Declaración al I Congreso del Pueblo Carlista, celebrado en Arbonne (Iparralde), proclama la necesidad y la legitimidad de una “Revolución social” más allá del capitalismo liberal y del estatalismo soviético.

1972: El III Congreso del Pueblo Carlista, también celebrado en Arbonne, reivindica una Monarquía democrática, socialista y federal como actualización del histórico Pacto Dinastía-Pueblo.

1974: Don Carlos Hugo en su Mensaje al pueblo carlista congregado en Montejurra expone la formulación completa del Socialismo de Autogestión Global como meta revolucionaria del Partido Carlista.

1976: La Asamblea federal de dirigentes del Partido Carlista propone una alternativa concreta de ruptura democrática con la Monarquía heredera y continuadora de la dictadura franquista.

Anuncios