Plaza Nueva 14/06/2017

Naiz 20/06/2017

José Lázaro Ibáñez Compains

El 15 de junio se cumple el 40 aniversario de las publicitadas como “primeras elecciones democráticas” después de los 40 años de dictadura franquista.

Lejos de producir una alegría desbordante, la perspectiva de los años nos llena de reproches hacia los muñidores y beneficiarios directos de aquellos apaños: la derecha franquista UCD y AP, PSOE, PCE, PNV y CiU, hasta el punto de decir que no fueron unas elecciones democráticas ya que en ellas no pudieron participar todos los grupos políticos que sí habían luchado contra la dictadura franquista porque no fueron legalizados a tiempo, porque las organizaciones legalizadas incumplieron los acuerdos tomados según los cuales “o se legalizaba a todos,  o no se pasaba por la ventanilla”.

Por eso se puede decir que, en esas elecciones, la Democracia recibió su primer golpe (de Estado), por miedo a la libertad, y salió una democracia recortada, anterior al “tejerazo” del 23 de febrero de 1981, una democracia de baja calidad, algo evidente hoy en día, lo que nos lleva a pensar que las organizaciones legalizadas no cuestionaron los cimientos del régimen franquista, que se contentaron con las migajas ofrecidas por los poderes fácticos del momento, y que no respetaron los acuerdos tomados de supeditar la participación en esas elecciones al logro de las libertades democráticas para todas las organizaciones sociales, y que prefirieron la rigidez en la participación política del Pueblo a través de una Ley electoral sesgada y desequilibrada, prefirieron el centralismo al Federalismo, menospreciando la libertad, participación y cooperación democráticas entre diferentes; en definitiva, prefirieron la “reforma” a la “ruptura democrática” con el franquismo, se vendieron a los marcos alemanes y a la participación en la devolución del “patrimonio”  incautado por la dictadura, y del que también se beneficiaron los sindicatos UGT y CCOO con un ejército de “liberados” para contener las ansias de libertad, y participación en los asuntos públicos, de los trabajadores.

Estas organizaciones traicionaron las expectativas e ilusiones de un movimiento popular empeñado en superar las estructuras franquistas; la sociedad fue engañada y manipulada, y también reprimida a tiros en Vitoria, Montejurra, en la calle Atocha de Madrid, en los Sanfermines de 1978… sucesos trágicos que ayudaron a aplastar las ansias de cambio real, exigido por sectores importantes de la sociedad, y que no han sido ni suficientemente investigados ni explicados por ninguno de los gobiernos “democráticos”, aún.

¿Por qué se vendió la Libertad y Democracia de todo un Pueblo, y para qué?.

Al Partido Carlista, al igual que a otras organizaciones, se le cerró el paso a esa primera oportunidad electoral, no contó con apoyo económico ni del exterior ni del “Régimen”, ni se le ha devuelto nada del patrimonio que le fue incautado por la dictadura franquista, fue atacado en su fiesta de Montejurra en el 1976 y prohibido el acto al año siguiente, celebrado en Javier, también se le prohibieron mítines en Estella, Tolosa, Santesteban, Tafalla, Eibar, Villava… mientras otros partidos los hacían a lo largo y ancho del Estado, sin problemas.

Por todo eso, mientras Adolfo Suárez ratificaba en Nueva York el Pacto por los Derechos Humanos, el Partido Carlista ocupaba el palacio de la Diputación Foral de Navarra, reivindicando las libertades democráticas para todos en la práctica diaria, arrebatadas por la ceguera de la dictadura franquista, centralista y torturadora.

Más que de alegría desbordante, un aniversario para la reflexión y para reafirmarse en la convicción de que es mejor participar que dejarse manipular.

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