Ser estúpido está al alcance de cualquiera. Se trata simplemente de ser esclavo del propio ego y desde este prisma juzgar al mundo y a los demás. De ahí la seguridad absoluta en su propio criterio y el afán por imponerlo a los demás. ¿Quién no la sido en algún momento de su existencia y sigue siéndolo en alguna faceta de su vida?. De ahí la necesidad de estar vigilantes para no caer en tan peligroso error y de luchar para salir de él.

Lo malo es que abundan quienes viven enclaustrados en su estupidez y se consideran felices dentro de ella. Todos o la mayoría de sus pensamientos, deseos y acciones responden a esta característica. Lo más peligroso es que es contagiosa. Somos animales que imitan a sus congéneres. Y tendemos a aceptar como normales las conductas de quienes nos rodean. La sociedad actual, con sus sistemas educativos y medios de comunicación, no favorece el pensamiento crítico. Tiende a formar borregos que sólo encuentran la felicidad en formar parte del rebaño y en obedecer las consignas que les dan.

Además la estupidez tiende a llevarnos a la crueldad. Incapacita para comprender las emociones, sentimientos y aspiraciones de los demás. Sólo ve en ellos un trampolín o un obstáculo para las propias metas. O sea un medio para su fines egoístas. Cuando el estúpido triunfa y asciende en la escala social, aumenta tanto su arraigada estupidez como su capacidad de ser cruel, de infligir sufrimiento. La vida de la mayoría de los famosos, en cualquier ámbito de la vida es un ejemplo claro de vacuidad megalómana y de desprecio hacia los demás. En cambio, cuando los estúpidos parecen anodinos, su capacidad de ser crueles se vuelca sólo en sus seres más próximos. ¡Cuántas vidas amargadas se dan a nuestro alrededor por efecto de esa estupidez que sólo encuentra sentido aplastando a los débiles!.

La crueldad además es estúpida en sí. El placer sádico de torturar a la víctima es muestra de una perturbación psicológica, fruto muchas veces de una infancia carente de un amor nutricio. Y cuando se acomete con frío raciocinio para conseguir un resultado, puede resultar contraproducente, pues el odio y el rencor de quienes la sufren puede desembocar en venganzas que destruyan al poderoso. ¿Qué nos atrae más el amor o el temor?. ¿Quiénes inspiran más respeto, confianza y deseo de agradar, los que se relacionan con cariño o quiénes apelan al terror y a la amenaza para atraer voluntades?.

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