Buenos días, compañeros y compañeras amigos carlistas, un año más estamos hoy en el Montejurra, en este monte santo donde tenemos una cita todos los años con nuestra historia, con nuestro pasado, y con el recuerdo siempre presente y emocionado hacia quienes perdieron aquí su vida a lo largo de la historia, la última vez hace 41 años.

Estamos ante una fiesta tradicional, en la que tantos hombres y mujeres en definitiva el pueblo carlista nos han acompañado con su presencia, y aquí han estado siempre leales y fieles, al carlismo y al Partido Carlista. Gracias, a quiénes ayer, hoy y siempre habéis estado, estáis y estaréis. Porque vuestro compromiso es la garantía de que las ideas carlistas aún permanecen. A todos los carlistas de corazón que todavía seguís conservado los valores del viejo carlismo, gracias.

Hoy vivimos tiempos recios, en los que los valores de la nobleza, lealtad, honestidad y decencia no están precisamente de moda. Parecería casi una irresponsabilidad no implicarse ahora ante todo lo que está pasando. Porque la política es el espacio público desde el que se transforma la sociedad, desde el que se crea aquel mundo ideal que deseamos, y que queremos que sea posible. Estamos en un tiempo en el que es más necesario que nunca una regeneración, que abra nuevos caminos y horizontes hacia una profundización de la democracia. Y es en ese marco donde creo que son necesarios poner en valor los ideales del viejo carlismo, actualizados a nuestros días.

El carlismo jugó un papel histórico en los años de la transición que a día de hoy todavía no ha sido reconocido. Fue el carlismo el primero que hablo de la cuestión territorial, del modelo de Estado, para buscar la concordia y convivencia, para buscar el encaje de Euskadi y Cataluña en el Estado Español. Hoy muchos hablan de plurinacionalidad, del respeto a las realidades nacionales, y olvidan que fue el Partido Carlista quién desde el principio hablo del valor soberanista de lo foral.

Por eso no me resigno a pensar que el lugar en donde tiene que estar el carlismo sea simplemente un Museo. Parece que quizá estemos escribiendo las últimas páginas de nuestra historia, pero no la última. El carlismo, sus valores deben ser transmitidos, deben renacer en nuevos movimientos. Y es aquí donde me surgen las dudas, ¿que es lo que queremos que sea el carlismo!?, ¿un movimiento cultural, un movimiento de reivindicación dinástica?, es evidente que la realidad se impone a los deseos, y hoy el Partido Carlista es un proyecto político que no tiene actividad política. Hubo un tiempo ya lejano en el que incluso tuvo representación parlamentaria, fue en el entonces denominado Parlamento foral de Navarra en 1979, cuando Mariano Zufia obtuvo acta de diputado por la circunscripción de Estella.

Por eso quizá nos tendremos que preguntar quiénes somos donde estamos, y que queremos hacer. Os ánimo a seguir adelante, con un pensamiento crítico, con ideas propias, tratando de tener la capacidad de influir en nuestro entorno más cercano. Creo que todavía estamos a tiempo de unirnos, de sumar fuerza junto a otras fuerzas de cambio, manteniendo siempre nuestros principios, para transformar la sociedad en la que vivimos. Porque somos pocos, pero no somos poca cosa.

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