Suelo repetirlo. No sé si con los años o desde los inicios de mi vida consciente, me interesan mucho más las personas que las ideologías que dicen defender. ¿Y aquellas que dicen no tener ninguna, que se identifican como apolíticas o sin creencias de ninguna clase?. Dudo de esa supuesta laguna o vacío de ideas. Más bien, pienso que no las conocen o no desean reconocerlas ellas mismas ni que los demás las clasifiquen. Esa no-identidad, entraña -a mi juicio- una mentalidad conservadora, opuesta a cualquier cambio. El caso es que mi opción preferente por las personas, me lleva a apreciarlas en sí mismas. El resultado es que me encuentro con amigos en todo el arco político, ideológico, de creencias religiosas o no. Lo curioso es que no suelen ocupar los escalones superiores de sus opciones…

En una de las celebraciones pascuales recientes de las comunidades cristianas de mi ciudad, coincidí con una persona a la que admiro profundamente por su coherencia y honestidad. Al saludarnos, me dijo con esa exuberancia cordial que le caracteriza, amigos, hermanos, pero… compañeros, no. Como seguidores de Jesús somos hermanos, amigos, y compañeros también, añadí yo, en nuestra lucha por superar el sistema capitalista. Rápido me contestó, ¿para sustituirlo por uno bolchevique?. Desde luego que no, pero sí por un sistema humano fue mi contestación. Si no lo trae Dios, me dijo… Pero con su ayuda y con nuestros esfuerzos, ¿no crees?, le reargüí.

Intenté explicarme su negativa inicial a considerarme compañero. Es militante entusiasta del PSOE. Ciertamente, nunca he sido socialista y tengo serios reparos a la actuación de ese partido. Creo que la vía por conseguir un nuevo sistema no puede ser única, ni encorsetada en la disciplina de un partido.

La democracia española, a mi entender, necesita profundas reformas para responder a la realidad actual. Expondré las que considero necesarias para no seguir hundidos en esa desconfianza que ha creado un foso entre políticos y ciudadanos y la tentación de demagogias fáciles, generadoras de odios y xenofobias.

Indicaré algunas:

*Separación de poderes. Poder judicial independiente, despolitizando su cúpula; mantener la instrucción penal en manos de los jueces, salvo que se libere al ministerio fiscal de la disciplina jerárquica. Ejecutivo subordinado a las leyes y al control de la Cámara Legislativa. Supresión del Senado, por su inutilidad, salvo que se transforme en Cámara Territorial, reduciendo el número de sus componentes, con un número igual por Comunidad Autónoma.

*Supresión de las provincias y de las Diputaciones, en las Comunidades pluriprovinciales.

*Supresión de los aforamientos de los cargos públicos.

*Limitación de los mandatos públicos a dos legislaturas.

*Garantizar recursos públicos suficientes para sanidad, educación, ayudas a la dependencia, investigación.

*Reforma fiscal progresiva que conduzca a que los poseedores de rentas más altas paguen más. Persecución radical del fraude fiscal. Lucha contra los paraísos fiscales, tanto a nivel de nuestro Estado como de los países de nuestro entorno.

*Renta mínima para todos los ciudadanos.

*Apoyo jurídico y fiscal para el tercer sector de la economía, que no es público ni se guía por afán de lucro.

*Control social de los medios públicos de comunicación, para asegurar su independencia y pluralidad.

*Impuesto ecológico progresivo para industrias y demás actividades que son contaminantes.

*Libertad de expresión, con límites objetivos para sancionar sus excesos.

*Derogación de la supresión de la jurisdicción penal universal, para que los tribunales españoles pueden indagar y sancionar las delitos de lesa humanidad.

¿Sueños utópicos?. Reconozco que para implantar muchas de esas medidas hay que reformar la vigente Constitución. ¿No es tremendamente difícil que los beneficiarios del sistema se presten a ello?. ¿No se necesita una presión social que desde la base lo exija?. También difícil, pues muchos han optado por ser siervos, por no pensar críticamente, por no agruparse para ello. ¿Brotará una riada de personas libres y solidarias que, apostando por el diálogo, piense en el Bien Común, de los que hoy vivimos, de nuestros descendientes y de la Casa Común, y que sepan renunciar a las migajas del actual Estado del Malestar?.

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