Sabemos que hay ultras en todas las esferas de la vida humana, en todos los grupos sociales: deportivos, religiosos, políticos, étnicos, etc. Se distinguen por su apasionamiento fanático, su creencia ciega en su posesión exclusiva de la verdad, en su propensión a la violencia. Claro que debemos reconocer que en todos los grupos hay también personas moderadas, capaces de convivir y dialogar con quienes no comparten sus creencias, filiaciones y afinidades. Llegan incluso a ser capaces de autocrítica, de respetar las diferencias y aprender de ellas. Pero la pregunta que debemos formular siempre es: ¿estoy seguro de no ser ultra en algún aspecto de mi vida?. Porque el respeto civilizado no es algo en lo que normalmente hayamos sino educados, sino en la exaltación de lo propio, presentado como normal obligatorio y todo lo más a ser tolerantes y condescendientes con esas diferencias, propias de “seres inferiores”.

Hace pocos días me abordó un joven e inteligente periodista que trabaja en RNE. Preocupado por hacer mejor su trabajo, me consultó si desde el punto de vista del léxico era correcto el uso de la expresión “ultracatólicos”. No en balde se acusa en general a los periodistas (y a los políticos) de mal uso del idioma y de su perversa influencia en el habla de la gente. No sé por qué me considera a mí un experto de la materia. Quizá por mi incontinencia lectora y escritora; aunque la realidad es que no soy lingüista ni gramático. Aunque le recordé que es el pueblo quien creó el idioma y lo transforma, por influencia antaño de juglares y poetas, y hoy de los agentes difusores de la cultura en los medios de comunicación. Y luego viene la Academia a aceptar, oficializándolas, con más o menos acierto y a regañadientes, esas mutaciones del idioma.

La expresión ultracatólicos se está utilizando con mucha frecuencia últimamente con ocasión de un autobús de cierta organización extremista que interpreta con rigidez fanática y literal la doctrina de la jerarquía católica. Emplea como órgano de propaganda un autobús con unas frases, propias de un biologismo reduccionista, en el que señala la diferencia de genitales entre niños y niñas con el pseudo- axioma de que siempre serán niños y niñas.

Biologismo reduccionista porque reduce la sexualidad a los genitales y desconoce el carácter evolutivo de la formación del ser humano. Efectivamente, salvo alteraciones, se constituye un nuevo ser humano con la pareja de cromosomas XY o XX. Los XY desembocarán habitualmente en la formación de un varón. Con una característica, que marca una diferencia: el Y es más vago, dentro de la vida fetal permanece latente un tiempo, con lo que todos fuimos femeninos cierto tiempo. Sólo cuando se pone en marcha, empiezan a aparecer las diferencias. Que no se reducen sólo a las gónadas. El cerebro femenino resulta que es distinto, en el tamaño y forma de sus neuronas. Tiene más y más grandes neuronas-espejo que son las que nos permiten, captar las emociones de los demás, base de la empatía. Pero dada la plasticidad, fruto del aprendizaje, esta diferencia puede aumentarse o disminuirse. No debe olvidarse que además de biología, los seres humanos somos también cultura.

Cuando decimos que los varones tienen más capacidades en inteligencias abstracta, espacial y numérica, mientras que las mujeres descuellan en inteligencia emocional, verbal e interpersonal, solemos decir que la mayoría de los varones destacan en esas capacidades y la mayoría de las mujeres en esas otras. Pero no deja de haber excepciones, minorías de varones y mujeres, que están a la misma altura que sus compañeros del otro género. ¿No influye en esto tanto la raíz biológica como el aprendizaje diferenciado que se les da en esta sociedad en que hemos nacido?. ¿Quién decretó que sólo las mujeres pueden dedicarse a la crianza de los hijos -sólo son privativos suyos, la gestación, el parir y el amamantar- y a las faenas caseras, al cuidado de los miembros de débiles de la familia y que sólo los varones están capacitados para el trabajo fuera y los puestos de mando en la sociedad?. ¿Quiénes dijeron que las mujeres no pueden ser agresivas y que a los varones les está vedado el llorar, la ternura?.

Existe en el sexo biológico y el género que es un constructo social. Quienes consideran la ideología de género como un peligro gravísimo para la familia y la sociedad, lo que hace es defender la ideología patriarcal y machista. Claro que en el otro extremo, están los ultras que pretenden ignorar el papel de lo biológico en la formación de la identidad sexual, como si ésta fuera mutable a voluntad, aunque los papeles sociales estén condicionados espacial e históricamente.

Pero no podemos olvidar otra realidad lacerante para quienes la padecen: aquellas personas que se sienten de género distinto al que sus gónadas aparentes u ocultas les marcan. Con frecuencia, son objeto de vejaciones y maltrato, puede que hasta en su misma familia, y en la sociedad. Merecen el mismo respeto y consideración, que cualquier otra persona. Ignorar esa realidad con eslóganes burdos, ¿no puede incitar al odio hacia ellas?.

La verdad auténtica es que los seres humanos, cualesquiera que fueran nuestra identidad y orientación sexual, religión, creencias, etnia y demás circunstancias sociales, somos personas, dotadas de una dignidad inviolable. Y que nuestra personalidad, desde el primer instante de nuestra existencia, está en desarrollo, fruto de nuestros encuentros con otros tús y de nuestras relaciones positivas o negativas con ellos. ¿no debiéramos tenerlo mucho más claro quienes nos decimos seguidores de Jesús de Nazaret?.

El periodista amigo acabó preguntándome por qué no hablamos de ultra-cristianos. Quizá porque fue a la jerarquía católica a quien le costó llegar hasta el Concilio Vaticano para descubrir el valor de la libertad religiosa como Derecho Fundamental de la persona que fue el primero descubierto históricamente en esta vieja Europa. Pero pienso que también hay ultras en otras confesiones cristianas.¿No lo son esos evangélicos que en Colombia apoyaron la campaña de Uribe contra el referéndum para no aprobar el acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas que combatieron al gobierno durante décadas?. ¡Y no lo hicieron por defensa de las víctimas inocentes, sino porque uno de los puntos de ese acuerdo hablaba de igualdad de hombres y mujeres en términos que ellos consideraban como ideología de género!.

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