En este sugerente ensayo sobre la olvidada España rural, eterna marginada en los proyectos socio-políticos del Estado liberal, articulados exclusivamente desde y para las grandes ciudades, su autor, Sergio del Molino (Madrid, 1979), aborda el caso histórico del carlismo como expresión de un mundo campesino en rebeldía ante su destrucción sistemática. En ese sentido realizó las siguientes reflexiones con motivo de una entrevista con el diario madrileño ABC («La España vacía está en las casas de la España llena») el 7 de mayo del pasado 2016:

¿Entienden que es complicado en los pueblos de siete personas?

Lo entienden y no lo entienden, porque ellos entienden que son ciudadanos en un Estado que garantiza la igualdad, por lo que el hecho de vivir en un lugar retirado no debería de privarles de los derechos que disfrutan el resto de los ciudadanos. Sienten que están marginados, orillados. Y es un sentimiento secular, que se ha ido trasladando de generación en generación. Y que en ocasiones ha tenido manifestaciones políticas muy violentas como el carlismo. El carlismo lo que consiguió es darles orgullo, un sentimiento de dignidad, de utilidad, y de identidad que no les daba el Estado. El carlismo les dijo que su forma de hablar, de vida, su folclore, su catolicismo, tenía algún sentido, eran dignos. Aunque su propósito era cambiar la estructura de Gobierno de una manera absolutista. No consiguen eso, pero sí establecerse en el campo.

Tuvieron un gran don de la oportunidad.

Totalmente. Propugnaban un estado absolutista no centralizado. El carlismo abogaba por una especie de Estado confederal con un Rey muy poderoso y sin democracia ninguna. Aunque luego sí que aceptan la democracia, pero no un estado centralista. Ellos apoyaban los fueros y la cultura y costumbres locales. Pero no logran sus objetivos políticos, y hay un grupo de gente que desarrolla el discurso carlista, lo lleva a un extremo y lo transforma en nacionalismo. Si el carlismo hubiera triunfado no habrían surgido los nacionalismos. De ahí surge, mucho tiempo después, ETA y, en síntesis, los dos grandes nacionalismos. Además es que cronológicamente se ve. Unos años más tarde del último alzamiento de 1890, en el 92 y 95, surgen las bases de Manresa en Cataluña y se funda el PNV en Euskadi. Hay una consecuencia directa, hay un trasvase de dirigentes y militantes. Muchos nacionalistas han sido carlistas al principio.

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