Naiz

07/03/2017

Manel Moliner

Se está produciendo en Navarra un debate en torno al carlismo y a la memoria histórica por parte de historiadores, entidades, ciudadanos, políticos, polemistas, etc.

A mi modo de ver, el meollo de la cuestión está en que unos acusan al carlismo, con múltiples argumentos, de ser un movimiento criminal, y otros se dedican a defenderse o defenderlo de esa acusación.

Todos los participantes en la polémica son parte interesada; son juez y parte. Yo también, pues nadie está exento de prejuicios.

A lo largo de la historia un sector de los defensores de cualquier ideología, formación política, nación, filosofía, etc. han cometido crímenes, desde los primeros pueblos primitivos, hasta los defensores de los más modernos y progresistas sistemas de organización política, aunque todos han tenido sus luces y sus sombras. Sin embargo todos han tratado de ocultar sus crímenes con mayor o menor eficacia.

En la polémica antedicha sobre el carlismo y la memoria histórica, la cuestión parece centrarse, para simplificar, en los crímenes cometidos durante la guerra civil en la que el carlismo se levantó contra el republicanismo representado en aquellos momentos por el Frente Popular.

El argumento principal contra el carlismo durante esa guerra, es que se sublevó contra una república democrática homologada, participando en la eliminación de sus oponentes. Sin embargo yo me pregunto y pregunto a los lectores: ¿Quién empezó a combatir a esa república democrática homologada? ¿Era verdaderamente democrática esa república? ¿Quién tiene la patente de democracia? ¿Acaso el calificativo de demócrata hace puro a un régimen político?

El pensamiento progresista de España tiene la tendencia a magnificar la república como paradigma de pureza democrática y de liberación de las clases populares. Sin embargo el régimen republicano en España fue combatido, con más o menos saña, por un amplio espectro, desde liberales y demócratas de derechas hasta comunistas, libertarios y sindicalistas de izquierdistas. Más aún, muchos pueblos rurales se levantaron espontáneamente, sin conexión con cualquier organización política ysindical, contra las arbitrariedades del gobierno republicano de turno.

Antes del levantamiento de julio de 1936, ninguna de las rebeliones había conseguido triunfar. Pero la de ese año tampoco lo hizo de forma aplastante e inmediata. España quedó dividida en dos y el ejército también, aunque el gobierno logró controlar lo más valioso y necesario para una guerra. Sin embargo, Hitler y Mussolini apoyaron a los sublevados, mientras Stalin lo hacía al gobierno de Madrid. Ninguno de los que les dieron soporte en ambos bandos eran regímenes democráticos homologados.

Iniciada la guerra, se produjeron represalias en ambos bandos, y muchos ciudadanos, inocentes o culpables, fueron detenidos, torturados, fusilados o desaparecidos, o todas las cosas a la vez. La mayor parte de los asesinados en ambos bandos eran lo suficientemente inocentes como para haberse tenido que respetar sus vidas, sin embargo fueron considerados culpables; unos porque se les consideró cómplices de la rebelión, otros por su vinculación religiosa, otros por burgueses, a otros se les consideró cómplices de promover una revolución comunista, etc. No faltaron los casos de asesinados por rencillas personales o por motivos de venganza causada por bombardeos del enemigo o matanzas, aireadas o conocidas, provocadas por sus enemigos en el bando contrario.

Es curioso observar cómo hay colectivos, vinculados de alguna manera al republicanismo del siglo pasado, que se empeñan en cargar las tintas sólo contra otro de los muchos colectivos que, como se ha dicho, combatieron, aunque sin éxito, a la república. Y cómo parece que vean crímenes sólo en una de las partes.

No les falta razón a los que consideran que el Museo del Carlismo de Lizarra, al igual que otro tipo de monumentos, no debería estar a cargo de los poderes públicos, pero ¿por qué han de estarlo otros monumentos dedicados a defensores de la república en particular o de la democracia homologada, en general? Si se ha de mantener cualquier tipo de recuerdo histórico, debería hacerse con la verdad completa de los hechos, pero con toda la verdad y la verdad de todos.

En cualquier caso tampoco hay que ser inocentes. El carlismo ha sido un gran perdedor y ya se sabe que hay gente a la que le gusta hacer leña del árbol caído. Al carlismo, como uno de esos grandes perdedores, le queda poco margen para manifestarse. Porque no olvidemos que la mayor parte de la obra de lo que se hace en el presente se construye desde el paradigma de los vencedores de la historia.

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