Naiz

02/03/2017

Jesús María Aragón Samanes

Víctor Moreno, en un escrito del 17 de febrero pasado, como si fuese portavoz del Ateneo Basilio Lacort, decía que los carlistas teníamos que estarle agradecidos al tal Ateneo porque «gracias a él, Navarra, y parte del mundo exterior, se han enterado de que aún hay aborígenes carlistas vivos y coleando en esta tierra». Y ahora voy yo y me lo creo, ¡ya ves tú!. El colmo no, lo siguiente. Aún estoy por leerle un comentario, no ya elogioso, sino ni siquiera mínimamente equilibrado, en torno al Carlismo. Como resumen de lo que él entiende por Carlismo vuelve a escribir la misma frase que, en su día, ya se le dijo que era algo anecdótico, por definición, o sea que no es definitorio de nada, y menos aún del Carlismo. Si acaso, le define a él y a lo certero de su análisis de un fenómeno como el Carlismo, así como de la profundidad de su conocimiento y comprensión; por eso me atrevo a remedar a un gran hombre y escritor y decir con él, «desprecia lo que ignora», así como a un antepasado de Corinna que dejó bien escrito: «de lo que no se sabe, mejor es callarse». Tal vez por eso insulta («imbécil») en una demostración palmaria de falta de argumentos, más o menos sólidos, pero argumentos, ¡al menos!, con lo cual nos ahorra a otros la tentación de calificarle a él, ya que él solico se retrata. A unos adolescentes se les podrá manipular, adoctrinar, intimidar incluso, pero al Carlismo, un sujeto político con 184 años de cultura política, no.

Entre portavoz y voceras hay alguna diferencia; grande.

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