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Cuarto Poder

14/02/2017

Manuel Martorell

La comunidad foral de Navarra está inmersa, desde hace varios meses, en un agrio debate sobre el futuro del llamado Monumento a los Caídos, una basílica de aires imperiales, estilo próximo al clasicismo y coronada por una gigantesca cúpula que la Diputación franquista levantó en 1942, como homenaje a “los muertos en la Cruzada”.

Salvando las diferencias, la polémica es similar a la que, en su momento, provocó el Valle de los Caídos, principal símbolo franquista de la Guerra Civil, sobre el que una comisión de expertos dictaminó el año 2011 su mantenimiento, modificando su significación política y trasladando los restos del dictador al lugar que la familia de Franco decidiera.

En el caso navarro, también existía una cripta con los cuerpos de dos generales golpistas, Emilio Mola y José Sanjurjo, cuyos restos fueron trasladados durante un solemne y multitudinario desfile desde la Catedral del Pamplona al Monumento de los Caídos en julio de 1961, junto a seis combatientes “nacionales” que representaban a cada una de las merindades (tradicional división administrativa) navarras: Pamplona, Tudela, Estella, Tafalla y Aoiz, en este último caso dos hermanos.

La basílica, una vez desacralizada, fue donada por el Arzobispado al Ayuntamiento de Pamplona en 1997 a condición de que se respetara el valor religioso de la cripta y se diera al edificio un uso cultural. El actual consistorio, dirigido por Joseba Asirón (Bildu), llevó a cabo el pasado mes de noviembre la exhumación de todos los cuerpos y abrió un debate sobre el destino final de la basílica, ya que parte del cuatripartito que lo apoya –Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra (IU), además de Bildu– apuesta por derribarlo.

Sin embargo, esta drástica solución se topa con serias dificultades legales, comenzando por el propio convenio legal de cesión entre el Ayuntamiento y el Arzobispado. Igualmente resulta un obstáculo su catalogación municipal como bien protegido, los frescos del muralista Ramón Stolzy su ubicación urbanística como remate final del amplio bulervar peatonal que, partiendo desde la plaza de Castillo, en el Casco Viejo, atraviesa el centro de la ciudad de lado a lado.

De hecho, cuando los arquitectos navarros Víctor Eusa y José Yarnoz diseñaron el edificio, lo integraron en otra gran plaza que “cerraba” la trama urbana cuando el Ensanche llega al límite de la meseta sobre la que Pompeyo fundó la ciudad el año 74 a. C. Asímismo, dificulta su demolición el hecho de que la basílica forme un conjunto arquitectónico con una iglesia y unas instalaciones parroquiales que la flanquean.

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Entre las iniciativas para decidir su futuro, a finales de enero, el colectivo ZER organizó unas jornadas de reflexión, presentando propuestas que iban del derribo a su conversión en memorial antifascista. Por su parte, varios conocidos arquitectos e historiadores navarros han solicitado formalmente su conversión en el Museo de Historia del que la ciudad carece.

Servida la polémica, el debate se ha cruzado con otra aún más agria sobre la participación del carlismo, movimiento de gran influencia en Navarra hasta mediados del pasado siglo, en la Guerra Civil, hasta el punto de que Izquierda-Ezkerra ha presentado en el Parlamento Foral una iniciativa para cambiar, en este sentido, el discurso histórico del Museo del Carlismo, organismo ubicado en Estella e integrado en la red de museos del Gobierno Foral.

Para convocar las jornadas del colectivo ZER, los organizadores difundieron un vídeo con imágenes extraídas de Cifesa y el Nodo, superponiendo y mezclando sin orden cronológico tomas del homenaje a las Brigadas Navarras, en noviembre de 1937, con otras sobre la construcción del cuestionado monumento, la visita de Franco a Pamplona, en 1952, y el traslado de los cuerpos de Sanjurjo y Mola.

El resultado final del montaje audiovisual lleva a una identificación del carlismo con el franquismo, tal y como hacían esas dos productoras cinematográficas, verdaderas maquinarias de propaganda franquista, dejando de lado los cambios que, durante esos años, mostraba el movimiento legitimista  frente a la dictadura.

Por ejemplo, el vídeo olvida que al mes siguiente del homenaje a las Brigadas Navarra, el principal líder carlista, Javier de Borbón-Parma, era expulsado de España por orden expresa de Franco debido a su oposición al régimen fascista o que, cuando comienza la construcción del Monumento, se producen los más graves choques con el régimen: más de 100 heridos en el atentado de Begoña (1942) y enfrentamiento a tiros y cierre del Círculo de Pamplona, en diciembre de 1945.

Igualmente pasa por alto, intencionadamente o por desconocimiento, el boicot a la visita de Franco. en 1952. o la estruendosa pitada contra las autoridades durante el citado traslado de los restos de Mola y Sanjurjo, de julio de 1961, en protesta, precisamente, por el trato que el carlismo recibía del régimen.

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