El pasado 20 de enero, el periodista e historiador Manuel Martorell inició un ciclo de conferencias en el Museo del Carlismo en torno a la exposición temporal “Montejurra. La Montaña Sagrada” que se prolongará hasta comienzos de mayo y en el que participarán los también historiadores Iosu Chueca y Javier Caspístegui, el antropólogo británico Jeremy MacClancy, y Ramón Massó, especialista en marketing político y uno de los dirigentes de la AET en los años 50 y 60.

En su intervención, Manuel Martorell presentó su trabajo sobre “la evolución del carlismo a través de la revista Montejurra”, poniéndola como ejemplo de la importancia que en el carlismo han tenido siempre las actividades de carácter autónomo dentro de la militancia de base. En concreto Montejurra comenzaría en 1960 como un boletín clandestino de la Juventud Carlista de Navarra, pero en pocos meses alcanzaría difusión nacional para convertirse, finalmente, como revista legal, en portavoz oficioso del Partido Carlista, hasta que el Gobierno franquista decidió clausurarla en 1971 debido a su posiciones contra la dictadura.

En primer lugar, Martorell contextualizó el surgimiento de la publicación en el denominado “periodo colaboracionista”, diferenciando entre quienes buscaban realmente una colaboración con el régimen dirigidos por José María Valiente, quienes lo hacían de forma pragmática reconociendo una pequeña apertura en el sistema franquista, y quienes sencillamente aprovecharon estas circunstancias para reorganizar el carlismo poniendo en marcha numerosas iniciativas, entre ellas la propia revista o la reapertura del Círculo Carlista de Pamplona, cerrado tras los incidentes de 1945.

Gracias a esta tolerancia, el boletín no tardó en alcanzar difusión nacional, llegando a tener tiradas medias de 10.000 ejemplares al mes y 25.000 en los números extraordinarios. La revista no solo sirvió para difundir los nuevos mensajes políticos del carlismo sino también para reforzar y ampliar su reorganización, ya que se creó una amplia red de delegados y corresponsales que se encargaban de repartir, vender o conseguir suscripciones. El éxito de la publicación llevó a los dirigentes del carlismo a convertirla en una revista de información general, con portadas a color, a semejanza de otras publicaciones de la época, como La Actualidad Española. De esta forma, el periódico “tolerado” paso a ser una revista de difusión legal bajo la dirección del arquitecto pamplonés Eugenio Arraiza, que, tras su muerte en 1968, sería reemplazado por sus hijos Juan Pedro y José Fermín, y por los entonces destacados dirigentes juveniles Francisco Javier Asín y Fernando García Romanillos.

Tal y como comentó Martorell, tanto a través de las portadas como de los contenidos, se puede apreciar la progresiva evolución ideológica del carlismo, siendo durante los dos periodos la celebración del Concilio Vaticano II un acontecimiento que permitió a los sectores más avanzados del carlismo reforzar la línea evolutiva en base a la modernización religiosa, política y cultural que supuso este concilio. Otro de los temas que mayor espacio ocupa en ambos periodos es el del legitimismo dinástico, en tanto que el carlismo también aprovechó sus páginas para plantear abiertamente una alternativa al régimen de Franco a través de la Familia Borbón-Parma, como se aprecia en los números especiales dedicados a buscar una “solución para España”, eufemismo utilizado en sucesivas portadas para plantear una alternativa al régimen de Franco.

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