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Diario de Noticias (Navarra)

21/12/2016

Josep Miralles

Leo en la edición digital de su diario de fecha 9-12-2016 una noticia referente a un comunicado de Izquierda-Ezquerra sobre el Museo del Carlismo de Estella y su Consejo Asesor, en la que aquélla organización da por hecho cuestiones que, desde el punto de vista histórico son muy discutibles, pues como muy bien dicen ellos mismos, hace falta “información veraz, extensa y rigurosa”. Como historiador, especialista en carlismo, voy a intentar contribuir a dicha “información”. 

En primer lugar no se puede cuestionar el carácter popular del carlismo; lo corrobora la Historia y, de manera explícita o implícita, la mayor parte de los historiadores desde marxistas, como Aróstegui o Fontana, hasta liberales, como Pirala o Blinkhorn, u otros menos politizados como Canal o Caspistegui. Otro historiador navarro, Manuel Martorell, en su libro Jesús Monzón, el líder comunista olvidado por la Historia, documenta que el Partido Comunista de Navarra -que dirigía Jesús Monzón-, hizo, en la inmediata posguerra, un llamamiento de Unión Nacional contra Franco y la Falange, en los que pretendía incluir al carlismo precisamente por su carácter popular y antifranquista.

Se dice en el comunicado de Izquierda-Ezquerra que el carlismo en 1936 fue “el principal responsable de la matanza de cientos de navarros y navarras” y se vuelve a insistir sobre la “participación de los Carlistas en los fusilamientos, en la represión de las mujeres, en el robo de tierras, en la humillación” además de que el “Carlismo casa mal con la realidad, con la memoria de las víctimas y con los objetivos y el espíritu de la Ley Foral de Memoria Histórica”.

Efectivamente, hubo carlistas que participaron en fusilamientos. Pero, tal como nos documenta el mencionado historiador Manuel Martorell en su tesis doctoral, la mayor parte de los cartistas (requetés) estaba en los frentes de batalla, por lo que los fusileros fueron gentes de retaguardia vinculados a una parte de la Junta Carlista de Guerra de Navarra formada por orden del general Mola que estaba enfrentada -aunque no todos sus miembros- a la mayoritaria Junta Carlista que dirigían D. Javier de Borbón Parma y Manuel Fal Conde, opuestos al franquismo y al nazismo. Los partidarios de Mola en la antedicha Junta de Navarra fueron precisamente los que después apoyaron a Franco y su unificación en el partido único de FET y de las JONS. Sin embargo, alguno de sus miembros, vinculados a D. Javier, como lo fue el Jefe Regional de Navarra, Joaquín Baleztena, emitió un comunicado en El Pensamiento Navarro, el 25 de julio de 1936, en la que se decía que “ningún movilizado voluntario ni afiliado a nuestra inmortal Comunión debe ejercer actos de violencia, así como evitar se cometan en su presencia”.

Respecto al Museo se critica que se permita que formen parte de su Consejo “organizaciones y personas que justifican el golpe de estado”, y proponen que formen parte de ese órgano las víctimas del Carlismo.

Vayamos por partes:

En Navarra lo que se produjo en 1936, más que un golpe de Estado, fue un movimiento popular –carácter que se lo dio el carlismo con más de 30.000 voluntarios requetés (10 % de la población navarra- contra la República. Paradójicamente los carlistas se aliaron en esta ocasión con sus enemigos seculares, es decir, el Ejército regular que, por cierto, eran más republicanos que otra cosa. (Mola era republicano, como Cabanellas, Queipo de Llano, etc. etc.)

Los que califican la guerra como “Cruzada” son actualmente la Comunión Tradicionalista Carlista, no el Partido Carlista-EKA, pues hoy el carlismo, tal como ya se ha dicho, también está dividido como lo estuvo durante la Guerra Civil.

Izquierda-Ezquerra pretende que formen parte del Consejo del Museo las víctimas del Carlismo, lo cual no tiene mucho sentido porque se trata de un museo de casi 200 años de historia carlista -con sus luces y sus sombras-, no de otra cosa. Además la larga historia del carlismo no puede quedar reducida a los años treinta del siglo pasado y, por otra parte, no tiene ningún sentido que formen parte sus víctimas de 1936, pues en todo caso serían los hijos o nietos. ¿Y por qué no los descendientes de las víctimas del siglo XIX? ¿Y por qué no los de las víctimas de los liberales del mismo siglo? Hágase, si se cree conveniente, un museo de la represión en general, pero de toda.

Y hablando de víctimas y victimarios, conviene recordar que si los carlistas fueron victimarios en Navarra, en otros lugares de Euskal Herria y de las Españas, fueron víctimas de los “republicanos” e izquierdistas de aquellos años, con una gran matanza de carlistas. Claro que el argumento principal para justificar dichas matanzas es que los carlistas conspiraron contra una República democrática. Pues bien, conviene recordar que mucho antes que los carlistas, los que se opusieron a la República fueron los anarquistas y los comunistas por considerarla burguesa. Y es cierto que era burguesa y liberal-capitalista, razón por lo cual se enfrentaron a ella anarquistas, comunistas y sindicalistas, pero además -y sobre todo-, las clases más desfavorecidas, especialmente del campo, que en muchos casos sufrieron una dura represión por parte de la Guardia de Asalto, la Guardia Civil, y los militares, todos ellos al servicio de la República, mientras algunas organizaciones de izquierda –también al servicio de la República-, trataban de neutralizar esos levantamientos populares, los silenciaban o minimizaban como hacía la censura o autocensura de la prensa republicana, tanto durante el bienio socialista-azañista, como durante el gobierno radical-cedista o el periodo del Frente Popular: Casas Viejas, Castilblanco, Yeste, Yecla, Arnedo, Viana, Cirauqui, Valtierra, Pasaia, etc, etc. Por no citar el caso de la represión de la revolución de octubre de 1934. Pero, además, en los años de la República tampoco faltaron carlistas navarros en vanguardia de las luchas por la recuperación del comunal y la restitución de las corralizas, igual que los hubo en la defensa del euskera, tal como explica José María Jimeno Jurío quien añade que, mientras tanto, el PSOE y la izquierda exigía la generalización autoritaria del castellano. 

Como historiador, miembro de un grupo de Memoria Histórica y otro de investigación oral de la UJI, así como represaliado en carne propia por el franquismo, creo sinceramente que las víctimas de la época franquista –pero también de la República y la Guerra Civil, en ambos bandos- merecen todo el respeto y consideración. Creo que es necesario rescatar todos los cadáveres de asesinados y desaparecidos, a cargo del Estado. Pero no concibo que se tenga que reavivar un nuevo enfrentamiento ni un nuevo juicio contra los victimarios en todas las Españas, porque, de ser así –y dado que los juicios del franquismo han de ser tenidos por ilegales y nulos-, habría que juzgar a todos los que de uno y otro lado cometieron asesinatos o los permitieron, fuesen personas, grupos, o gobiernos.

Finalmente conviene recordar que pocos en la izquierda cuestionaron al carlismo seguidor de D. Javier y Carlos Hugo, durante los años de oposición al régimen franquista, ni en Navarra ni en el resto del Estado. Tampoco la izquierda del PSOE lo cuestionó cuando en las Españas se formó Izquierda Unida de la que fue fundadora el Partido Carlista. ¿A qué viene ahora resucitar enfrentamientos de un pasado ya tan lejano? ¿Habrá que echarse en cara, hoy, en qué bando -no de ayer, sino de anteayer-, se cometieron más crímenes? Dedíquense los políticos a resolver temas de actualidad que los hay de mucha importancia, y dejen a los historiadores que analicen con el menor apasionamiento posible las cuestiones del pasado; este es el sentido de la necesidad de descalificar los documentos referentes a los crímenes de Montejurra 76.

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