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El jueves 1 de diciembre fue presentada, en el Centre Cultural Llibreria Blanquerna de Madrid, la novela Piano a cuatro manos, la cual está ambientada en el exilio londinense de Ramón Cabrera. En el acto intervinieron Doña María Teresa de Borbón Parma, la periodista Conxa Rodríguez Vives, autora de la obra, y el politólogo Manuel Milián Mestre. La mesa fue presentada por Ferran Mascarell, fundador de la revista de historia L’Avenç, y actual delegado del gobierno de la Generalitat de Catalunya en Madrid

A continuación reproducimos la intervención de Doña María Teresa:

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El género de la novela histórica trasciende los propios hechos históricos, porque alienta la imaginación y enriquece la psicología de los personajes. El trabajo de Conxa Rodríguez es buena prueba de ello porque participa de la investigación y de la propia intuición de la autora.

Siempre me ha interesado la figura de Cabrera, he intentado comprender los motivos de su trayectoria. Hasta he tenido la impresión de haber hablado y discutido con él.

La autora, tras una larga investigación para desvelar los secretos de Cabrera, los relata en primera persona. Narra a su hija Ada sus experiencias.

El titulo de la novela, “Piano a cuatro manos”, nos introduce en cuatro aspectos de la experiencia vital de Ramón Cabrera. En primer lugar nos retrata al guerrillero. Sus andanzas bélicas, sus recuerdos, la memoria de sus compañeros. El amor por su tierra, por Catalunya y las comarcas limítrofes del Maestrazgo, la fidelidad a su lengua materna, el catalán.

Hay un segundo Cabrera, el intelectual orgánico. Es un hombre que lee, se informa, se formula interrogantes. Y surge la crítica a la situación española. Escribe. “España se devora a si misma”. Comenta de un compañero: “Le matan por dar un aviso, porque abrimos la boca para algo más que comer y rezar”.

Podemos contemplar a un tercer Cabrera: cuando le proponen ser el jefe político del Carlismo, después de haber sido el jefe militar. En su exilio siente admiración por Inglaterra. Pero señala y denuncia que hay mucha hipocresía en la sociedad victoriana. Su sistema, aunque democrático, se sustenta en la miseria del pueblo y en las duras condiciones de vida en las colonias, y en la opulencia de la clase dirigente y la metrópoli.

La cuarta faceta sería la del profeta desnortado. Cabrera se irrita cuando se propone para España, para las Españas, una democracia a la inglesa. Él no la desea para España. El desearía algo más apegado al suelo español, un concepto de democracia más auténtica. Pero Cabrera, en su época, no encontró los instrumentos y conceptos políticos que le ayudaran a formular su concreción de la democracia en España.

Conxa Rodríguez en las páginas de su novela, y aunque se trate de una ficción literaria, presenta a un Cabrera muy crítico con los reyes carlistas. Pero esta crítica es en gran parte injusta, en especial con Carlos VII. Nuestro mítico rey es un hombre político. Tiene un concepto foral de las Españas: reconoció los fueros de Cataluña, creo un embrión de Estado federal en los territorios bajo soberanía carlista. Alentó y apoyó la participación carlista en el proyecto de Solidaritat Catalana.

No había futuro en el reconocimiento de Alfonso XII. El sacrificio redentor fue inútil. Otro militar carlista, Gasmundi, le dice que ha deshonrado a su patria. Este reconocimiento es el misterio de Cabrera, su abandono de la utopía.

En la novela aparecen las dos originalidades del Carlismo: la monárquica y la social. Para nosotros la más importante era, es, la social. Y es la fusión de estas dos identidades la que produce un caudal de afecto y fidelidad que explica la fascinación que ejerció y sigue ejerciendo el Carlismo.

En los tiempos del tardofranquismo esa fascinación tuvo un sentido positivo: la lucha por la democracia. En esta lucha por las libertades se conservó la tradición propia elaborando un proyecto político ideado en común con una visión federalista.

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