Días de niebla persistente en la ribera del Ebro. Escupe sin parar y el suelo está mojado constantemente. Lo peor, como decía una amiga, es tener esa niebla dentro del corazón que opaca la mente y deja el ánimo abatido de desesperanza. ¿Dónde encontrar una Luz que nos haga vislumbrar el camino y nos ayude a no tropezar?. Porque hay quienes se han resignado a las tinieblas y andan vacilantes entre las sombras, aceptando la vida como un sinsentido amargo del que sólo les librará la muerte que parecen desear.

Hay también quienes no niegan la niebla, como parte de la complejidad de la existencia, pero insisten en amar la vida y tratar de encontrar un faro que les guíe. En esa búsqueda, no solitaria sino compartida, están las personas que han elegido como guía a aquel Maestro, Jesús, el nazareno.

¿Y quién fue aquel Maestro que nació y fue crucificado hace más de dos mil años?. Era un judío piadoso que pasó la vida haciendo el bien, curando, enfrentándose a los poderosos, religiosos y políticos, que oprimían al pueblo, por lo que acabó asesinado. Se sabía heredero de una larga tradición de profetas que recordaron la Alianza del Señor con su pueblo, se enfrentaron a la injusticia y proclamaron la esperanza de un futuro donde el lobo y el cordero pacerían juntos y las espadas se convertirían en arados. Jesús, sólo con  su Palabra y su Vida, no dudó en predicar el Reino de su Abbá donde los últimos serían los primeros y todos estamos invitados al banquete futuro.

Por eso, para ser realmente seguidor de aquel Jesús, hay que reconocer nuestra herencia judía. Los israelitas son nuestros hermanos mayores. La fe de Abraham, de Jacob, de los profetas, en el Dios Único, es la nuestra. Por eso, no podemos olvidar la triste historia vergonzante de habernos apartado de ellos. De haberlos encerrados en juderías, de los asaltos sanguinarios a las mismas, de aquellas oraciones blasfemas contra los pérfidos judíos, caldo de cultivo de un antisemitismo común a todos los países europeos. O la expulsión decretada por los Reyes Católicos contra los los mismos, con pérdida de sus bienes, si no se convertían. O las persecuciones y hogueras de la Inquisición contra los sospechosos de practicar la religión mosaica en secreto. De aquel antisemitismo generalizado surgió, transmutado en la ideología pagana nazi, el genocidio del régimen hitleriano, para mantener la pureza racial aria y asegurar su supremacía.

6 millones de judíos fueron exterminados, hacinados en campos de concentración, torturados. Recorrer alguno de eso campos de exterminio y que te vaya contando los horrores que allí vivió, un sefardí, superviviente del mismo, te deja en el corazón, en la mente y en las entrañas, una huella indeleble de espanto y pesar. Los años han pasado. Y en esta Europa de nuestros pecados, resurgen ideologías, ebrias de antisemitismo, que niegan o pretenden minimizar aquel horror y hasta intentan justificarlo.

Supervivientes o descendientes de los mismos, fueron a la tierra de sus mayores, el Israel añorado. La codicia y la estupidez de los potencias occidentales, propiciaron la creación de un Estado judío y otros árabes artificiales, fueron origen de conflictos repetidos hasta nuestros días. El sionismo, patología contaminada de la ideología nazi que les había casi exterminado, aplicó las mismas tácticas con los palestinos que ellos habían antes sufrido en sus carnes. Y los odios cainitas siguen sembrando de sangre y miedo las calles y campos de la vieja Palestina.

¿Hasta cuándo?. El camino, tortuoso y difícil, de una paz con desarme de los corazones, no vendrá de los despachos oficiales. Está circulando por las redes sociales, un video con una canción Prayer of Mother, entonada por una cantante israelí, Yael Deckembaum y coreada por mujeres judías, musulmanas y cristianas. Seguida de una marcha en que mujeres valientes, madres que han perdido a hijos, esposos, parientes, de las tres religiones marchan juntas, reclamando jubilosas la paz verdadera.

Las religiones pueden ser fuente de explotación o de liberación. El Mensaje del judío Jesús, ¿no es una llamada a la esperanza, a amar al enemigo, al perdón recíproco y liberador?. ¿No es esta, una Luz que puede iluminar las nieblas del Oriente Medio y de todo el planeta?.

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