CalleMayor2

Josep Miralles Climent

(Miembro del Grup de Recerca de la Memòria Històrica de Castelló, del Seminari d’Història Local i Fonts Orals de la Universitat Jaume I y del Centre Valencià d’Estudis Carlistes)

1.- Resumen

Seis meses después de la muerte del dictador, Francisco Franco, y del inicio de la monarquía impuesta por él, el 9 de mayo de 1976, en el tradicional acto carlista de Montejurra, claro referente de oposición a la dictadura, se produjo una agresión contra los carlistas allí reunidos. Hubo dos muertos y gran cantidad de heridos, todos ellos del lado del Partido Carlista que era el organizador de los actos a través de la legal Hermandad Penitencial de Vía Crucis de Montejurra.

Los agresores fueron un conglomerado de terroristas internacionales y españoles de la extrema derecha, a cuyo frente pusieron a Sixto de Borbón Parma y a algunos tradicionalistas, pero que todo apunta a que estaban dirigidos y alentados por ciertos poderes del Estado, recibiendo toda clase de ayudas, un trato de favor y plena libertad de movimientos por la totalidad del territorio español. Las fuerzas de orden presentes en Montejurra parece que tenían órdenes de no intervenir.

A pesar de la gran cantidad de pruebas que hubo en contra y que se aportan a esta investigación, se quiso presentar como un enfrentamiento entre carlistas para desacreditar al entonces todavía ilegal Partido Carlista y a su líder, expulsado por el dictador, Carlos Hugo de Borbón Parma, que formaban parte de la oposición democrática al régimen imperante en aquel momento.

Abogados del Partido Carlista, en nombre de las víctimas, iniciaron una dura querella con el fin de hacer justicia y poder aclarar quienes manejaron los hilos de ese crimen. Sin embargo se vieron sometidos a toda clase de trabas para impedir que se supiera la verdad. Solamente fueron encausados dos de los agresores -uno de los cuales fue el autor material de una de las dos muertes que fue fotografiado por la prensa en el acto- que, tras recibir un trato de favor, fueron rápidamente amnistiadas al principio de 1977.

Para que los asesinados pudieran ser considerados, al menos, como víctimas del terrorismo, los abogados carlistas tuvieron que mantener otra larga lucha de 27 años hasta que finalmente lo lograron, aunque la Audiencia Nacional en su sentencia siguió evitando indicar a los autores intelectuales del crimen y mantuvo que el acto terrorista se había producido en el «enfrentamiento entre los partidarios [de] ideologías divergentes aunque insertas en el Partido Carlista del que constituyen dos facciones distintas».

En el presente trabajo de investigación, que forma parte de mi tesis doctoral, se han consultado el Archivo General de la Administración, el Arxiu Històric Municipal d’Elx y el archivo privado del autor. También prensa y bibliografía diversa. Con todo este material se ha tratado de demostrar la tesis de que los hechos de Montejurra de 1976 fueron un auténtico crimen de Estado.

2.- La «Operación Reconquista»

En 1976 el Partido Carlista, como cada año, organizó el tradicional acto de Montejurra. Ese año, grupos de extrema derecha, ajenos a él, intentaron cercenarlo de forma violenta con el resultado de dos muertos y gran cantidad de heridos, todos del lado carlista. Sin embargo hay muchas incógnitas sobre quienes estaban detrás de los atacantes. Adelantamos la versión de Alfredo Grimaldos cuando dice que «todo lo que ocurre ese día es consecuencia de la llamada “Operación Reconquista”, concebida desde el propio aparato del Estado con la intención de asestar un golpe definitivo al carlismo democrático y, con él, a cualquier línea dinástica que pueda hacerle sombra a Juan Carlos de Borbón, el rey designado por Franco».[1]

Efectivamente, todos los datos, como se irá viendo en este estudio, apuntan a algunos sectores del Gobierno y del Estado al servicio de la monarquía impuesta por el dictador, el general Franco, que había fallecido hacía poco menos de seis meses.

En estas fechas el Partido Carlista, todavía ilegal, parecía sentirse en una buena situación entre el conjunto de las fuerzas de izquierda, tras la autoexclusión, mediante un permanente goteo, de los elementos tradicionalistas menos proclives a estas posiciones. Y ello a pesar de los constantes ataques e intoxicaciones por parte de otro sector tradicionalista que se habían adherido al franquismo. Toda la prensa progresista en España y la del extranjero tenían claro que el carlismo mejor organizado, el Partido Carlista, había experimentado una evolución y un cambio sincero.[2] Un cambio que partía de unas posiciones de un carlismo tradicional, pero antifranquista, en su inmensa mayoría, hasta abrazar el socialismo autogestionario sin renunciar a la monarquía que consideraba legítima frente a la heredera de Franco, presentándose asimismo como una monarquía socialista, popular y representativa. Carlos Hugo, al que el viejo Rey D. Javier, su padre, había transferido la dirección del carlismo, gozaba de muy buena imagen en la sociedad, en la oposición, y en los medios periodísticos no oficiales.[3] Algunos estudiosos de la época han afirmado que el Partido Carlista y el Partido Comunista eran «en la práctica las dos fuerzas numéricamente más importantes» de la oposición y eso «no es probablemente ajeno a la aproximación que se registra entre ambas formaciones».[4]

En contraste con esto, a las instancias oficiales no agradaba que el recién nombrado rey, Juan Carlos I, pudiera tener un «rival» de la categoría intelectual de Carlos Hugo al que respaldaba un partido bien organizado y un «pueblo carlista» que tal vez se les antojaba con más fuerza de la que realmente tenía. Quizás por eso, la prensa oficial, tanto de la derecha, como de los reformistas del régimen, orquestaban campañas de desprestigio y ataque u obstrucción contra la Comunión Tradicionalista o Partido Carlista, con su dinastía, como continuidad de las que el régimen franquista y la extrema derecha habían iniciado desde incluso antes de que fuera expulsada de España toda la familia Borbón Parma, a finales de 1968.[5]

Uno de los miembros de la familia Borbón Parma, Sixto, hermano menor de Carlos Hugo -que en los últimos años no se había distinguido por su dedicación al carlismo-, disentía del resto. En 1975 inició una campaña con la intención de aglutinar en torno suyo a los tradicionalistas franquistas y a los disidentes de la Comunión Tradicionalista desde que ésta había experimentado un giro hacia la izquierda a finales de la década de 1960 y se había convertido en el Partido Carlista.

Según un informe de 1975 de la Jefatura de Información de la Dirección General de Seguridad, Sixto «durante los días 31 de marzo y 1º de abril, mantuvo contactos en Madrid con destacados miembros de la antigua Comunión Tradicionalista como José Arturo Marquez de Prado» y añadía que «acudirá el próximo día 4 de mayo, a la concentración anual de Montejurra, en Estella, actualmente de neto predominio “carlo-huguista”».[6] Por causas que desconocemos finalmente desistió de acudir.

En enero de 1976, las mismas fuentes informan del escrito que Sixto dirigió a su hermano «en el que públicamente manifiesta su decisión de ponerse al frente de los destinos de la Comunión Tradicionalista» por «el desviacionismo ideológico y los pactos establecidos con grupos que siempre fueron enemigos del carlismo» añadiendo «que la abdicación de su padre fue forzada».[7] En marzo se informa que «la situación es confusa» que Sixto ha encontrado ciertas dificultades y que «ha motivado recelos entre algunos y una rotunda oposición por parte de otros a aceptar como líder a cualquier miembro de la familia Borbón-Parma […] por estimar que han entregado la organización al marxismo».[8]

Sea como fuere, en 1976, Sixto inició una campaña llamando a la «unidad de los carlistas» en torno a él.[9]Algunos de los tradicionalistas escindidos entre 1973 y 1975 del Partido Carlista[10] o de los adheridos al franquismo, en un principio le siguieron. El caso es que a diferencia de Carlos Hugo, que tenía prohibida la entrada, su hermano Sixto podía campar a sus anchas por las Españas jaleado por los medios de comunicación de la derecha.

Efectivamente, desde agosto de 1975, Sixto se movía por toda la geografía española sin problemas; el día 21 estuvo en Santander, al igual que lo había estado antes en Navarra, Valencia y el Maestrazgo. El día 23 estuvo en Barcelona. El 15 de febrero de 1976 otra vez en Valencia; el 18 en Madrid; en abril y mayo en Pamplona hasta trasladarse a Irache unos tres días antes de Montejurra 76. Se movía con toda impunidad por distintas provincias de España, haciendo llamamientos para que se acudiera a Montejurra con un lenguaje «tradicionalista» y «haciendo honor a la continuidad histórica y política de la Comunión Tradicionalista Carlista, a la que tenemos el  grave deber de exaltar y revitalizar, para el bien de España».[11] En abril estuvo en Sevilla, en un acto, en «El Quintillo».[12] Su lenguaje tradicionalista, no parecía llevar la carga tan agresiva como la que después resultó en la práctica el día de Montejurra de 1976. El hecho de que Sixto se moviera sin problemas por España y a su hermano, Carlos Hugo, se le negara la entrada, lo justificó el gobernador civil de Navarra a unos dirigentes carlistas que se lo preguntaron unos días antes de Montejurra: «Nos contestó que eran órdenes de arriba».[13]

Pese a las escisiones habidas, el Partido Carlista seguía manteniendo la mejor y más ágil organización y con los militantes más comprometidos, comparada con el resto de grupos de signo tradicionalista, incluso más que los que gozaban del apoyo del régimen por su adhesión al franquismo primero y al juancarlismo después. También el Partido Carlista era el que generaba más información periodística y no sólo entre los medios de comunicación más independientes. En el Archivo General de la Administración las noticias e informaciones sobre sus actividades son muy superiores a las que se dedican a los grupúsculos tradicionalistas escindidos y, además, se observa que es claramente mucho más preocupante para el Régimen.

El tradicional Acto carlista de Montejurra que se celebra anualmente cada primer domingo de mayo, había ido evolucionando al ritmo que lo había hecho el Partido Carlista que era su organizador oficioso, ya que de forma oficial lo convocaba la Hermandad Penitencial del Vía Crucis –controlada por el Partido- pero sólo para los actos religiosos, porque los discursos políticos anti-régimen se imponían de facto en contra de las habituales prohibiciones. Una cuartilla propagandística para el Montejurra de 1976 rezaba así:

9 de mayo, Montejurra 76, una cita para el pueblo.
El Partido Carlista, el partido político más antiguo de España, organiza como todos los años, el acto de Montejurra en Estella (Navarra). Un acto para todos, la mayor concentración política de masas de la oposición.
Por la Unidad de la oposición democrática.
Por las Libertades democráticas.
Por la Autodeterminación de los pueblos y nacionalidades del Estado Español.
Por la Amnistía general.
Por una Alternativa Socialista Autogestionaria
¡acude a Montejurra!
Partido Carlista, Libertad, Socialismo, Autogestión.[14]

Para ese Montejurra Sixto se puso al frente de una amplia y subvencionada campaña para reconquistar Montejurra de las manos de los organizadores del Partido Carlista a los que tildaban de desviacionistas, comunistas y marxistas. A esta campaña la denominaron «Operación Reconquista». En un documento manuscrito del general Sáenz de Santamaría, «testigo y protagonista de la planificación de los hechos», éste dice que «la financiación de la operación corrió a cargo del Sr. Oriol y Urquijo, quien depositó en diversas entidades bancarias de Santander, Vitoria, Logroño, Pamplona, y Burgos, cantidades destinadas a sufragar los desplazamientos de los simpatizantes».[15] Por lo que se refiere a la subvención o financiación de la «Operación Reconquista» otras fuentes carlistas y periodísticas lo confirman con mayor abundancia de datos.[16]

Como se irá viendo, Sixto y alguno de sus seguidores tradicionalistas fue un instrumento al servicio de ciertos intereses instalados en el poder político del momento. Según Olcina, «un Carlismo socialista, federal y autogestionario, con un líder estrictamente político no podía ser tolerado por el régimen continuista que se estaba gestando, por eso se pretendió destruirlo».[17] Para José Mª de Zavala, el que fuera secretario general del Partido Carlista en aquellos años, el objetivo era

barrer al Partido del escenario político de la oposición democrática para respaldar la «reinstauración monárquica». Es el pensamiento de la oligarquía franquista preocupada ante el peligro de  un cambio de régimen.

Los políticos del régimen y los miembros del gobierno se consideraban portadores de una gran responsabilidad, cada uno desde su pensamiento político, pero ninguno oteaba la democracia porque presumían se trataba de una evolución del sistema hacia posiciones más o menos liberalizadas. Consideraban que si el Carlismo no era incorporado al bando de la derecha inmovilista podría presentar un serio obstáculo para la implantación de la monarquía franquista. Creían subyacente el pleito dinástico y eso podía «desagradar» a la institución y a la persona recién «restaurada», que la oligarquía suponía estaban cumplimentando el testamento político de Franco. Y no era así, tampoco eso lo percibían.

La sombra del pleito dinástico ponía nerviosos a todos, a los monárquicos trasnochados y a los republicanos instrumentales.[18]

Según el detallado Informe Montejurra 76-96, la «Operación Reconquista […] parte del propio Gobierno Arias y es este gabinete el instigador y autor directo de la maniobra». Añade que «la monarquía personificada en Juan Carlos I no está completamente ajena a la génesis» de dicha «Operación»:

Importantes testimonios a los que más tarde aludiremos con detalles, indican que la maniobra tendente a desarticular y desprestigiar al Partido Carlista era muy bien vista en la Zarzuela. Para el rey sucesor del General Franco, el Partido Carlista y su líder Carlos Hugo, no son una parte más de la oposición democrática. La remisión de su posible legalización al Supremo, sin base alguna en la ley «Fraga» de Asociación, indica, una vez más, el deseo de eliminar lo que Juan Carlos considera un adversario personal. La influencia del Conde de Barcelona en los comienzos de la «Operación Reconquista» no debe ser tampoco minimizada. Como algunos comentaristas han señalado ya, la «reconquista» quiso ser una maniobra maestra de Fraga con el fin de retirar un estorbo grave para la consolidación de la monarquía «del 18 de julio». La operación, después, quizás se les fue de las manos, pero en todo caso el poder ha demostrado interés por encubrir las responsabilidades. Es notable, por otro lado, la rancia fobia anti-carlista de los elementos del Gobierno con orígenes monárquicos como Alfonso Osorio, Ministro de la Presidencia, en cuyas manos está el control y manejo del Servicio Secreto Español, el SCOE (Servicio de Coordinación, Organización y Enlace), muy relacionado y con numerosos colaboradores con el SID italiano, que a su vez ha utilizado para ciertos trabajos, regularmente, a neofascistas italianos.[19]

La organización de la «Operación Reconquista», sin embargo, necesitaba una especial estrategia política y militar que colaborara estrechamente:

Este tándem lo constituyeron Manuel Fraga Iribarne, Ministro de la Gobernación, y Ángel Campano López, Director General de la Guardia Civil. En manos de ambos estaba el Orden Público del País. Sólo por esta razón fue posible Vitoria el 3 de marzo y Montejurra el 9 de mayo, dos meses más tarde.[20]

Para lo de Montejurra necesitaban una justificación, y la encontraron en la reclamación por parte del tradicionalismo integrista para organizar el Vía Crucis en el contexto del acto carlista. «Una vez allí, se proclamaría a los cuatro vientos, con derroche de trompetería fascista, la adhesión incondicional a la Monarquía del 18 de Julio».[21] Sin embargo les faltaba un elemento importante, una cabeza visible que aglutinase y abanderase dicho tradicionalismo. No les fue difícil contactar con el hijo de D. Javier, Sixto-Enrique, que había sido expulsado del carlismo en 1975 por su Junta de Gobierno, por causa de haber «roto el Pacto histórico, reiteradamente ratificado entre la Dinastía y el Pueblo carlista, al no reconocer a nuestro Rey y haber actuado contra éste y la disciplina del Partido Carlista».[22] A Sixto, a diferencia de su hermano Carlos Hugo, ya se le estaba facilitando su promoción por las Españas desde hacía más de un año. «Desde que Sixto llega a España, con pasaporte expedido en el Consulado de Bayona (a pesar de que todavía sigue vigente la orden de expulsión contra toda la familia Borbón-Parma) se evidencia un auténtico derroche de medios».[23]

Un escrito del Gabinete de Estudios de la Jefatura de Información dice que «confidencialmente se ha tenido conocimiento de la remisión de un escrito firmado por Sixto de Borbón-Parma y dirigido a su hermano Carlos Hugo, líder del Partido Carlista, en el que públicamente manifiesta su decisión de ponerse al frente de los destinos de la Comunión Tradicionalista».[24]

Pero estaba claro que un líder sin seguidores era un absurdo, por eso trataron de atraerse a los disidentes tradicionalistas para lo que «la intendencia de la Operación se encargará de ello […] en principio, con una campaña a nivel nacional de promoción personal de Sixto». Contacta con José Arturo Márquez de Prado, un antiguo jefe del Requeté que cuando D. Javier lo disolvió se apartó de la línea del Partido. Según el mencionado Informe, Márquez de Prado es un «fanático, imagen tópica del señorito terrateniente, con manías militaristas […] Escasa inteligencia, pero agresivo, millonario e… impune […] pone a disposición de Sixto toda su infraestructura: pisos, coches, guardaespaldas y hasta campos de tiro». Así inicia su campaña tratando en un primer momento de agrupar a personalidades de ideología tradicionalista y de buena posición económica. Después a gentes más sencillas de pueblos y zonas rurales. Sixto utiliza el nombre de su padre, don Javier, a quienes algunos tradicionalistas disidentes siguen proclamando su fidelidad. Consigue algunas adhesiones en Andalucía y Valencia, pero en la meca del carlismo, Navarra, fracasa estrepitosamente a pesar de contar con el diario El Pensamiento Navarro que hacía unos años había pasado a manos de los tradicionalistas más integristas. Busca adhesiones también en Galicia, Euskadi, Madrid, Santander…Por último «fascistas puros que jamás tuvieron nada que ver con el carlismo, de no ser para combatirlo […] pasan a engrosar el pintoresco coctel». Efectivamente, después de un gran despliegue publicitario no parece que salgan las cuentas y recurre a gentes como el presidente de la Hermandad de Combatientes, Girón de Velasco, quien «en su tradicional tono triunfalista, afirma poder llenar las laderas de Montejurra con viejos combatientes de Falange» y al general Ruíz Hernández que «pretende aportar hombres sacándolos de la fantasmagórica Hermandad de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés». También recurre a Fuerza Nueva, Guerrilleros de Cristo Rey. Todos «prometen su asistencia al llamamiento que hace la prensa fascista: El Alcázar, El Pensamiento Navarro, Brújula, Iglesia Mundo, ¿Qué pasa? y la prensa del Movimiento se hace eco de la magna campaña de “Reconquista de Montejurra”». Paralelamente «se abren cuentas bancarias en las sucursales del Banco Central de varias provincias para los gastos que vayan surgiendo».[25] Algunos alcaldes como el de Briñas, en La Rioja, incluso se atreven a emitir un bando en el que anuncia que «se ha organizado por el Gobierno Civil de Logroño una excursión a Montejurra, donde tendrá lugar un solemne acto de exaltación patriótica carlista […] Los viajes, serán gratuitos […] Se entregarán bolsas de comida a todos los excursionistas y se les hará entrega de una dieta por desplazamiento».[26]

Abundando en este tema, el diario El País se refiere a unas declaraciones -en las que tal vez trataba de desmarcarse- del ya mencionado cargo militar de la época:

…el fallecido general Sáenz de Santamaría, entonces jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, declaró en su día que, con la intención genérica de «reconquistar Montejurra» y arrebatarla a los que calificaban como «rojosmarxistas», el Gobierno de Arias tomó en consideración la operación, bautizada como Reconquista, y coordinó los contactos con los dirigentes carlistas Sixto de Borbón y José Arturo Márquez de Prado bajo la coordinación del Ministerio de la Gobernación. Dinero ingresado en bancos de Santander, Vitoria, Logroño, Pamplona y Burgos sirvió para financiar el desplazamiento de mercenarios de los grupos ultraderechistas Guerrilleros de Cristo Rey, Batallón Vasco Español, Internacional Fascista Italiana y la Triple A argentina.[27]

El mencionado Informe Montejurra 76-96 continúa implicando de forma muy concreta a Manuel Fraga Iribarne que participa en una reunión, en la Semana Santa de 1976, donde «se discuten los detalles tácticos. Fraga quiere seguridades de que se cuenta con un mínimo de 5.000 personas. Zamanillo, secretario de las Cotes y Consejero del Reino por designación de Franco, da esa cifra como hecha». También se hace referencia a conversaciones entre Sixto y Juan Carlos «en un cordial almuerzo que tuvieron juntos en Abril» y a que éste invitó al ex director de RENFE, Alfredo Les Floristán, a que «apoye con sus influencias y asistencia personal, la campaña Reconquista de Montejurra. “Hay que apoyar como sea a Sixto”, son sus palabras».

El Grupo de Márquez de Prado está formado por amistades personales muy numerosas entre los grupos del neofascismo internacional. «El grupo mercenario era esencialmente a base de italianos, argentinos y portugueses, actualmente en paro forzoso. Cada uno de ellos recibe el día 2 de mayo 50.000 pesetas y 150.000 más a la terminación de la jornada de Montejurra». Son de destacar en este grupo conocidos elementos de la extrema derecha neofascista como «Stéfano Della Chiae, Marco Pozzan, Adolfo Lauro, Elio Massagrande, Francesco Saffoni, Emilio Berra “El Chacal”, Felipe Llopis de la Torre, José María Arrizabalaga Arkotxa “Saxi II”, Augusto Cauchi».[28]

En definitiva Sixto se rodeó de un puñado de elementos de la extrema derecha española e internacional que, junto a carlistas disidentes más o menos engañados[29]y con un plan violento preparado concienzudamente, intentaría que el llamado «pueblo carlista» que acudía a Montejurra junto al Partido Carlista se adhiriera a él abandonando a los organizadores.

Ante la la campaña de «tradicionalistas y carlistas “no contaminados” que piensan en “reconquistar” Montejurra, para el debido homenaje a los requetés caídos en la Cruzada», el ente oficial Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación, informaba también que dicha campaña «está siendo contrarrestada por una masiva propaganda clandestina e ilegal del Partido Carlista de Euskadi (EKA)» y al final concluía diciendo que «la tensión aumenta ante la fecha del próximo 9 de mayo». Y en hoja confidencial aparte, comunicaba que «se ha repartido estos días abundante propaganda del Partido Carlista en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, Valencia, Pamplona, San Sebastián, entre otras capitales españolas».[30]

Por su parte, una nota informativa de la Jefatura de Información-Gabinete de Estudios, decía que:

El Partido Carlista, desde el primer momento, se ha comprometido a que Montejurra sirva de muestra de lo que puede ser una reivindicación popular y masiva de carácter pacífico. Así se deduce de la propaganda […] en la que no se ataca al Gobierno como en ocasiones anteriores quizá debido al interés por conseguir el permiso gubernativo correspondiente, extremo éste en el que se ha adelantado la Jerarquía Eclesiástica de Pamplona que ya se ha pronunciado favorablemente en cuanto a los actos religiosos se refiere.

La nota informativa hablaba también de la solicitud de autorización al Gobierno Civil para celebrar,

en la Plaza de Toros de Estella un acto político en el que intervendrán los dirigentes Laura Pastor Collado de Valencia; José Badía Torras, de Barcelona; Jesús María Echevarría y el Secretario General.

Los temas, según acuerdo de la Junta de Gobierno […] versarán sobre: «Autonomía de los pueblos y Estado Federal», «Socialismo de Autogestión», «Momento Político» y «Lucha Popular»

Y concluía haciendo constar que

la presencia de ambos grupos (Partido y Comunión) en la concentración es posible desemboque en enfrentamientos personales debido a sus diferencias ideológicas.[31]

A su vez, el gabinete de Enlace del Ministerio de Información y Turismo transmitía al ministro que «se están organizando grupos entre los “Guerrilleros de Cristo Rey” y “Fuerza Nueva” para asistir el próximo domingo, día 9, a los actos de Montejurra».[32]

Y la Jefatura de Información de la Brigada Central de Madrid, daba cuenta de que «a pesar de la prohibición oficial para celebrar el acto de la Plaza de Toros de Estella, está previsto que el mismo se llevará a cabo en pleno monte» lo cual era un claro desafío a las autoridades así como la manifestación por la tarde en Estella, de la que también habla dicha nota, que termina diciendo:

La comisión de orden y vigilancia del partido carlista, tiene previstas las medidas adecuadas para reprimir con energía cualquier intento de sabotaje del acto por los partidarios de D. Sixto Enrique de Borbón Parma, quien según los carlistas, ayudado por las autoridades, se presentará en Montejurra acompañado de un «gran número de pistoleros y guerrilleros oficiales», para impedir o sabotear dicho acto.[33]

Juan Francisco Martín de Aguilera, uno de los varios abogados del Partido Carlista que investigaron el caso y lo denunciaron en los tribunales, explica quiénes formaban parte de la llamada «Operación Reconquista» cuya cabeza visible eran Sixto y un grupo en torno a José Arturo Márquez de Prado:

Al amparo de su núcleo se habían agrupado gentes que habían abandonado el Carlismo mucho tiempo atrás y bastantes de los «Carlistas de Franco». Así estaban Zamanillo, el General Campano, los Oriol, Ibáñez…

Todo ello nos lleva a otra escala de conexiones: el fascismo internacional y el Gobierno Arias. La operación iba más allá de la simple «recuperación» del Acto por un grupo de escindidos nostálgicos. La intervención de los Oriol, Campano y compañía (son gentes de escisiones tan antiguas que nunca habían estado en Montejurra) nos lleva a la extrema derecha del Régimen y a la ligazón con la internacional fascista […] son esos «Carlistas de Franco» los que posibilitan que la operación tenga una dimensión más amplia y que los «escindidos nostálgicos» queden como un pretexto o justificación de esa operación de más volumen y envergadura.

Si nosotros teníamos interés en que ese Montejurra, primero tras la muerte de Franco y de la instauración de la Monarquía Junacarlista, fuese lo más significativo, brillante y multitudinario posible, […] la extrema derecha del Régimen, todavía refugiada en los reductos que le ofrecía el gobierno Arias, pretendía hacerse con el Acto y utilizarlo como plataforma para imponer […] una solución continuista para el futuro de España.

Por eso el Gobierno Arias se movilizó en pleno, financiando con fondos de la Secretaría General del Movimiento (no olvidemos que el Secretario General a la sazón era Adolfo Suárez) y con el apoyo del aparato del Ministerio del Interior (dirigido por nuestro viejo amigo la sabandija de Manuel Fraga Iribarne –tampoco conviene olvidar que el General Campano era Director General de la Guardia Civil-) toda la movilización de gentes que iban a engrosar las filas de los «reconquistadores», tanto la internacional fascista como simples gentes de a pie a los que se atrajo con el señuelo de un día de jolgorio, con transporte, comida y alojamiento gratis. Los Gobiernos Civiles, sobre todo el de Navarra […] financiaron autobuses, hoteles y logística…

Todo esto puede parecer surrealista, pero es absolutamente cierto. Si la operación salía bien (y «ellos» estaban convencidos de que así iba a ser), se podría presentar al Monarca y a la opinión pública como la expresión de un clamor que apoyaba la continuidad, con la menor cantidad de reajustes posible, de todo el aparato franquista, marginando las veleidades reformistas y las tentaciones de abrir un camino democrático.[…]

Pero se equivocaron de medio a medio. Con todo el despliegue de medios de que dispusieron no lograron llevar allí a más de trescientas personas. Por otro lado, como decía antes, su información era bastante inexacta. El Partido Carlista había logrado congregar allí a unas siete mil personas, que ellos creían que en un noventa por ciento les eran afines y se iban a adherir a los manifiestos y discursos que, una vez desalojados del Acto Carlos Hugo y los «huguistas», tenían previsto dar a conocer en la cima del Monte.[34]

Por su parte, y teniendo en cuenta la limitación de las pruebas a que fueron sometidos en la investigación, otro de los abogados que llevaron el caso, José Ángel Pérez-Nievas, preguntado en una entrevista sobre la supuesta participación de la Secretaría General del Movimiento, que en aquél momento dirigía Adolfo Suarez, respondió:

No, no. Yo apuntaría más alto. Yo creo que el impulso vino de más arriba y los demás sólo fueron peones. ¿Qué se pretendía? Es el gran interrogante. Pienso que pretendían que recién muerto Franco […] y con un rey Juan Carlos muy discutido, ya que para unos era una figura impuesta por el dictador, apareciera como un enfrentamiento entre carlistas y de esa manera hacer pensar a la opinión pública que nadie podía hacer sombra a Juan Carlos […]

¿Hubieran sido capaces de aglutinar a la ultraderecha?, ¿entonces el rey Juan Carlos hubiese sido el rey de la ultraderecha?, ¿pretendieron de esa manera desprestigiar a una fuerza política de tal manera que nadie pudiera discutirle a Juan Carlos ese posible encabezamiento de la Monarquía en España, que los entendidos veían que iba a venir en las próximas Cortes Constituyentes? Pienso que el motivo más probable apunta por éste último y a ello responde la tardía legalización del Partido Carlista.[35]

3.- Las Fuerzas de Orden Público con la ultraderecha

En el primer ataque contra los carlistas concentrados en torno al Monasterio de Irache, en la base del monte, se produjeron decenas de heridos, uno de los cuales, Aniano Jiménez Santos, murió tres días después. Fracasado el intento de «reconquistar» el inicio del acto en Irache, los «sixtinos», pusieron en marcha el plan B que fue ya en la cima de Montejurra. Cubierta por la niebla, ante la negativa a ser escuchados por la multitud que subía, dispararon provocando más heridos y otro muerto prácticamente en el acto: Ricardo García Pellejero. Los dos muertos y la inmensa mayoría de los heridos eran todos del lado carlista. Según Martín de Aguilera «el juzgado ha tratado de averiguar si hubo heridos por parte de los partidarios de Sixto».[36] Si los hubo, no lo denunciaron. En cualquier caso, como dice Javier Onrubia, «aquel día, se pudo producir un gran baño de sangre si los militantes del Partido Carlista hubiesen respondido a las provocaciones y las agresiones, pues medios tenían para haberlo hecho».[37] Y no les faltó ocasión pues, tras los disparos en la cumbre y después de que se respondiera «a las balas con insultos […] tras un momento de confusión, algunos jóvenes quisieron subir a por los guerrilleros, mientras los dirigentes carlistas intentaban evitar una masacre».[38]

Según estudios del historiador Joaquín Cubero, que ha analizado los movimientos de extrema derecha violentos o «terror negro» y sentencias de tribunales italianos contra fascistas de esa nacionalidad que también actuaron en Montejurra, lo ocurrido allí, formaría parte de la «estrategia de la tensión» que vendría a ser una «táctica de provocación violenta al servicio del interés del Estado». Según una de las sentencias de un tribunal de Milán de 1998, uno de los agresores, Stefano della Chiaie, organizó

la presencia con armas de numerosos italianos, […] encuadrados militarmente, en la manifestación de Montejurra (Navarra) del 9.5.1976 y la participación de los mismos en el tiroteo concluido con el homicidio de dos militantes carlistas seguidores del Príncipe Carlos Hugo.[…]

Sin embargo sobre la cima de la colina se desplegaron don SIXTO y un centenar de seguidores no solo españoles, (entre ellos muchos católicos tradicionalistas del grupo Guerrilleros de Cristo Rey), sino también argentinos, portugueses, franceses y sobre todo italianos, encuadrados militarmente y armados de bastones y pistolas.

El grupo bloqueó de repente el camino a los manifestantes que estaban subiendo y, después de un breve cambio de invectivas, los seguidores de don SIXTO abrieron fuego matando a dos jóvenes demócratas e hiriendo a numerosos otros.[…]

Decisiva en aquél día fue la presencia de los italianos encuadrados por Stefano DELLA CHIAIE, apoyados por la Guardia Civil […]

La acción del 9.5.1976 en Montejurra es por lo tanto muy indicativa del carácter operativo de la estructura armada constituida en Madrid por Stefano DELLA CHIAIE con los demás exiliados, estructura de servicio lista para ponerse a disposición de las fuerzas de seguridad españolas […]

La operación fue coordinada militarmente por un oficial […] de la Brigada Paracaidista La Folgore según testimonio de Gaetano Orlando. Este antiguo jefe del MAR, estuvo alojado en el Hostal Irache, aunque afirma que no participó en los enfrentamientos. Declaró sobre lo sucedido ante varios jueces italianos.

En otra sentencia del juzgado de instrucción de Bolonia uno de los testigos vuelve a incidir en que en Montejurra Stefano della Chiaie «gozó del apoyo de la Guardia Civil» y que fue «abastecido de jeeps cargados de armas confiadas por la Guardia Civil española». Y también en el Juzgado de Milán tas insistir en lo mismo vuelve a implicar a la Benemérita al decir que un tal Mario, calabrés, del que desconoce su apellido «fue uno de aquellos que vi personalmente en la entrega de las armas de la Guardia Civil». El ya mencionado Gaetano Orlando precisó otros detalles al declarar que

la entrega de las armas y de los jeeps –que fueron dos- de parte de la Guardia Civil al grupo operativo, formado sobre todo de italianos, ocurrió delante del hotel en el cual yo y el mayor De Rosa nos alojamos y yo, de mi punto de observación en la zona del hotel, vi directamente ese momento de las entregas.

Por otra parte, en una instrucción de agosto de 1986 del juez de Viccenza, Felice Casson, hablando de las conexiones en España de la Internacional Negra, dice que, además de su naturaleza ideológica y de tipo logístico, permitían «gestionar operaciones en absoluto limpias, como por ejemplo, las relativas a las conocidas provocaciones llevadas a cabo durante los actos carlistas de Montejurra».[39]

Sobre los sucesos de Montejurra, se pueden leer amplias informaciones en toda la prensa de la época, tanto en la de derechas, progubernamental o no, como en la más izquierdista, progresista o democrática. En general, aunque sin atreverse a entrar en los entresijos de los turbios intereses del Estado, quedó meridianamente claro quiénes eran las víctimas y quienes los agresores. Sin embargo la mayor parte de agencias extranjeras plantean la agresión de manera bastante tópica presentándola como fruto de una rivalidad entre carlistas, unos derechistas, partidarios de Sixto, y los otros, izquierdistas, de Carlos Hugo, remarcando, además, una supuesta lucha por el trono de España contra Juan Carlos. Entre los cronistas extranjeros, una excepción menos tópica, –por dejar ver las implicaciones gubernamentales- tal vez sea, aunque con algunos errores, la versión del reportero de Corriere Della Sera, Paolo Bugialli que, entre otras cosas dice:

A la cabeza de los carlistas ortodoxos está el príncipe Carlos Hugo. El vive habitualmente en Francia y España no le quiere. Precisamente hace pocas semanas ha intentado venir a Madrid […] pero las autoridades no le han dejado.

Calos Hugo pertenece con sus seguidores a las filas de la oposición democrática. Sostiene la tesis de una «monarquía social» […] Y afirma que este país no debe entrar nunca en la Alianza Atlántica, porque el acontecimiento sería un punto de fricción entre U.S.A. y U.R.S.S.

El jefe de los carlistas tiene un hermano que vive en España con todos los honores. Se llama Sixto de Borbón y Parma y no tiene problemas con las autoridades, ni con las del pasado ni con las actuales.[…]

Carlos Hugo había llegado a propósito, semiclandestinamente, de Francia. Decimos semiclandestinamente porque las mismas autoridades, que le habían bloqueado pocas semanas antes y no ignoraban que volvería para la reunión, no han puesto esta vez obstáculos.

Esta mañana, desde la llanura de Navarra, han partido para Montejurra dos columnas. Una de casi 6000 hombres, seguidores de Carlos Hugo. La otra de algunos cientos de personas, seguidores del hermano franquista.

Cuando la marcha se acercaba a la cumbre del monte han aparecido entre los carlistas adversarios del régimen, el príncipe Carlos Hugo; acompañado de su mujer se han puesto al frente de la marcha […] Sobre el pico había un nido de ametralladoras, colocadas por los adversarios de Carlos Hugo. Las armas han comenzado a tabletear. Sangre, gritos, huída.

Los carlistas de izquierda, bajando en picado hacia el valle gritaban «Fraga, asesino». Fraga Iribarne es el ministro de la Gobernación que acababa de salir para Venezuela. Se le acusaba de no haber tomado ninguna medida de seguridad para evitar la tragedia. Cuando ya desde hace días, en Navarra sabían todos que la celebración de Montejurra, este año, no sería tranquila.

No había ni rastro de Policía, sobre el monte, según afirman los testigos.

Además de «Fraga, asesino» los demostrantes en fuga gritaban también «Vitoria, Vitoria» para recordar una acción –precisamente la matanza de los obreros de Vitoria- en la cual la policía no dejó de hacer sentir su presencia. De manera trágica, esta vez que la presencia de las fuerzas de orden habría sido necesaria, en la cima del monte estaban sólo ametralladoras de los franquistas.[40]

Por otra parte los medios de la extrema derecha intentaron justificar la agresión aunque algunos de ellos dejaron ver que el gobierno, que supuestamente les iba a ayudar, les había tendido una trampa. Esta es, por ejemplo, la versión del enviado especial de Iglesia Mundo, José Antonio de Andrade en una de sus crónicas:

…en Madrid, me entregaron un distintivo, para mi automóvil, asegurándome que me serviría de contraseña para facilitarme la labor informativa; que […] lo colocara, bien visible, en el parabrisas del coche, pues la Guardia Civil, desde la antevíspera, iba a ejercer especial vigilancia, para que no se colasen en Montejurra elementos marxistas […] Primera sorpresa: desde Agreda hasta Estella no vimos a nadie ni nadie nos pidió documentación ni pase alguno. […] Uno de los amigos dijo: «lo que no me gusta nada es eso de la ayuda del Gobierno. A Montejurra siempre se ha ido arrascandose cada uno su bolsillo». -¿Quién te ha dicho que el Gobierno iba a ayudar a nadie? –Quien lo sabía… parece mentira que tu vivas en Madrid y no lo sepas. Hoy por mediodía, estuvieron en Puente tres personas, que trataron con un ministro o con dos. También es cierto que el miércoles o jueves anteriores (el 5 o el 6 de mayo) se informó a una persona principal, de las nuestras, que se habían tomado extraordinarias precauciones: los autobuses que no ostentaran un distintivo especial no pasarían a la Campa de Irache; que las Fuerzas Armadas tenían órdenes de impedir el paso de los huguistas […] –«Nada me extrañaría esa colaboración, repliqué».

Las autoridades de vigilancia estaban allí expectantes… aquello de que recibirían órdenes, para impedir el paso de los huguistas, si había sido una promesa, no se cumplía; si había sido una afirmación, se convertía en una falsedad. Alguien a mi lado exclamó: «esto es una trampa» […] -¿Qué impresión tenéis de D. Sixto? –«[…] pero creo que se le ponen muchas dificultades» –«Sin embargo, por lo que yo sé, en altas instancias nacionales, políticas y militares, se ha reconocido su patriótica labor en España; se le ha facilitado y animado a seguir adelante».[41]

Esta misma revista católica, pro franquista y de signo integrista, un mes después del Montejurra se preguntaba:

¿Hubo o no hubo colaboración del gobierno para ayudar a los que se oponían a los Huguistas? ¿Qué cantidades fueron ofrecidas y aceptadas? ¿Quiénes fueron los señores ministros que pidieron a personas cualificadas del carlismo, que acudiesen a Montejurra, para evitar lo que allí proyectaban los socialistas del yerno del Príncipe Bernardo, D. Hugo de Borbón Parma?[42]

Los datos apuntados parecen demostrar que el Gobierno -que no sólo sabía lo que se avecinaba, sino que alentó a una de las partes-, pretendía que hubiera un enfrentamiento. Al menos hizo todo lo posible facilitando las cosas para que ello fuera así. Utilizó a la extrema derecha, que cada vez le importaba menos, para tratar de destruir al Partido Carlista que le preocupaba, o al menos para tratar de desprestigiarlo ante la opinión pública. Según los miembros de la comisión investigadora del Partido Carlista:

Es inconcebible pensar como un asunto como el de Montejurra se puede realizar a espaldas de Gobernación. Lo sabían, y así se demuestra la participación en el asunto del Gobierno Arias, y concretamente de Fraga. Era el primer año de la Monarquía, que tenía dos cuñas: el País Vaco y el Partido Carlista. Lo de Fraga era la actitud de una persona que actúa irreflexivamente; él no sabía lo que era el carlismo y quería ofrecer al rey una gran baza política: con la derecha servir a Juan Carlos y con la izquierda quemarle a Sixto. Sin embargo el plan fracasó, se encontraron con una verdadera desorganización. El asunto se les fue de las manos.[43]

La versión de las agencias de prensa españolas son todas bastante parecidas, aunque sin insinuar la posible trama que se ocultaba tras la agresión. La agencia Pyresa, por ejemplo, con el encabezamiento de «sucesos Montejurra» escribe el día 10 a las 12:25, que la campaña reivindicatoria de Sixto-Enrique para la «reconquista de Montejurra» se había saldado con «un muerto y tres heridos graves víctimas de los disparos de grupos terroristas presuntamente afectos a dicho pretendiente». Menciona la concentración carlista con «siete mil personas, procedentes en su mayoría de Cataluña, Levante, Santander, y provincias vascas, la mayoría de las cuales se tocaban con la boina roja», y que mientras un millar de éstas esperaba el comienzo del Vía Crucis en el exterior del monasterio de Irache para subir a la cima de Montejurra, «un grupo de unas treinta personas, irrumpieron en la explanada del monasterio y tras un intercambio de gritos, vivas y mueras, con los carlistas allí presentes, desencadenaron un ataque con porras, seguido de disparos de armas de fuego». Tras hablar de los heridos y contusionados en ambos bandos, dice que las fuerzas de orden «no intervinieron en los altercados» pese a que, tal como manifiesta más adelante,

en la esquina de las tapias del monasterio se hallaba formada una compañía de la reserva de la Policía Armada, que reforzaba a numerosos efectivos de la Guardia Civil, instaladas en las cercanías del recinto sagrado, en la campa de Irache y en varios lugares del recorrido procesional.[44]

Sin embargo, un testigo presencial, Josep Badía, dice que ante la insistencia de Ton Aluja, un militante carlista de Lleida, el comandante,

con lágrimas en los ojos […] dice que «tiene órdenes de no intervenir», pero finalmente se interpone y, acto seguido, ordena a sus subordinados girar los fusiles en dirección a los guerrilleros. Después de un momento de vacilación, éstos se dan la vuelta y comienzan a retirarse […] El gesto valiente de Aluja de Lleida y la respuesta del comandante de la Guardia Civil nos salvaron seguramente de una masacre.[45]

Continúa la narración de la agencia Pyresa afirmando que «la masa de romeros continuó pacíficamente la ascensión, encabezada por dirigentes del Partido Carlista que repetían una y otra vez: “no respondamos a la provocación”». Respecto a Carlos Hugo, que se incorporó con su esposa Irene a la ascensión, «pese a que su presencia en territorio español ha sido prohibida por las autoridades […] desató el entusiasmo de los participantes». Después pasa a relatar que

cuando la vanguardia de la comitiva alcanzó, en medio de una neblina que dificultaba mucho la visión [de la] cumbre de Montejurra, uno de los apostados en la cima (una veintena, aproximadamente) advirtió a los carlistas que no avanzasen y que esperasen, pues don Sixto-Enrique iba a dirigirles la palabra. Cuando los manifestantes contestaron con un abucheo y con gritos de «Carlos Hugo y Libertad», los apostados en la cumbre abrieron fuego de pistola y metralleta, haciendo cinco disparos tiro a tiro y dos ráfagas de arma automática, que sembraron el desconcierto y el temor de los carlistas y dejaron en tierra a tres hombres y una mujer, uno de ellos mortalmente herido.

Tras los minutos de estupor y confusión y «ante la imposibilidad de llegar a la cima, el capellán don Joaquín Barbarín ofició un improvisado servicio litúrgico a la altura de la novena cruz de las que jalonan el recorrido de Montejurra». Más tarde, cuando los carlistas descendieron del Vía Crucis, «el Secretario General del Partido Carlista, José María de Zavala, se dirigió a los presentes señalando la absoluta necesidad de no responder a la violencia con la violencia y de no responder a ninguna provocación asesina».[46] La agencia Pyresa habla ya de la muerte del joven Ricardo García Pellejero, y reitera que todo ocurrió «sin que en ningún momento interviniese ninguno de los numerosos elementos de las fuerzas de orden presentes, auxiliados desde el aire por un helicóptero de la Guardia Civil». Sin embargo, «a partir de medio día, tras el final del acto, el casco urbano de Estella fue “cerrado” por numerosos contingentes de la Guardia Civil, que impedían la entrada de vehículos y personas ajenas a la localidad». Esta misma agencia, con el título «La Fuerza Pública en Montejurra y Estella», amplía la información, una hora más tarde:

Efectivos de la Guardia Civil, en número muy superior a los años anteriores, se estacionaron en los lugares estratégicos cerca de Estella en el monasterio de Irache en la campa de Montejurra durante la mañana de ayer y a primeras horas de la tarde. Además de dichos efectivos de la Guardia Civil había una Bandera de la Policía Armada, Así como nueve Jeeps que se encontraban a mitad de camino entre el citado monasterio de Irache y la campa de Montejurra en una llanada de la falda del monte. Otra Bandera más del mismo cuerpo armado con cuatro Pegasos y unos diez u once jeeps estuvieron casi toda la mañana hasta mediado el día en el estacionamiento de coches del hotel Irache en donde se alojaba desde el pasado día 2 de mayo don Sixto de Borbón y a donde fueron concentrándose numerosos partidarios suyos de hermandades de requetés, excombatientes, grupos de «Fuerza Nueva» y según se dijo ex-legionarios, compañeros de don Sixto de la Legión extranjera con el uniforme de dicho cuerpo y correajes. Dichos legionarios –según se dijo- en número de seis cuanto menos, escoltaron a don Sixto en la subida al Montejurra y más tarde al producirse los sangrientos incidentes regresaron al hotel […] Los controles de la Guardia Civil continuaron toda la tarde y parte de la noche autorizando la entrada en Estella solamente a periodistas…[47]

Por su parte la agencia Logos el día 10 da la relación nominal de diez de los «heridos alojados en el Hospital General de Navarra». Dice también que los atacantes llevaban distintivos «con la bandera nacional» y los «otros con la bandera carlista» y que atacaron «con sirgas de unos treinta centímetros de largo forradas de plástico amarillo», y añade que «este primer enfrentamiento fue disuelto por la policía»; Que «banderas de varios tercios de requetés, la bandera de Euskadi, e incluso la del Frente Polisario figuraban en la marcha» hacia la cumbre en la que «se lanzaron gritos de /Carlos Hugo, Libertad/, /Socialismo, Autogestión/ y /Viva la Democracia Socialista». Que al no poder llegar a la cima por causa de los disparos de los sixtinos, se decidió celebrar «unos doscientos metros más debajo de la cumbre, la misa tradicional, a falta de cáliz se utilizó un vaso de plástico y a falta de pan de formas, pan natural». Después se refiere a testigos presenciales, carlistas que habían madrugado y llegado a la cumbre antes que el Vía Crucis:

Cuenta una señora. «Yo llegué hacia las ocho y media y ellos –dice refiriéndose a las gentes que rodeaban a don Sixto- ya estaban allí. No nos dejaron subir. Dijeron que cuando llegara el grueso del Vía Crucis lo podríamos hacer. Luego nos fuimos congregando hasta unas ciento cincuenta personas, pero no nos dejaban pasar. Estaban en la parte de arriba armados y había uno al que trataban como jefe, como si hubiera una disciplina. Hubo discusiones y un señor estuvo hablando con ellos. Luego cogieron el megáfono y dijeron: “El infante don Sixto va a dirigir la palabra”. Cuando don Sixto cogió el megáfono se oyó un abucheo. Entonces empezaron a disparar. Primero fueron tiros sueltos, después una ráfaga de metralleta y ahí se produjeron los heridos».

La agencia Logos en una crónica del mismo día anuncia que «han comenzado en Estella, ante el juez, las declaraciones de los testigos presenciales». Entre los citados «se encuentra el periodista del Diario de Barcelona, C. Sánchez quien además de relatar los hechos tal como él los vio a requerimiento de la autoridad, llevó, asimismo, un rollo de fotografía aún sin revelar». Se dice también que «en algunas fotografías parece que se ha captado alguien con pistola». Y habla del «enviado de la revista holandesa Story a quien se le han quitado los rollos de fotografías».[48]

La agencia Europa Press transmite en un teletipo la versión de los sixtinos que, entre otras cosas, dicen:

Se quería que la tradicional romería al monte fuera exclusivamente un recuerdo y homenaje a los muertos carlistas, sin ningún otro matiz que el patriótico. Para que fuera así, unos grupos tradicionalistas ocuparon la cumbre del monte (al parecer unos 60) para allí recibir a don Sixto y que éste diera lectura a su mensaje […]

El domingo por la mañana, en la campa de Irache, al pie del monte, llegaron aproximadamente entre 1500 y 1800 carlistas de don Carlos Hugo, entre los que había comandos de la O.R.T. (Organización Revolucionaria de Trabajadores), Maoistas, y algunos e la E.T.A. […] No se oía cantar el Oriamendi y, por el contrario, «La Internacional», «Els Segadors», Gritos de Viva Euzkadi, etcétera.[…]

Habría en la misma campa de Irache y sus inmediaciones alrededor de 3000 carlistas seguidores de don Sixto que cantaban el Oriamendi y daban gritos de «Dios, Patria, Rey y Fueros».

Antes de que se iniciara el Vía Crucis y la ascensión al monte se produjeron enfrentamientos. En un momento sonó un disparo. Hubo varios heridos y contusos.

Añade el relato de las mismas personas que seis mil ejemplares del periódico El Alcázar que iban a ser distribuidos entre los asistentes al acto, fueron quemados […] que se intentó quemar la furgoneta en la que habían sido llevados estos ejemplares, así como una tienda de campaña. Los muchachos encargados de la distribución del periódico fueron agredidos, de palabra y obra.

La Fuerza Pública, ante el cariz de los acontecimientos, formó barrera para separar a los dos bandos, al mismo tiempo se dio la orden de que se retirasen todos […]

Desde el hotel Irache, donde se encontraba el grupo de dirigentes de de los seguidores de de don Sixto se comunicó a todos que obedecieran la orden y se retirasen para evitar nuevos enfrentamientos, lo que se hizo en poco tiempo.

Grupos del otro bando que estaban ya en plena ascensión, siguieron hacia la cumbre, donde hubo enfrentamiento con el grupo de Sixto. Hubo pedradas y sonaron unos disparos que no se sabía de donde procedían. Es aquí donde resultó muerta una persona. En este caso la Fuerza Pública no pudo intervenir porque estaba abajo, separando al grueso de los bandos.

Las mismas personas manifestaron que don Sixto de Borbón Parma se encuentra muy consternado […]

Finalmente, el hecho de que este año solo hayan acudido un reducido número de personas seguidores de Carlos Hugo se interpreta en las mismas fuentes como consecuencia de la propaganda que días atrás se había hecho para que acudieran a Montejurra todos los grupos de Coordinación Democrática, que nada tienen que ver con el Tradicionalismo […] Montejurra no puede ser símbolo más que de todo el Tradicionalismo, sin otras banderías ajenas al mismo.[49]

Esta versión dada por los sixtinos es radicalmente contradictoria a la que dieron la inmensa mayoría de las informaciones periodísticas españolas que cubrieron el acto,[50] pues además de inflar las cifras de los sixtinos y minimizar la asistencia de los carlistas demócratas, remarcando la asistencia de los grupos de izquierda y extrema izquierda, cambia la realidad de la agresión de la extrema derecha internacional como si hubiera sido un enfrentamiento de los tradicionalistas puros con los del Partido Carlista, coincidiendo así con la versión gubernamental.

Sin embargo la periodista Beatriz Andrada en un reportaje, realizado ocho años después, ofrece una nueva versión de los sixtinos a través de una entrevista a uno de los agresores, Márquez de Prado, y «a pesar de que algunas afirmaciones son ilógicas» según afirma la propia periodista. Efectivamente, en contra de los datos y testimonios existentes, Márquez dice en la entrevista que «tampoco sé quién o quienes dispararon». Aunque sobre su amigo García Verde[51] afirma que le comentó: «Ha habido un muerto abajo. Yo he disparado, pero he disparado al aire», y ello lo dice a pesar de las secuencias fotográficas que apuntan lo contrario. Asevera también que, en la cumbre «de repente, al lado nuestro, comienza un tiroteo fuerte. Cerca nuestro, en una quebrada. Había tanta niebla que no pudimos ver absolutamente nada […] la gente que estaba con nosotros no disparó, nadie tenía armas». Considera que fue un acto provocado por la izquierda puesto que en Montejurra, «según la prensa había diecisiete organizaciones de izquierdas». Con todo llega a afirmar que «es cierto que desde el Movimiento a nosotros se nos ofreció dinero para ir a Montejurra», aunque al rechazar el ofrecimiento esa persona le dijo: «Ya veremos este año quien manda en Montejurra». En cualquier caso no desvela qué persona del Gobierno Arias fue la que les hizo tal ofrecimiento.[52]

Por su parte, el día 10 de mayo, el Partido Carlista dio una rueda de prensa de la que la agencia Pyresa se hacía eco con el siguiente teletipo:

Más de un centenar de periodistas españoles y extranjeros, han asistido a una rueda de prensa celebrada sobre las ocho de la tarde en el Círculo Vázquez de Mella […] Habéis sido testigos […] El Partido Carlista ha operado y ha actuado con serenidad y prudencia. El Partido Carlista tenía fuerzas suficientes y bien organizadas para haber contestado a la agresión, pero hemos decidido no responder a la violencia con la violencia y porque hoy por hoy no es lo nuestro. […] Entre las víctimas ha habido un muerto y otro se encuentra en estado gravísimo. El muerto es un joven de 18 años de Estella, que ha sido ametrallado por las armas de esos terroristas, pero el carlismo no hará una respuesta armada y si política, con el orden y disciplina que han podido observar.[53]

4.- Las respuestas a la agresión

Tas los crímenes de Montejurra la Fuerza Pública bloqueó Estella para impedir la llegada a la misa funeral de cuerpo presente por Ricardo García Pellejero que se había de celebrar al día siguiente.[54] No obstante, tras intentarlo infructuosamente por seis o siete controles, los dirigentes carlistas Zavala, Badía i la esposa de Carlos Hugo, Irene, consiguieron entrar guiados por militantes de Estella, a través de un barranco. En la misa concelebrada se leyó una comprometida homilía suscrita por más de cien sacerdotes de Navarra en la que se denunciaba no sólo el asesinato de Ricardo, y a sus autores conocidos, sino también la actuación irregular de las Fuerzas de Orden y la versión falsa de los hechos dada por el Gobierno Civil porque «no es cierto que el enfrentamiento armado fuese entre grupos políticos rivales. Fue un grupo advenedizo y extraño el que disparó a mansalva […] La gente […] los conoce […] Lo que quiere conocer ahora es las responsabilidades de tan incomprensibles hechos». Y añadía que «este pueblo […] pide a gritos el establecimiento de una vez para siempre de una libertad para todos, de una reconciliación objetiva, de una sociedad y unas instituciones democráticas sin regazos y sin trampas. Un pueblo que está cansado de represión y de injusticia», y terminaba con una llamada a los cristianos a la «esperanza de la resurrección para Ricardo, que vive y vivirá eternamente a pesar de los que lo han matado».

Antes del Evangelio se leyó un emotivo poema en memoria de Ricardo que decía así:

A Ricardo García pellejero,
asesinado cuando subía a Montejurra

Por tu cuerpo destrozado
por las balas.
Por tu juventud de Mayo robada.
Por el odio y la locura
fríamente calculada.
Por el amor de los tuyos;
por el viento de tu alma
que nos mueve el pensamiento
y nos llora en nuestras lágrimas,
que nos resuena en la sangre
y nos grita en las gargantas.
Porque han vuelto a herir de muerte
a Estella y toda Navarra;
del Monte del Pueblo han hecho
otro campo de batalla
y han puesto en el Vía Crucis
una estación de venganza.

Porque es hora de parar
a las fieras desalmadas
que nos rondan y persiguen
que nos cercan, que nos matan,
que nos devoran los días
y el futuro nos arrancan…

Pedimos justicia a gritos,
justicia que es esperanza
y deseo de hacer nuestra
la paz de cada jornada,
que no florece la sangre
ni en odio se desparrama.

Ricardo García, amigo,
mártir del pueblo, granada
roja y abierta, raíz
que hundimos para el mañana…
Para ti nuestros claveles
que Dios pondrá en tu solapa.
Para nosotros… la lucha
por continuar tu escalada.

Tras el funeral se bailó un Aurresku y se cantó el Agur Jaunak, antes de la marcha a pie hacia el cementerio en medio de un silencio impresionante.[55]

La reacción a los crímenes de Montejurra no se hizo esperar. Toda Navarra y Estella en particular, respondieron con manifestaciones y huelgas convocadas no sólo por los carlistas sino por otros grupos de la oposición. También los estudiantes se movilizaron; una asamblea de estudiantes en Pamplona «en la que se estaba tratando lo ocurrido ayer en Montejurra» fue disuelta por la Policía Armada, el lunes día 10;[56]otra el día 11 en Zaragoza.[57] Al mismo tiempo, el Partido Carlista, la misma tarde de los hechos, tras señalar a los responsables directos de lo ocurrido en Montejurra, anunciaron, en rueda de prensa, que iba a presentar «una querella contra Roberto Bayod Pallarés[58] y José Arturo Márquez de Prado».[59]

La oposición democrática tenía muy claro quiénes fueron las víctimas y quienes los agresores, por eso se solidarizaron con el Partido Carlista, lo mismo que el Movimiento Obrero. Aunque fueron muchas las muestras de protesta que se produjeron por todas las Españas, solidarias con las víctimas, no vamos aquí a especificar todas ellas.[60]

 Por su parte, el Ayuntamiento de Estella enviaba cartas al rey y al presidente del Gobierno solicitando «la más rápida aclaración de los hechos y anuncia que si no se aclaran en el plazo de un mes, el ayuntamiento dimitirá en pleno e irrevocablemente». Otra al Gobernador Civil de Navarra donde «califica de inexacta la nota del Gobierno Civil sobre los sucesos de Montejurra» y al Ministro de Información y Turismo «en el que se queja el Ayuntamiento por las informaciones ofrecidas en Televisión y Radio nacional de España sobre los sucesos del domingo».[61]Curiosamente, en el mismo pleno, al alcalde, Julio Ros, se le pedía la dimisión.[62] Y es que, a pesar de su cambio de actitud a posteriori, según parece la víspera de Montejurra se reunió con Sixto y con el director general de la Guardia Civil, Ángel Campano, donde «ultiman detalles» de la «Operación Reconquista».[63]

El día 12, con la catedral de Pamplona a rebosar, se realizó un funeral por Ricardo. El capellán de la Hermandad del Vía Crucis (organizador del acto) dijo que «fue testigo de los hechos»; que fue «un asesinato preparado» y que «no es lo más importante –dijo- descubrir quienes son los autores materiales del crimen, lo cual, es relativamente fácil, sino saber cuáles son los incitadores y las fuerzas poderosas que los han apoyado». También intervino Mariano Zufía afirmando que «la verdad del pueblo no puede morir ni ante la metralleta». A la salida del templo se formó una manifestación que al llegar cerca del Gobierno Civil «la policía realizó unos quince disparos al aire para proceder a dispersar a los reunidos».[64]

El diario El Pensamiento Navarro, que antes había estado alimentando la «Reconquista de Montejurra», el día 13 de mayo, tras los sucesos, parece que intentaba desmarcarse cuando criticaba al Ministro Fraga por haber calificado el hecho de «querella entre hermanos»; ahora ese diario navarro, defensor de Sixto, decía que se trataba «de un vil asesinato cometido por asesinos a sueldo».[65] Algo parecido hacía el Gobernador Civil de Navarra que cínicamente anunciaba «el firme propósito de la autoridad gubernativa de iniciar las oportunas investigaciones, para aclarar los graves sucesos ocurridos».[66]

También en Cataluña el Partit Carlí organizó actos de protesta y misas en recuerdo de los compañeros asesinados, Ricardo García y Aniano Jiménez. Hubo actos en diversos pueblos y ciudades como Barcelona, Manresa, Valls, Lleida, Tarragona, Igualada, etc.[67]

5.- Una Justicia de espaldas al pueblo y servidora del gobierno

Mariano Zufía y los abogados Pérez-Nievas y Martín de Aguilera, todos ellos miembros del Partido Carlista, fueron los primeros que pusieron nombres y apellidos al pistolero de la primera agresión, la de Irache; se trata de José Luís Martín García-Verde y apuntan también a dos de sus acompañantes cómplices: Carlos Ferrando y Hemenegildo García, presentando al Juez diversos testimonios fotográficos.[68]

El abogado navarro José Ángel Pérez-Nievas en una entrevista decía:

Fuimos al juez para enseñarle las fotos y decirle: «éste que está disparando a Aniano es Martín García Verde, lo decimos para que dé orden a su detención». Él dijo: «Yo no puedo detener, si no sé dónde vive». Entonces tuvimos que buscar nosotros su dirección de Huelva, que era la calle del puerto…, ya con esos datos fuimos al juez que nos admitió así la denuncia a trámite. Luego fuimos a hablar con la mujer de Manolo García, que había resultado herida, y con el resto de los heridos, para que nos dieran poderes, ya que no podíamos comparecer como Partido Carlista al no existir las organizaciones políticas […]

Lo primero que pretendimos nosotros fue afirmar que eso era un delito de carácter netamente político […] contra el Partido Carlista y por tanto de carácter político. Se nos dijo que en absoluto, que eran delitos, asesinatos vulgares y corrientes recogidos en el Código Penal.[69]

El juez llegó a reconocer ante uno de los abogados del Partido Carlista que «nosotros le habíamos facilitado más datos que la propia Policía y la Guardia Civil»[70]

La querella formal fue presentada por el procurador de los tribunales Carlos Urzanqui Miquélez,

mediante la representación especial que me ha sido conferida en los poderes que acompaño por don Martín García Núñez, como padre que fue de don Ricardo García Pellejero; doña Natividad Santos Sáez, como madre que fue de don Aniano Jiménez Santos; doña Mercedes Olazarán Aristu y don Fernando Lucas Zaragoza, formulo querella en nombre de mis representados contra las personas que luego se dirán y por los delitos que haré constar en el momento oportuno.[71]

En contradicción con los anuncios gubernamentales de aclarar los hechos, el periódicoYa publicaba, el día 13, que Sixto-Enrique había sido expulsado de España «conducido al aeropuerto internacional de Barajas por la Policía». Con ello se desembarazaban del principal responsable de la agresión y del posible peligro de sus declaraciones ante el juez. Sin embargo, el que sí había sido detenido era su lugarteniente, Márquez de Prado.

En contraste con la expulsión de Sixto, sin duda para ponerle a salvo, «policías vestidos de paisano, anotaban los nombres de los periodistas» cuando, en Madrid, salían del despacho del abogado donde el Secretario General del Partido Carlista, José María de Zavala, dio una conferencia de prensa –la policía no había permitido hacerla en otro lugar- en la que reprochó a Fraga no haber detenido a Sixto, añadiendo que «la simple expulsión de Sixto Enrique […] demuestra que personas importantes del gobierno están implicadas en el incidente anti-carlista», por eso pidió la dimisión del gobierno al que consideraba responsable de la matanza. Zavala recordó que dos días antes del acto de Montejurra ya habían denunciado ante el Gobernador Civil de Navarra la presencia de hombres armados en el hostal Irache, pero al mismo tiempo recordaba que habían descubierto que fue el propio Gobernador Ruiz de Gordoa –al que calificaba de «uno de los más próximos colaboradores de Fraga Iribarne»-, quien había reservado las habitaciones del hostal Irache donde se alojaron los hombres armados.[72] Pérez-Nievas, que habló con Ruiz de Gordoa, afirma que éste «estaba en conocimiento de todo. Luego logramos demostrar que las reservas del hostal “Irache” para los atacantes las habían hecho desde el Gobierno Civil».[73]

El juez de Estella, Manuel Antón de la Fuente, fue nombrado por la Junta de Gobierno de la Audiencia de Pamplona como juez con poderes especiales para detener e interrogar a los acusados. Había mandado detener también a los hermanos Alfonso Carlos y Javier Fal Macías –que tras pasar por la cárcel y declarar ante el juez fueron puestos en libertad- y a Francisco Carreras García-Mauriño. El día 15 había escuchado ya a «un centenar de testigos». Pues bien, según el diario El País, este juez había ordenado comparecer como testigo a Sixto-Enrique «que es el jefe del grupo que abrió fuego, pero éste ha sido expulsado de España por orden del gobierno y el mandato no puede ser ejecutado». Por eso, «los carlistas acusaron ayer al Ministro de la Gobernación, Manuel Fraga Iribarne, de haber querido proteger al príncipe al decidir expulsarle en lugar de detenerle».[74] Respecto al pistolero que mató a Aniano, «ha llamado la atención de los medios informativos navarros el hecho de que el señor Martín García-Verde fuese llevado a declarar ante el juez en un vehículo normal y de la Guardia Civil y sin estar esposado». Algunos medios lo atribuyen a su condición de ser comandante retirado del Ejército.[75]

Sobre las actuaciones del juez, la acusación particular observó diversas anormalidades; Pérez-Nievas las explica así:

Hizo, desde nuestro punto de vista, irregularidades flagrantes, como, por ejemplo: reconstruir los hechos en la cima de Montejurra sin dejar comparecer a las defensas de los heridos. No sabemos qué restos recogieron porque allí hizo la Guardia Civil una limpieza total y absoluta. Nosotros lo que conseguimos fueron las cajas de munición[76] y otras que supimos eran de armamento con el nombre de una tienda catalana «Rayuela», conocido ultraderechista catalán.[…]

Había un gallego que tenía dados muy concretos porque había estado en la cima. Entonces nosotros pedimos al juez que le llamara a declarar y el juez le llamó. El hombre vino, viajando toda la noche y llegó el sábado, fuimos al juzgado para decirle por favor que le tomara declaración. El juez dijo que él los sábados no trabajaba. A pesar de que le insistimos una y otra vez, ya que debía marcharse el domingo a trabajar, no accedió, afirmando que si el lunes no podía declarar y se marchaba era nuestro problema y no el suyo. Y efectivamente ese hombre se tuvo que marchar y no prestó declaración. Es decir, que hubo siempre una situación de autodefensa por parte de la autoridad judicial. Es más, para que prestara declaración Oriol, presidente del Consejo de Estado, nos costó «Dios y ayuda» y al final lo conseguimos, pero claro, tuvimos que hacerle las preguntas por escrito y él responderlas también por escrito desde su despacho. El general Campano (Director de la Guardia Civil), no hubo manera de saber nada sobre él. Enseguida argüían que era cuestión política y lo rechazaban […]

El juez no quería pasar de Martín García Verde: «éste señor ha matado, pues él es el responsable y no sabemos nada más. De Ricardo García Pellejero no se sabe nada más».[77]

Como Aniano Jiménez Santos murió unos días más tarde, tras su muerte hubo otro funeral multitudinario realizado en una iglesia del barrio obrero de la Rochapea de Pamplona, «se pronunció una homilía muy dura […] se exigió responsabilidades y se insinuó que el juicio podría ser una farsa». También «un miembro del partido Carlista condenó al Gobierno y a la Fuerza Pública de testigos impunes ante tales hechos». Tras el funeral, hubo una manifestación de unos 500 jóvenes «cruzando vehículos y dando gritos de “Monarquía asesina”, “Juan Carlos asesino”. “Cuerpos represivos, disolución”».[78] Otra de las razones a temer que el procedimiento pudiera convertirse en una farsa, sería el hecho de que fuese precisamente «un grupo de policías de la Brigada Político Social [quienes] ayudan al juez que instruye el sumario correspondiente».[79]

El Comité Ejecutivo del Partido Carlista cursó a los responsables carlistas de las Españas circulares para la «recogida de fondos para sufragar los gastos en defensa de los perjudicados en Montejurra».[80]

Los periodistas Josep Carles Clemente y Carlos Sánchez Costa (fotógrafo), que habían estado presentes en Montejurra, escribieron rápidamente un libro sobre los hechos.[81] Lo  presentaron en Pamplona y Barcelona, pero no pudieron hacerlo en Madrid «al no contar con autorización gubernativa por razones administrativas». Poco después lo presentaron en París.[82]

Ante la inhibición del juez especial de Estella en favor del Juzgado de Orden Público, los abogados querellantes presentaron recurso que fue admitido a trámite. Sin embargo no admitió las declaraciones de los guardias civiles que estuvieron presentes en los hechos, ni las del «comandante de la Guardia Civil que ordenó la detención de tres jóvenes la noche anterior al 9 de mayo».[83] Y es que se da la circunstancia que estos tres jóvenes eran dos militantes del Partido Carlista y el chofer del Land Rover alquilado, que habían denunciado la presencia de gente armada en la cima de Montejurra, pero,

son detenidos por la Guardia Civil, que ya había sido avisada por los de la cumbre. Les acusan de llevar un coche robado. Son conducidos a una casa particular, en la que miembros del servicio de información les interroga y les golpea salvajemente […] ingresan en la cárcel de Estella y no son puestos en libertad hasta medianoche del día nueve, después de todos los acontecimientos.[84]

El Juez tampoco admitió la solicitud de declaraciones «del Gobernador de Navarra Ruíz Gordoa y de los ex-ministros de la Gobernación y de Asuntos Exteriores señor Fraga Iribarne y Areilza, así como de Antonio María Lucas de Oriol, de Araluce y Medel Zaragoza», pedidas por los querellantes. [85]

Por otra parte el Gabinete de Prensa del Partido Carlista informaba y denunciaba que «la Audiencia Provincial de Pamplona no considera necesaria la busca y captura de don Sixto de Borbón ni la reconstrucción de los hechos». Sobre Sixto decía el Auto de la Audiencia que «no basta la simple sospecha de su participación sino que para llevar a cabo la busca y captura de don Sixto sería necesario declarar su procesamiento y enjuiciamiento criminal».[86]

Como consecuencia de la investigación paralela realizada por el Partido Carlista, sus abogados presentaron una segunda querella en la que se aportaban nuevos datos y nuevos testigos. «Tras la primera querella, y a la vista de la prolongación del secreto sumarial, se ha presentado también un recurso contra la inhibición que tampoco ha tenido respuesta, lo mismo que la interposición al Gobierno hecha el pasado 26 de mayo, por Gabriel Zubiaga, procurador por Guipúzcoa y militante del Partido».[87]

El procedimiento pasó al Tribunal de Orden Público número uno y los acusadores mantuvieron la querella contra los procesados que finalmente fueron sólo tres. Se informa que «el sumario es de gran volumen, principalmente por la singular prueba fotográfica muy completa y nada corriente». Además, «los testigos pertenecen a varias provincias españolas».[88]

Alguna prensa hablaba de que «se estaba tratando de echar tierra sobre el asunto» y el abogado en Madrid de la parte acusadora, Juan Francisco Martín de Aguilera, informaba que «los tramites sumariales se llevan con toda la celeridad posible, pese a los esfuerzos que realizan organizaciones políticas que apoyan a los procesados y no quieren que se celebrara el correspondiente juicio».[89]

En un spot publicitario del referéndum para la reforma política del Gobierno, se insertaron imágenes del cadáver de Ricardo García Pellejero y de Fernando Lucas Zaragoza, herido gravemente en la cabeza, y una panorámica general de Montejurra con la frase «habla pueblo, para que calle la violencia». Los abogados Pérez-Nievas y Martín de Aguilera presentaron un escrito en el Ministerio de Información y Turismo protestando. «El escrito señala que resulta ignominioso utilizar tales imágenes como eslogan anti-violento». Y en nombre de los padres de los asesinados y agredidos, «piden que las imágenes citadas se retiren, como señal de respeto a las víctimas, y de respeto a la verdad de los hechos. Solicitan, además que TVE explique públicamente los motivos de dicha retirada».[90]

El 4 de enero de 1977 el juez del TOP, Rafael Gómez Chaparro dictó el auto de conclusión del sumario. El abogado Martín de Aguilera manifestó que

piensa recurrir en base a determinadas irregularidades […] así como por considerar que no se han practicado todas las diligencias conducentes al mejor esclarecimiento de los hechos, y que tampoco han sido procesadas todas las personas cuya presencia entre los que intervinieron en los luctuosos sucesos está comprobada.[91]

El día 8 se informa de que «los dos acusados de asesinato de dos carlistas durante la concentración de Montejurra […] han sido puestos en libertad el sábado bajo fianza» de 300.000 pesetas García-Verde y de 200.000 Márquez de Prado. Por otra parte se anuncia la citación del ex-ministro Fraga como testigo por parte de la defensa, aunque «se ignora aún en qué fecha tendrá lugar el juicio». Respecto a Fraga se da también la siguiente noticia:

Ciertas personalidades de izquierda y numerosos periódicos acusaron formalmente al antiguo Ministro del Generalísimo Franco de haber sido informado previamente de la llegada a Montejurra de provocadores de extrema derecha y de no haber hecho nada para expulsarles del lugar de la concentración tradicional de los carlistas de izquierdas.[92]

El recurso contra el auto de conclusión del sumario que se presentó se basaba en varios aspectos: por una parte se dictó sin estar presente la parte querellante a quienes se les notificó el día 7 de enero de 1977 cuando se había dictado el día 4. En segundo lugar porque no habían sido practicadas todas las diligencias necesarias como «recoger el hilo conductor de lo que allí pasó. La preparación militar de que hicieron gala los atacantes […] el empleo de armas, la coordinación de todos los grupos que actuaron» por lo que «no puede tener otro reflejo jurídico penal que el de delito de terrorismo». En tercer lugar porque «no se pueden considerar concluidas las investigaciones contra el procesamiento de 3 personas, cuando intervinieron más de 500» y relacionan a medio centenar de ellas. Y por último porque no se habían agotado todas las diligencias en averiguación de los hechos. Entre otros:

No han declarado los directores de los periódicos El Pensamiento Navarro, El Alcázar, Brújula, Fuerza Nueva e Iglesia Mundo, «todos los cuales hicieron campaña» en relación con la «Operación Reconquista de Montejurra». No se ha investigado la presunta responsabilidad de los principales dirigentes de la asociación política UNE (entre otros, según el recurso, los señores Martín de Burgos, Zamanillo, Fagoaga, Merino, Bayod Pallarés, Araluce, Oriol y Urquijo (don Antonio) y Oriol y Urquijo (don Lucas). Tampoco se ha investigado sobre la presunta responsabilidad de los dirigentes de la Delegación Nacional de Ex-combatientes y Federación de Combatientes que «convocaron a la Operación, enviaron autobuses y facilitaron contraseñas y brazaletes». No se ha investigado sobre la actuación de determinadas autoridades, en especial el entonces Ministro de la Gobernación, señor Fraga, Director General de la Guardia Civil y Gobernadores civiles de Navarra y de Logroño, y, finalmente, añaden los recurrentes, que no se trató de localizar y obtener declaración de don Sixto de Borbón Parma.[93]

Se presentó también recurso contra la excarcelación de los acusados ya que «la libertad acordada contradice el código penal, en cuanto que los hechos –señala el recurso- llevan aparejada la pena de prisión mayor y reclusión menor». Y añade que las pruebas de la secuencia fotográfica muestra claramente el disparo de García-Verde sobre Aniano, y que «todos los indicios sumariales coinciden en atribuirle la dirección militar de los hechos» a Márquez de Prado.[94]

El Partido Carlista denunciaba, en un comunicado, la «mayor impunidad a las bandas asesinas de Ultra-Derecha [porque] el cierre del sumario sobre Montejurra y la puesta en libertad de los supuestos implicados en los homicidios, así lo demuestra».[95]

Según denunciaba el abogado de los querellantes, Martín de Aguilera, se rechazaron los recursos porque según decía el juez sobre los acusados, «se trata de dos personas excelentes y que se ha concedido la libertad en razón de la honorabilidad y bondad personal de ambos», por lo que dicho abogado añadió que «la impunidad que se ha asegurado a las fuerzas de extrema derecha en Montejurra, ha facilitado la actuación de éstas contra los abogados asesinados ayer», refiriéndose a la matanza de cinco abogados laboralistas en el despecho de la calle Atocha de Madrid.[96] Además, «considera el juez que las alegaciones presentadas en su día por el letrado Martín de Aguilera persiguen finalidades claramente extrajudiciales y tratan de proseguir indefinidamente unas actuaciones que pueden servir de base a la orquestación de una tenaz, dilatada e inmisericorde campaña pública de naturaleza política».[97] Por su parte, el abogado carlista, ante la denegación de los recursos, «está estudiando la posibilidad de plantear la responsabilidad personal del magistrado juez».[98]

El día 4 de febrero el abogado querellante solicitaba, por una parte, que los autos fueran devueltos al juez para depurar las responsabilidades a que hubiere lugar y, por otra, que se instara a las autoridades gubernativas a que suspendiera cualquier orden de expulsión de extranjeros de extrema derecha sin antes investigarlos, puesto que «había tenido conocimiento de una serie de arrestos entre extranjeros de nacionalidad italiana, argentina, cubana, croata y portuguesa, presuntamente dependientes de la llamada “internacional fascista”, y que esas nacionalidades, sorprendentemente, coinciden con las de los presuntamente implicados en los hechos de Montejurra».[99]

El sumario de Montejurra fue llevado muy lentamente, en secreto, y, además, hubo gran número de recursos. El juez no quiso ir más arriba de Martín García Verde, el tristemente famoso hombre de la gabardina que, empuñando una pistola, hirió de muerte a Aniano Jiménez Santos en Irache y que apareció en toda la prensa. De los que dispararon a la multitud en la cima de Montejurra matando a Ricardo García Pellejero, dijo que no se sabía nada. Cuando finalmente llegó la amnistía de 1977 ya se le dio el cerrojazo.[100]

Los hechos de Montejurra jamás fueron vistos en un juicio. Si en un principio el Gobierno los consideró asesinatos (como tales debían atenerse en el juzgado de Estella), posteriormente y tras el Decreto de Amnistía de 1977, pasaron a ser considerados como delitos políticos y por ello, los «presuntos autores» fueron amnistiados sin procedimiento judicial.

Los abogados de la acusación particular, en nombre de los heridos y de los familiares de los asesinados, intentaron desde un principio que se considerasen delitos políticos para poder llegar a los inductores, pero no lo consiguieron. Sin embargo, cuando se produjo la amnistía, de oficio y de forma oportunista, pasaron a ser considerados delitos políticos lo cual posibilitó su amnistía, cosa que no hubiera sucedido de haberse mantenido la calificación de simples asesinatos.[101]

6.- Nuevo gobierno de Suárez: continúa la ceguera y la represión.

El segundo gobierno de la monarquía, el de Adolfo Suárez, hombre del Movimiento que el rey había elegido para sustituir a Arias Navarro, comenzó el ejercicio del poder en junio de 1976. Este nuevo gobierno, del que había desaparecido la figura de Fraga Iribarne, no sólo no facilitó las cosas para la resolución de los crímenes de Montejurra, sino que continuó, en este asunto, con la misma política de ceguera o encubrimiento que el anterior gobierno, además de seguir reprimiendo al Partido Carlista, mientras recompensaba a los agresores con determinadas facilidades que luego se verán.

El 26 de mayo de 1976, el procurador en Cortes por Guipúzcoa y militante del Partido Carlista, Gabriel de Zubiaga Imaz, interpeló al Gobierno[102] con once preguntas de gran calado para que informara a la opinión pública española de lo sucedido en Montejurra 76. Sin embargo, ante la callada por respuesta del gobierno, y transcurridos nueve meses de los crímenes de Montejurra, el Partido Carlista decidió dar una rueda de prensa a la que asistieron 35 periodistas, 22 de ellos extranjeros, con algún infiltrado del servicio de información de la policía que, tras escuchar la lectura de la interpelación de Zubiaga y el coloquio subsiguiente, realizó una «grabación completa del mismo» para dar parte, junto al «Dossier» de la interpelación, a los superiores correspondientes.[103]Dicho dossier estaba formado por 1.- Solicitud de Interpelación oral; 2.- Comunicación de las Cortes de su remisión al Gobierno; 3.- Carta al presidente de las Cortes reiterando la Interpelación; 4.- Carta al presidente de las Cortes puntualizando hechos; 5.- Texto-guión de la Interpelación oral al Gobierno.

Entre las preguntas que Zubiaga hacía al gobierno conviene recordar, aunque sea en síntesis, algunas de ellas:

¿Por qué ese año, a diferencia de otros, no había habido contingentes de la Guardia Civil en el camino de ascensión a la cima de Montejurra? ¿Por qué, en Irache, donde sí había presencia policial y se produjeron disparos a la vista de los mismos, no se detuvo a los agresores a pesar de la insistencia de los carlistas? Si, como dijo el gobierno, lo ocurrido en Montejurra fue un enfrentamiento entre carlistas, ¿qué papel jugaban allí Araluce y Oriol, consejeros del Reino y Presidente del Consejo de Estado, y como justificar los viajes organizados y pagados por jefaturas del Movimiento? ¿Por qué mientras a Carlos Hugo se le prohíbe la entrada en España, a su hermano Sixto-Enrique le protege la Guardia Civil a pesar de que iba rodeado de gente armada? ¿Por qué después de los hechos en vez de cumplir la orden del juez de Estella de interrogar a Sixto-Enrique, se le expulsa de España? ¿Por qué la noche antes la Guardia Civil detiene a los carlistas que denuncian la presencia de gente armada en la cumbre y no les suelta hasta pasados los trágicos hechos? ¿Por qué el Gobernador Civil de Navarra, informado por los carlistas de la presencia de gente armada se limita a contestar que no tiene órdenes de actuación? ¿Por qué una semana antes el Ministro de exteriores, Areilza, comunica al Embajador de los Países Bajos que el Gobierno no se responsabiliza de la vida de Carlos Hugo y su esposa Irene de Holanda si acuden a Montejurra?

Finamente la interpelación de Zubiaga,

pide al Gobierno una aclaración sobre las razones, actuaciones en el fondo del asunto, responsabilidades, no de los meros ejecutores y sí de los que dieron órdenes de abstención de los agentes de la Autoridad, de los que actuaron a distancia, de los que manejaron los hilos siniestros. No se invoque el Art. 114 del Reglamento de las Cortes, por el que no pueden ser objeto de interpelación, los asuntos sometidos a los Tribunales, ya que, al menos de momento, los hechos de los que se pide explicación al Gobierno, no son materia del Juez-Especial nombrado para los sucesos de Montejurra.

En el texto-guión de la interpelación oral en las Cortes, Zubiaga amplia con muchos más detalles los once puntos iniciales, y afirmaba también que:

si el Jefe del Estado y su Gobierno conocían de antemano todo lo que se fraguaba y se consideraban incapaces de salvaguardar la vida de los asistentes, o bien se daba la paradoja de que una exigua minoría, algunos con cargos clave, dominaban la situación, o bien las esferas estatales podrían resultar cómplices, por acción u omisión.[104]

Según la revista Opinión, el mismo día que Zubiaga hacía esta interpelación en las Cortes, el 10 de enero de 1977, el Secretario General del Partido Carlista de Esukalherria, Mariano Zufía, recibía una amenaza de muerte por parte del «Sexto Comando Adolfo Hitler Orden Nuevo» acusándole «de que nuestros compañeros de Montejurra estén en la cárcel [y de] correr bulos sobre Aralue, echándole la culpa de Montejurra, y por eso azuzasteis a ETA para que lo asesinara» concluyendo en que «tú has sido sentenciado a muerte, así que prepárate a bien morir, que cualquier día te acribillaremos a balazos».[105]

En febrero de 1977, el Partido Carlista aún continuaba siendo ilegal. Sin embargo, según una notificación del Gabinete de Enlace del Ministerio de Información y Turismo al Sr. Ministro, decía que «la Comunión Tradicionalista se constituye en asociación política».[106] Este agravio comparativo de negar la legalización al Partido Carlista mientras se admitía la de la Comunión, lo reflejaba el Partido Carlista de Andalucía con la noticia en su boletín, llamado Andalucía Federal, con el siguiente encabezamiento: «El Gobierno legaliza a los pistoleros de Montejurra», y la acompaña con una foto de García Verde con la pistola en la mano, en Irache, acompañado de otra persona, y el siguiente pie de foto: «Junto al “hombre de la gabardina”, José Arturo Márquez de Prado, de la recién constituida “Comunión Tradicionalista”». En el texto se dice que el Partido Carlista no se rasgaba las vestiduras «ni ha puesto el grito en el cielo, por la legalización de la Comunión Tradicionalista, pues  no se trata de “peleas entre hermanos separados”, ni pleitos internos, como algunos manipuladores de la opinión pública, hoy demócratas de nuevo cuño, querrían hacer ver». Y añadía más adelante que «el Carlismo es un partido incómodo para los actuales mandatarios, porque no se presta ni a la manipulación ni al compadreo».[107]

A pesar de lo que se dice en Andalucía Federal, pensamos que no todos los miembros de la nueva Comunión Tradicionalista, legalizada en 1977, se identificaban con los agresores de Montejurra; muchos habían sido engañados.[108] A ella afluyeron después algunos de los escindidos de la antigua y genuina Comunión Tradicionalista/Partido Carlista, pero que no necesariamente tuvieron que ver con los agresores de Montejurra-76, que fueron sólo una minoría de aquéllos unidos a un conglomerado fascista internacional. En cualquier caso estaba claro que había un trato de favor por parte del gobierno hacia la nueva Comunión Tradicionalista y una clara discriminación y persecución contra el Partido Carlista.

Y es que por si no fuera suficiente mantener ilegal al Partido Carlista, los actos del Montejurra previstos para mayo de 1977 también fueron prohibidos por el Gobierno precisamente un mes antes de las primeras elecciones llamadas democráticas. La Hermandad del Vía Crucis, dependiente del Partido Carlista, en un comunicado de prensa protestaba por la negación de los actos a pesar de que, como siempre,

el que una solicitud registrada en el Gobierno Civil de Navarra el día 12 de marzo de 1977, convocada y realizada como todos los años, y pese a los ofrecimientos en contrario realizados por el señor Gobernador, obtenga su resolución el día 2 de mayo y a 5 días de la celebración de los actos solicitados, dejando sin valor ni efecto alguno el contenido de la propia resolución en lo que hace referencia al otorgamiento de 15 días para recurrir ante el señor Ministro de la Gobernación, pidiendo la efectiva puesta en práctica de la propia normativa legal a la que curiosamente se acoge la autoridad para negar los actos.[109]

La nota oficial del Gobierno Civil se amparaba en que «grupos separados están tratando de monopolizar la celebración poniendo así en peligro el mantenimiento de la ley y el orden y la libertad y seguridad individuales».[110] Y es que la ya legalizada Comunión Tradicionalista también hacía un llamamiento en una convocatoria firmada por Guillermo de Padura y dirigida a los carlistas y españoles «identificados con el 18 de julio […] a rezar por todos aquellos que generosamente murieron para la salvación de España frente al marxismo». Sin embargo no habían pedido permiso para dicho acto «por considerar que tienen la legitimidad de Montejurra».[111] El caso es que cuando supieron que el Gobierno había denegado la autorización a la Hermandad del Vía Crucis (dependiente del Partido Carlista), «la Comunión Tradicionalista informa que, prohibido el acto de Montejurra por la autoridad gubernativa, no asistirá este año a dicho monte y espera del gobierno impida […] sea profanado con la presencia de fuerzas disgregadoras, como sus “ikurriñas” y puños en alto».[112] En la misma línea también la «confederación de combatientes» de José Antonio Girón, pedía «se abstengan de asistir a dichos actos» en una nota firmada por el falangista de Fuerza Nueva Luis Valero Bermejo.[113] Quedaba claro que a toda la ultraderecha, tanto a la de los tradicionalistas como a sus comparsas, sólo les interesaba que se prohibiera el acto al Partido Carlista.

Pero parece claro que fue un pretexto prohibir el Montejurra por el «peligro» que suponía el que «grupos separados están tratando de monopolizar la celebración», puesto que al Partido Carlista también se le prohibió otro acto, «un mitin que este partido iba a celebrar en Villava» (Navarra) y que «al no poder celebrar el acto en el frontón donde estaba programado, unas 400 personas se reunieron al aire libre» bajo la atenta vigilancia de la Fuerza Pública. Por si esto fuera poco, «24 personas fueron detenidas la semana pasada en Pamplona, Estella, Viana y Tafalla por colocar carteles convocando al Montejurra […] y algunos pasaron a declarar al juzgado».[114]

El día 8 de mayo, el gobierno pensaba que tenía controlada la situación dado que las fuerzas de seguridad desviaban «un cierto número de vehículos, turismos y autobuses que se dirigían a las zonas de Estella y Montejurra». Sin embargo, «hay grupos que tratan de unirse para dirigirse a otros lugares no previstos».[115]Efectivamente, siguiendo las consignas del Partido Carlista, unos 1500 militantes consiguieron reunirse en Javier, al sudeste de Pamplona y a unos 80 km. de Estella. El delegado del Ministerio de Información y Turismo informaba de que «se les ha tolerado que pudieran reunirse en Javier, para no provocar conflictos».[116]

Los agravios del gobierno contra el carlismo no cejaron ni siquiera después de las elecciones. En el mes de junio de 1977, todavía sin legalizar su Partido,

el abogado carlista, Juan Francisco Martín de Aguilera, acusador particular en el sumario abierto tras los luctuosos sucesos que tuvieron lugar en Montejurra el pasado año, ha presentado un escrito de denuncia en el juzgado de guardia. En el solicita que, «al haber tenido conocimiento por la prensa de que se encuentra en Madrid Sixto-Enrique de Borbón Parma» sobre el que está pendiente un requerimiento por edicto del juzgado de Estella de 13 de mayo de 1976, que no pudo ser cumplimentado al haber sido expulsado al día siguiente del país por el entonces Ministro de la Gobernación, señor Fraga Iribarne, y no pudiendo por la misma causa accederse a las repetidas solicitudes de acusación particular para que prestase declaración se tomen las medidas oportunas a la mayor urgencia para evitar que pueda eludir de nuevo la acción de la justicia.[117]

La petición del abogado no tuvo ningún efecto. Más aún, el día 1 de julio, Sixto continuaba en Madrid en un funeral por su padre. Efectivamente, al margen de los funerales organizados por el Partido Carlista en memoria de don Javier –que había muerto dos meses antes-, Sixto y «los mismos que se habían dedicado durante años a combatirlo, el Gobierno y los integrantes de esa “peña” de amigos llamada Comunión Tradicionalista» organizaron otro funeral en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid.

Sin embargo, con ser indignante este hecho, lo verdaderamente asombroso es la presencia de Sixto, acompañado de doña Magdalena y de su hermana Francisca de Lubkobwicz, a pesar de la orden de expulsión todavía vigente, contra la familia Borbón Parma y por encima de la requisitoria judicial que aun pesa sobre Sixto. Pero por si esto fuera poco, todavía se dio en este rocambolesco montaje, un ingrediente […] al co-presidir la celebración nada menos que don Carlos de Borbón Dos Sicilias, Duque de Calabria, […] como representante oficial de Juan Carlos. Como corifeos, la plana mayor del fascismo español: Mariano Sánchez Covisa, Blas Piñar, Ricardo Merino, José Arturo Márquez de Prado, etc… Ni una boina roja; sin embargo varias camisas azules e insignias de FN y un escogido cordón de escolta de activistas de la ultraderecha madrileña.

Consideramos que esta presencia constituye sin lugar a dudas, el espaldarazo formal de la Monarquía franquista a la línea fascista de Sixto, realizado ya sin pudor, a la luz del día, contraviniendo disposiciones anteriores y órdenes judiciales, quedando patente la discriminación con Carlos Hugo y el Partido Carlista, demostrando por otro lado lo que ya afirmamos […] al ubicar a Juan Carlos en el epicentro de la conspiración. […]

De nada sirvió la denuncia del Partido Carlista para que se le tomase declaración por lo sucedido en Montejurra, pues ya estaba de vuelta en París utilizando su nuevo pasaporte maltés, después de pasearse tranquilamente por Madrid y de dar conferencias de prensa en el Hotel Ritz, acompañado de los más directamente implicados en los asesinatos.[118]

7.- Epílogo:

El Partido Carlista no cejó en su empeño de hacer, al menos, un poco de justicia en favor de las familias de Aniano Jiménez Santos y Ricardo García Pellejero para que se les reconociera como víctimas del terrorismo. Para lo cual mantuvo una lucha judicial durante 27 años hasta que consiguió su objetivo. Lo que no pudieron conseguir es implicar legalmente a los más altos responsables de este primer crimen de Estado de la Monarquía franquista.

Y es que, tampoco los gobiernos de la democracia -ni el central ni el navarro-, parece que facilitaron las cosas al Partido Carlista, ni siquiera por lo que se refiere al reconocimiento de los muertos y heridos del Montejurra de 1976 como víctimas del terrorismo.

Fue el abogado tudelano, José Ángel Pérez-Nievas, fallecido en 2008, que durante muchos años fue también Secretario General del Partido Carlista de Euskalherria (EKA) y posteriormente de Navarra, quien ante la imposibilidad legal de poner la «X» al primer responsable de la masacre de Montejurra, no cejó en su lucha para conseguir, al menos, que a los asesinados y heridos se les considerase víctimas del terrorismo. Fue una ardua labor que intentaremos sintetizar.

El dos de mayo de 1990 José Ángel Pérez-Nievas, en nombre del Partido Carlista, remitió un escrito a la Presidencia del Gobierno de Navarra solicitando ayudas para las familias de los asesinados Ricardo y Aniano en base a un acuerdo adoptado por el Parlamento navarro para «las víctimas de actos terroristas que tuvieran lugar en Navarra y aplicado con criterios de gran amplitud y generosidad». A esta petición no hubo repuesta ni por parte del gobierno del PSOE, ni de UPN, ni del posterior tripartito. Oficiosamente se les dijo que no iban a contestar, y así fue al menos hasta 1996.[119]

Cuando en 1996, se cumplían 20 años de los asesinatos de Aniano y Ricardo, el Ayuntamiento de Estella-Lizarra acordó homenajear a las víctimas. «El único que se opuso a que se dedicara una calle a aquellos muertos […] fue UPN (sucursal navarra del PP)»[120]

Posteriormente el Gobierno de Aznar acordó que absolutamente todas las víctimas del terrorismo, fueran reconocidas y sus familiares indemnizados. Para ello se hizo un acto institucional en el que, una vez más, ningún familiar de Ricardo o Aniano recibía invitación para ser homenajeados.[121] Por el contrario, uno de los considerados como agresor en Montejurra 76, José María Arrizabalaga, asesinado por ETA en 1978, fue reconocido por el Ministerio del Interior como víctima del terrorismo en agosto de 2000.[122]

Para el 3 de diciembre de 2000, el Gobierno de Navarra preparó otro homenaje en el que el Partido Carlista instó «para que en la relación se incluyera a nuestros compañeros, lográndose que sus familias fueran invitadas en igualdad de condiciones que las de los demás asesinados». Pero cuando los familiares de Ricardo y Aniano recibieron las correspondientes diplomas, en el reverso, y solamente en los de ellos, decía: «La DEDICATORIA de este DIPLOMA realizada a solicitud del interesado no constituye de por sí reconocimiento legal de situación o derecho alguno como víctima del terrorismo, lo que en todo caso se tramita para los derechos que establecen las normativas legales». Era una auténtica discriminación y un agravio comparativo con las demás víctimas.[123]

La asociación «Gesto por la Paz» también quiso hacer otro homenaje a todas las víctimas del terrorismo el 24 de diciembre de 2000 y elaboraron una enorme pancarta con el nombre de todos de todos los asesinados. El Partido Carlista realizó las gestiones pertinentes para que en dicha pancarta se incluyeran los asesinados en Montejurra. Pero tampoco aquí aparecieron los nombres de Ricardo y Aniano. Reunido el Comité del Partido Carlista de Euskalherria (EKA), el 8 de enero, acordó presentar una protesta y a la vez se preguntaba quien controlaba y subvencionaba a dicha organización. Al final, el comunicado de EKA decía que si «tienen intención de incluir en “su” particular y exclusiva relación de “Victimas del Terrorismo” al recién condecorado Melitón Manzanas, olvídense ya definitivamente de Ricardo y Aniano, no se merecen más agravios».[124]

La madre de Ricardo García Pellejero informó a los abogados carlistas que el 13 de Marzo del 2001 había recibido, del Ministerio del Interior, una segunda respuesta negativa a su solicitud de reconocimiento de Ricardo y Aniano como víctimas del terrorismo.[125] En la resolución se repetía una vez más que «fue un enfrentamiento», cuando ya se había producido una primera «concesión» como víctimas de terrorismo, pues el Ministerio hacía «oídos sordos al reconocimiento del Gobierno de Navarra el 3-12-2000 al incluirlas en el homenaje a las víctimas del terrorismo» aunque hubiera sido de forma discriminatoria con respecto a las demás víctimas. También se decía en la resolución del Ministerio que «lo actuado entonces en vía judicial no determina que en la comisión del acto delictivo mediase una banda armada -menos aún un acto terrorista-, ni consigue poner de manifiesto un nexo causal entre los hechos constitutivos del citado tipo y el resultado lesivo producido». Sin embargo, para el periodista Femín Pérez-Nievas, hijo del abogado querellante,

estas afirmaciones del ministerio chocan con una sentencia del Tribunal Civil y Penal de Milán de 1992 donde Augusto Cauchi y Stefano delle Chiaie (presentes en Montejurra’76) son acusados de crear una banda armada para, entre otros desórdenes, organizar los sucesos de Montejurra en colaboración con altos cargos de los servicios de la Seguridad del Estado. […]

Por los datos referidos, no parece acertada la opinión del Ministerio del Interior de que se trató de dos facciones enfrentadas (hay que pensar que sólo hubo heridos y fallecidos en una de las supuestas partes enfrentadas).[126]

A finales del año 2003, más de 27 años después de los asesinatos y tras una incansable labor del Partido Carlista y de su abogado José Ángel Pérez-Nievas, Diario de Noticias de Navarra, informaba de que la Audiencia Nacional reconocía, por fin, que Aniano y Ricado fueron víctimas del terrorismo, en contra de lo que durante dos años estuvo manteniendo el Ministerio del Interior, con lo que se obligaba al departamento dirigido por Ángel Acebes, además, a indemnizar a los familiares de las víctimas tal como marca la Ley 32/99 del 8 de octubre. La sentencia señala que las muertes se produjeron «por la actuación de una persona integrada en una banda o grupo armado». Los nombres de las víctimas aparecen por tanto en la «relación estadística del gabinete de Administración, Documentación e Informática sobre víctimas del terrorismo del Ministerio del Interior (folio 87 y 88 del expediente administrativo tomo II), en los que figura grupo autor y en el interior de la casilla correspondiente c. tradicionalista». Este dato fue descubierto por el abogado de las madres de los fallecidos (Pérez-Nievas) al pedir la documentación existente al respecto, información que hasta el momento desde este departamento se había ocultado.

El diario navarro continuaba afirmando que, sin embargo, la Audiencia Nacional, frente a las pruebas presentadas en numerosas ocasiones por el Partido Carlista y que implican a Manuel Fraga (entonces Ministro de la Gobernación) y a Adolfo Suarez (Ministro Secretario General del Movimiento en 1976), califican los sucesos de aquella mañana nublada de mayo como de «enfrentamiento entre los partidarios de Sixto de Borbón y los seguidores de Hugo Carlos de Borbón, tratando de obtener uno y otros la primacía de los actos religiosos y políticos programados conforme a ideologías divergentes aunque insertas en el Partido Carlista del que constituyen dos facciones distintas».[127] Es decir, pese a todo, la Audiencia Nacional no sólo continuaba con la cantinela de «enfrentamiento», sino que, además, mentía al definir a los agresores no como grupo neofascista internacional, sino como «c. tradicionalista» con lo que así podían aventurarse a añadir que era una de las «ideologías divergentes insertas en el Partido Carlista». En cualquier caso la Comunión Tradicionalista a la que, como ya se ha dicho, se apresuraron a legalizar, no tenía nada que ver con el Partido Carlista al que no legalizaron hasta después de las primeras elecciones (¿democráticas?) de 1977.

A pesar del reconocimiento final de Aniano y Ricardo como víctimas del terrorismo con todas sus consecuencias, Pérez-Nievas publicó un artículo titulado «Comentarios a una sentencia reparadora» en contra de esas consideraciones de la Audiencia Nacional tan erráticas desde el punto de vista del Partido Carlista, en la que clarificaba las que a su parecer eran injustas afirmaciones. «Ciertamente la sentencia no es la que hubiéramos querido» dice el abogado carlista ya fallecido.[128]

La Audiencia Nacional reconocía a Aniano y Ricardo como víctimas del terrorismo pero mintió al definir a los autores; tuvo un especial interés en dejar escrito que los terroristas eran unas facciones «insertas en el Partido Carlista», así, en mayúsculas especificando como grupo autor a la «c. tradicionalista» así, en minúsculas. Todo ello era radicalmente falso puesto que la realidad fue que las víctimas formaban parte de los convocados por el Partido Carlista, y los terroristas (autores materiales, no los inductores) fueron un grupo neofascista internacional entre los que se encontraban algunos miembros de la «c. tradicionalista» que, como ha quedado claro, nada tenía que ver con el Partido Carlista que era el objetivo y la víctima de los terroristas.

¿Por qué se pusieron tantos inconvenientes para reconocer como víctimas a dos pacíficos carlistas como Aniano y Ricardo y tantas facilidades para aceptar impunemente como víctima del terrorismo a un torturador como Melitón Manzanas? ¿Por qué jamás se intento por parte de los poderes del Estado seguir el hilo investigador de los sucesos de Montejurra 76 más allá de los autores materiales? Tal vez en el futuro, una investigación histórica sin prejuicios y con acceso a posible documentación clasificada pueda dar una respuesta más concluyente que la que aquí hemos apuntado.

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Archivos

Archivo General de la Administración (AGA) Alcalá de Henares-Madrid.
Arxiu Carlista Miralles (ACM) Castelló.
Arxiu Històric Municipal d’Elx (AHME) Elx-Alacant.

Prensa

Andalucía Federal
Cambio 16
Diario de Noticias
Levante
Diario 16
El Federal
El País
Iglesia Mundo
La Vanguardia
Opinión
Semanal Diario 16
Zutik

[1] GRIMALDOS, Alfredo, La sombra de Franco en la Transición, Oberon, Madrid, 2004, p. 125

[2] Esa evolución quedó constatada en BORBON PARMA, Carlos Hugo, La vía carlista al socialismo autogestionario. Proyecto carlista de socialismo democrático, Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1977.

[3] La abdicación de D. Javier a favor de Carlos Hugo se produjo el 8 de abril de 1975. [ACM, Cª J/29, 30, 31 y 32]

[4] JAÚRGUI, F. y VEGA. P. Crónica del antifranquismo, Planeta, Barcelona, 2007, p. 523.

[5] En febrero de 1968 un abogado madrileño denunció a la Comunión Tradicionalista por estar «al margen del Movimiento» [ACM, Cª J/5]; plan para desmantelar a la Junta de Gobierno carlista y desprestigiar a los Borbón Parma [AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 2 «El carlismo después de Montejurra» 5-5-1971.]; en octubre de 1972 se publicaron unas falsas declaraciones de la esposa de Carlos Hugo a la revista alemanaBild amb Sonntag[ACM, Cª J/18]; en abril de 1974 una inexistente «Junta Nacional de Requetés» clama contra Carlos Hugo teniendo como altavoz a la revista Fuerza Nueva[ACM, Cª J/23]; en julio de 1976 el coronel mutilado y dirigente del Partido Carlista de Sevilla, Ignacio Romero, es desposeído de la Cruz de la Orden de San Hermenegildo [ACM, Cª J/47]

[6] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Asunto: Carlismo (“Montejurra”)» 12-4-75

[7] AGA, Cultura, 42/8924, Carpeta 3. «Asunto: Escrito de Sixto de Borbón Parma a su hermano Carlos Hugo» 22-1-1976

[8] AGA, Cultura, 42/8924, Carpeta 5. «Asunto: Dificultades en la reorganización de la Comunión Tradicionalista» 4-3-1976

[9] ACM, Cª H/14, recorte de prensa de La Vanguardia

[10] En el primer lustro de los años setenta se produjeron diversas escisiones de signo tradicionalista en la organización carlista, siendo las que culminaron de forma más importante, las de Valencia y Sevilla [AGA, Cultura, 42/8924, 4 y 5]

[11] AGA, Cultura, 42/8924,2

[12] AGA, Cultura, 42/8924,5

[13] Opinión, nº 16, 22-28 enero, 1977. En este número aparece un amplio reportaje sobre el Montejurra 76 titulado «¿Hay más culpables?» fruto de la investigación realizada por los periodistas Paloma Zuloaga, Ander Landaburu y Manuel Trives.

[14] ACM, Cª H/20

[15] Santiago BELLOCH, Interior. Los hechos clave de la Seguridad del Estado en el último cuarto de siglo,Ediciones B, Barcelona, 1998, p. 47; manuscrito en pp. 671-681.

[16] Según el Informe Montejurra 76-96, op. cit. pp. 22-23, la financiación tuvo su origen en varias fuentes: 15 millones de pesetas de la Secretaría General del Movimiento, cuyo ministro era Adolfo Suárez; 42 millones de José Mª de Araluce Presidente de la Diputación de Guipúzcoa y Consejero del Reino en 1976 –asesinado poco después por ETA-; y 8 millones de Antonio Mª de Oriol y Urquijo, Presidente del Consejo de Estado. Por su parte, Josep Carles CLEMENTE, en el prólogo a María Teresa de BORBÓN PARMA, La Transición desde el Frente Exterior, Magalia, Madrid, 2001, p. 21, dice que «Manuel Fraga Iribarne, habilita un fondo de varios millones de pesetas para arrebatar a los carlistas el acto de Montejurra. Externamente tenía que parecer que era una disputa entre dos sectores del Carlismo…» La revista Opinión nº 16 también hace referencia a la subvenciones y al apoyo oficial. Igualmente Cambio 16, nº 232, 17-23 mayo 1976 se refiere a los apoyos oficiales y hace un primer balance de los hechos. Sobre las subvenciones y el asesinato de Araluce ver la versión de ETA en Zutik, nº 67, noviembre, 1976.

[17] Evaristo OLCINA, «Las hermosas primaveras» en Montejurra 1976-2006, Ed. Arcos, 2006, p. 19.

[18] ZAVALA, J.M. «Montejurra 76: independencia ideológica del carlismo» enMontejurra 1976-2006, Ed. Arcos, 2006, p. 25. Este mismo artículo, con el título «Yo acuso: La operación Montejurra 76 se montó desde el Gobierno», puede verse enSemanal Diario 16, nº 123, 29-enero-1984.

[19] Informe… op. cit. pp. 19-20

[20] Idem. pp. 20-21.

[21] Idem. p. 21

[22] CLEMENTE, J.C. Historia General del Carlismo, Servigrafint, Madrid, 1992, p. 963.

[23] Informe… op. cit. p. 22. Recuérdese que toda la familia Borbón Parma había sido expulsada de España en 1968 por el general Franco.

[24] AGA, Cultura, 42/8924, Carpeta 3. «Asunto: Escrito de Sixto de Borbón-Parma a su hermano Hugo Carlos» 22-1-1976.

[25] Informe… op. cit. pp. 22-31. Sobre los llamamientos de la prensa a la «Reconquista» ver pp. 99-103.

[26] Informe…, op. cit.  p. 34: fotocopia con membrete y sello del Ayuntamiento, firmado por el alcalde de Briñas.

[27] El País, 9-5-2006. Sobre las importantes declaraciones de denuncia del general Sáenz de Santamaría puede verse su versión en la primera parte de la web:http://avired.com/confederacion/index.htm. En estas declaraciones aparecen intercalados unos comentarios tratando de contrarrestar la obsesión del general –y de otros miembros del gobierno- de que fue un enfrentamiento de dos facciones del Partido Carlista. Ver también, del periodista Santiago Belloch: http://www.eka-partidocarlista.com/asesinatos.htm.

 

[28]Informe... op. cit. pp. 33-35. Este informe, que aporta cantidad de documentos de todo tipo como llamamientos y proclamas desde instancias oficiales, el modelo de tarjeta autorizada, cartas amenazantes, planos, fotos, dibujos, etc., continúa después con el relato cronológico de los hechos. La segunda edición de 1996 -que en realidad era la tercera-, incluye al final otros documentos que contribuyen a esclarecer un poco más los entresijos y oscuros intereses políticos de este luctuoso suceso.

[29] Según Zavala, «con la aportación de cuantiosos medios trasladan al pie de Montejurra un numeroso contingente de falangistas y de viejos tradicionalistas sentimentales que, engañados quedan desconcertados ante los hechos que allí ocurren y por la presencia entre ellos de fascistas españoles y extranjeros» ZAVALA, J.M. «Montejurra 76: independencia ideológica del carlismo» en Montejurra 1976-2006, Ed. Arcos, 2006, p. 24

[30] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3 «Asunto: Campañas para “Montejurra-76″» 5-5-76

[31] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Asunto: Montejurra, 76» 5-5-1976.

[32] Idem, 8-5-1976.

[33] AGA, Cultura, 42/8924, Carpeta, 2. 8-5-1976.

[34] MARTÍN DE AGUILERA, J.F. «Montejurra 76: La agresión y la última intentona de impedir lo inevitable» enMontejurra 1976-2006, Ed. Arcos, 2006, pp. 40-42.

[35] Entrevista a José Ángel Pérez-Nievas en: PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento y marea. Historia de la evolución ideológica del carlismo a través de dos siglos de lucha. Fundación Amigos de la Historia del Carlismo, Lizarra, 1999, p. 225.

[36] Opinión, nº 16, 22-28 enero 1977.

[37] ONRUBIA, J. «A modo de introducción Montejurra 76: 30 años después» enMontejurra 1976-2006, Ed. Arcos, 2006, p. 4.

[38] Cambio 16, nº 232, 17-23 mayo 1976.

[39] CUBERO, J. «Montejurra 76: en el contexto de los años de plomo» en Montejurra 1976-2006, Ed. Arcos, 2006, pp. 78-85. Del mismo autor, ver: CUBERO, J. «Montejurra 76. Un intento de interpretación» en TUSELL, J. Y SOTO, A. (Dir) Actas del Congreso Internacional Historia de la transición y consolidación de la democracia en España (1975-1986), Vol. I, pp. 29-48, UNED-UAM, 1995. También sobre la internacional negra que actuó en Montejurra 76 ver, GONZÁLEZ, E. «Más allá de Montejurra. Terrorismo derechista»Kaosenlared, 03-04-2006http://old.kaosenlared.net/noticia/mas-alla-montejurra-terrorismo-derechista

[40] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» 10-5-1976. A su regreso de Venezuela Fraga explicaba a la los periodistas que «el gobierno se encuentra investigando el suceso del tiroteo en Montejurra y que encausará a los responsables del hecho» Añadió «que si la policía no hubiera intervenido en Montejurra, se habrían producido muchas más muertes» [Idem, 13-5-76]

[41] Iglesia Mundo, nº 112, 2ª quincena-V-67, en Informe… op. cit, pp. 109-110.

[42] Idem. nº 113-114, junio de 1976, en Informe… op. cit., p. 111.

[43] Opinión, nº 16, 22-28 enero 1977.

[44] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Pyresa, 10-5-1976.

[45] BADÍA, J. «Els fets de Montejurra 1976: una experiencia personal» en VIII Seminari d’Historia del Carlisme. Miscel·lània carlina, Fundació Pública Comarcal Francesc Ribalta, Solsona, 2006, p. 137. (Traducido del catalán por el autor). También el Procurador en Cortes carlista Gabriel Zubiaga, obtuvo la misma respuesta de la Benemérita: que «tenían orden de no intervenir» cuando denunció a «unos individuos que tranquilamente hacían ostentación de pistolas» El Federal, nº 9, mayo 2001, Suplemento Montejurra 76. 25 años, p. III. Ver también una versión parecida enOpinión, nº 16, 22-28- enero 1977.

 

[46] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Pyresa, 10-5-1976. Por su parte, Europa Press se hace eco estas otras palabras de Zavala: «Esta sangre –afirmó- la han derramado aquellos que dicen que están defendiendo la tradición, que están defendiendo la religión, y resulta que son los que están al lado de la oligarquía capitalista que luchó siempre contra el carlismo: la monarquía liberal capitalista y al lado de las instituciones que durante siglo y medio lucharon contra el carlismo. Hace cien años –agregó el Sr. Zavala- se derramó sangre también. Íbamos contra la clase dominante, que son a quienes representan esos de allí arriba que nos han recibido con metralleta impunemente» [AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Europa Press, 10-5-1976].

[47] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Agencia Pyresa, Teletipo de 10-5-1976.

[48] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Agencia Logos, Teletipo 10-5-1976.

[49] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Agencia Europa Press, Teletipo, 10-5-1976. El abogado Pérez-Nievas hace referencia también a la quema de «una furgoneta llena de “Pensamientos Navarros”» no de El Alcázar como se dice aquí. Entrevista a José Ángel Pérez-Nievas en: PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento, op. cit. p. 221.

[50] Algunos testimonios en este sentido pueden verse en Opinión, nº 16, 22-28 enero 1977. Ver tambiénCambio 16, nº 232, 17-23 mayo 1976.

[51] García Verde es el que mató a Aniano Jiménez Santos en Irache.

[52] Semanal Diario 16, nº 123, 29-enero-1984. Márquez de Prado que ahora se presenta como víctima inocente, diez años antes –el 8-12-73- ya había encabezado –junto a otros de los agresores de Montejurra- un beligerante «Manifiesto del Requeté» en donde se dice refiriéndose al Partido Carlista: «Hablan de una revolución nueva, llevada a cabo por Carlistas y Marxistas, pero nuestra Cruzada demostró que los únicos puntos de contacto entre Carlistas y Marxistas son la trinchera y la bayoneta». LLOPIS, F., Montejurra. Tradición contra Revolución, Editorial Bonaerense, Buenos Aires, 1976, p. 13. En este mismo libro -donde se inserta también el «Manifiesto de Don Sixto Enrique de Borbón»-, en el prólogo, refiriéndose a «los autogestionarios huguistas» se dice: «Llegó la comitiva bolchevique con puños en alto, cantando la Internacional […] Allí estaban para esperarles silenciosos y resueltos requetés […] La Revolución no logró su propósito; fueron detenidos… y con muertos. Muertos que pertenecían todos a organizaciones marxistas; en lo que parece verse la mano de la justicia divina».Idem, pp. 8-9. En la contraportada se anuncia al lector argentino que conocerá «los motivos por los que el príncipe Don Sixto Enrique de Borbón Parma con requetés, falangistas y legionarios decidió la reconquista del monte». Como puede verse este autor trata de ocultar la fundamental intervención también de la internacional neofascista y, por supuesto de las cloacas del Estado.

[53] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Agencia Pyresa, Teletipo, 10-5-1976.

[54] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación, 10-5-76, 20:15 horas.

[55] BADÍA, J. «Els fets de Montejurra 1976: una experiencia personal» en VIII Seminari op. cit. pp. 137-142.

[56]AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Disuelta asamblea de estudiantes».

[57] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Manifestación sucesos Montejurra» 11-5-76.

[58] Bayot Pallarés desmintió su presencia afirmando que llegó «después de que los luctuosos incidentes se hubieran producido» en Irache, y que de «lo sucedido en la cima del monte se enteró al día siguiente» [AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3 «Niega participación sucesos Montejurra» Logos, 11-5-76]

[59] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Agencia Europa Press, Teletipo, 10-5-1976.

[60] En AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, aparecen noticias de agencias que informan de ello.

[61] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Si no se aclaran hechos Montejurra dimitirá Ayuntamiento» Logos, 12-5-76

[62] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Firmas vecinos de Estella pidiendo dimisión alcalde» Agencia Pyresa, 18-5-76..

[63] Informe…, op. cit. p. 48

[64] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Teletipo de Europa Press, 12-5-76 y diversas notas de «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» Tras la muerte de Aniano, el día 13, se realizaron otros funerales en diversas capitales como Santander, Vitoria y San Sebastián, con manifestaciones o intentos de llevarlas a cabo, disueltas por la policía. [Ídem, 15-5-76]. En Bilbao fueron detenidos «los abogados bilbaínos Luis María Uruñuela Oceja y Joaquín María Nebreda Pérez […] a raíz del intento de manifestación de un centenar de carlistas en la calle Irala» [AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Europa Press, 17-5-76].

[65] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3 «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» 13-5-76.

[66] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Orden a todas las fuerzas de Orden Público para que identifiquen y detengan a los presuntos responsables de los sucesos de Montejurra» Europa Press, 13-5-76

[67] BADÍA, J. «Els fets de Montejurra 1976: una experiencia personal» en VIII Seminari… op. cit. p. 142.

[68] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Sucesos de Montejurra: Diligencias Judiciales». Agencia Cifra, 13-5-76

[69] Entrevista a José Ángel Pérez-Nievas en: PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento, op. cit. p. 223..

[70] Opinión, nº 16, 22-28 enero 1977.

[71] CLEMENTE, J.C. Historia General… op. cit. p. 983. Todo el documento de la querella se puede ver entre las pp. 983 y 988, donde aparecen, además, todos los nombres de presuntos implicados y testigos propuestos.

[72] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» 14-5-76.

[73] Entrevista a José Ángel Pérez-Nievas en: PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento, op. cit. p. 226.

[74] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» 15-5-76.

[75] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Agencia Cifra, 18-5-76

[76] «Nosotros recogimos, y entregamos al juzgado, cajas de munición de la Fábrica Nacional de Truria, o sea, de munición militar». Entrevista a José Ángel Pérez-Nievas en: PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento, op. cit p. 222.

[77] Entrevista a José Ángel Pérez-Nievas en: PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento, op. cit. pp. 223-224.

[78] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» 18-5-76.

[79] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3. Europa Press, 18-5-76.

[80] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Carta del Gabinete de Enlace al Ministro de Información y Turismo, 16-6-1976.

[81] CLEMENTE, Josep Carles y COSTA, Carles S. Montejurra 76. Encrucijada política,La Gaya Ciencia, Barcelona, 1976.

[82]AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipos de Pyresa, 6-7-76; Europa Press, 7-7-76; Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación, 7-7-76.

[83] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo Pyresa, 24-7-76.

[84] Informe…, op. cit. p. 48.

[85] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Pyresa, 24-7-76.

[86] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo Cifra, 30-7-76.

[87] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Logos, 13-8-76.

[88] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipos de Cifra, 9-9 y 2-10-76.

[89] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo Cifra, 18-11-76.

[90] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Europa Press, 10-12-76.

[91] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo Cifra, 7-1-77 y Europa Press, 8-1-77 donde se anuncia también el Decreto-Ley de supresión del TOP. (El sumario 1.847/76 pasó al de instrucción nº 21 con el mismo juez). Sobre la clausura del TOP y sus consecuencias en el caso de Montejurra 76 ver: Semanal Diario 16, nº 123, 29-enero-1984.

[92] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación, 8-1-77.

[93] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Logos, 11-1-77.

[94] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Cifra, 14-1-77.

[95] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Informe de la Comisaría General de Información, 25-1-77.

[96] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Europa Press, 25-1-77.

[97] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Cifra, 27-1-77.

[98] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Pyresa, 27-1-77.

[99] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Europa Press, 4-2-77.

[100] Entrevista a José Ángel Pérez-Nievas en: PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento, op. cit. p. 224.

[101] PÉREZ-NIEVAS, F. Contra viento, op. cit. p. 200. Ver texto íntegro de la sentencia de la amnistía enInforme… op. cit. pp. 146-148, en donde de insiste interesadamente en que «se enfrentaron» dos grupos, partidarios de Sixto y de Carlos Hugo, «de ideologías diferentes aunque insertas en el Partido Carlista […] haciendo uso, unos y otros de los componentes de los grupos enfrentados, de armas de fuego […] cuyo Partido, en uno u otro matiz, propende a lograr una organización del Estado y una forma de gobierno dinástico distinto del actual…»

[102] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Teletipo de Logos, 13-8-76.

[103] Un extracto de la cinta grabada por la «Comisaría Gral. De Información» en: AGA, Cultura, 42/8924, Carpeta 11, 12-1-77.

[104] AGA, Cultura, 42/8924, Carpeta 11, Rueda de Prensa del Partido Carlista, 11-1-77.  Todo el dossier puede verse también en el Informe… op. cit. 123-133.

[105] Opinión, nº 16, 22-28 enero 1977.

[106] AGA, Cultura, 42/8923, Carpeta 3, «nota informativa» 9-2-1977

[107] AHME, A-741/S, Andalucía Federal, nº 1, marzo, 1977.

[108] Según manifestaciones de actuales miembros valencianos de la Comunión Tradicionalista Carlista (nueva formación integrista fundada en 1986) fueron engañados por Sixto y sus lugartenientes en 1976.

[109] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, «Protesta por denegación actos  Montejurra» Agencia Cifra, 6-5-1977.

[110] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, «Difusión informativa de la Dirección General de Coordinación» 3-5-77.

[111] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, «La “Comunión Tradicionalista” a Montejurra», Agencia Cifra, 22-4-77.

[112] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, «La Comunión Tradicionalista anuncia que no acudirá este año a Montejurra», Europa Press, 5-5-77.

[113] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Agencia Logos, 6-5-77. Valero Bermejo que fue Gobernador de Navarra entre 1949 y 1954 ya tuvo enfrentamientos con los carlistas según Aurora VILLANUEVA en El carlismo navarro durante el primer franquismo, Actas, Madrid, 1998, pp. 394-470.

[114] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, Agencia Cifra, 25-4-77. Las detenciones por colocar carteles convocando al Montejurra se produjeron también en otros lugares de España como en la ciudad de Castellón de la Plana donde tenemos constancia que fueron 8 los detenidos. Diario Levante, 24-4-77.

[115] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, «Difusión informativa de la Dirección General de Coordinación» 8-5-77, 11:55 horas.

[116] AGA, Cultura, 42/8922, Carpeta 3, «Difusión informativa de la Dirección General de Coordinación» 8-5-77, 17:00 horas.

[117] AGA, Cultura, 42/8924, Carpeta 2, «Denuncia sobre presencia en España de Sixto de Borbón» Agencia Pyresa 27-6-77.

[118] Informe… op. cit pp. 133-134

[119] Informe… op. cit. pp. 160-161.

[120] El Federal, nº 8, enero, 2008, p. 13.

[121] Ídem.

[122] El Federal, nº 9, mayo 2001, Suplemento Montejurra 76. 25 años, p. IV.

[123] El Federal, nº 8 enero 2001, p. 13.

[124] Ídem. Melitón Manzanas fue un conocido inspector de la Brigada político-social franquista en San Sebastián, acusado de colaboración con los nazis y de torturador, que fue uno de los primeros asesinados por ETA en tiempos de la dictadura, en 1968.

[126] El Federal, nº 9, mayo 2001, Suplemento Montejurra 76. 25 años, p. IV.

[127] Diario de Noticias de Navarra, 23-11-03. Ver amplia información sobre todo lo relacionado con Montejurra-76 en http://avired.com/confederacion/index.htm. Esta misma consideración como enfrentamiento en lugar de agresión la utilizan algunos historiadores que parece no haberse molestado en profundizar sobre el tema como le sucede a Javier Tusell, cuando dice: «En cuanto a los sucesos de Montejurra, en el mes de mayo, consistieron en un enfrentamiento entre las dos facciones, integrista y seudosocialista en que había quedado dividido el movimiento carlista» Ver La transición española a la democracia, Historia 16, Madrid, 1999 p. 41. No sabemos por qué ahora Tusell califica al Partido Carlista de «pseudosocialista» cuando una década antes decía «la identificación entre socialismo y carlismo tenía una cierta lógica» TUSELL, Javier, Manual de Historia de España. Siglo XX, Historia 16, Madrid, 1990, p. 773.

[128] El Federal, nº 18, diciembre 2003, p. 3. Ver también artículo en PEREZ-NIEVAS, J.A. «Comentarios a una sentencia reparadora» en Montejurra 1976-2006, Arcos, Madrid, 2006.

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