El pasado 20 de Octubre en un diario local del Grupo Vocento, un comentarista habitual que suele mojar su bisturí en hiel, escribió con el título El rico y el Desfavorecido, una parábola paleocapitalista que viene a ser la traducción moderna de aquella clásica de la cigarra y la hormiga.

El comentarista con su brillante estilo sarcástico narra la historia de dos hermanos. El rico que es el menor continúa el negocio familiar. Es un esforzado empresario autónomo que da trabajo a cinco familias, tiene unos buenos ingresos de los que los que el 47% son para Hacienda. Sólo descansa los festivos y una semana de vacaciones, “pero la gente sólo ve su chalé con su piscina y su Mercedes 4×4.” Es envidiado por gente envidiosa que sólo ve en él un rico insolidario.

En cambio, el mayor, nunca quiso ser nada. Fue a la Universidad, lejos de su pueblo, donde engañaba a sus padres, de francachelas y juergas. Tuvo que volver al pueblo, cuando se descubrió el pastel. Al morir el padre, heredó la vivienda y una renta que le hubieran permitido vivir con dignidad, “pero en dos años pulió la pasta en lo de siempre y acabaron cortando los suministros y embargándole el piso por impagos. Ahora sobrevive a base de sablazos y del ingreso mínimo de solidaridad, un subsidio de 400 euros mensuales”.

La lógica de esta parábola, responde a la  propia del capitalismo primitivo, basado en el esfuerzo personal y en el ahorro. No se dice cuál era la remuneración de los cinco trabajadores de esa empresa. ¿era el mínimo legal o no llegaba?. Y en todo caso ¿les permitía vivir o meramente sobrevivir?.  Contiene una crítica implícita a la presión fiscal. ¡El 47% de los beneficios!, parece ignorar que con los impuestos se pagan infraestructuras y servicios básicos. Y donde el vitriolo se agudiza es cuando habla  del subsidio de 400 euros mensuales que percibe el hermano desfavorecido  y “políticos imbuídos de exquisita sensibilidad social hacia los maltratados por la vida y el mundo quieren incrementar,  exprimiendo aún más a los ricos insolidarios”.

¿No suena esta parábola a una parodia hiriente de la conocida evangélica del rico Epulón y del pobre Lázaro que malvivía a las puertas del palacio de aquel?.

El capitalismo actual, el neoliberalismo, sigue una lógica muy distinta de la que preside la parábola del comentarista. Predica el enriquecimiento rápido, el crédito más que el ahorro, el predominio de la economía financiera sobre la real, la concentración del capital en grandes empresas supranacionales que asfixian a las pequeñas, su control del poder político, la producción de necesidades superfluas a través de un bombardeo constante de publicidad, la producción de mercancías para usar y tirar con la consiguiente acumulación de basura resultante, la destrucción de la naturaleza… En lo que coinciden el capitalismo de ayer y de hoy es en exigir un gobierno débil, la reducción de los impuestos y la desregulación de la economía en aras de un comercio sin cortapisas.

Una parábola actual del neoliberalismo, ¿no exigiría al menos 4 personajes, hermanos o no:

*El especulador urbanístico que posee o compra una finca rústica que consigue se la recalifiquen como urbanizable y promociona una nueva urbanización.

*El político corrupto, concejal de urbanismo, que aliado con el anterior recalifica el terreno a cambio de una comisión generosa, parte de la cual va a la caja B de su partido y la otra a su bolsillo.

*El defraudador fiscal que lleva su fortuna a un paraíso fiscal o crea una empresa fantasma en uno de ellos y se acoge a la amnistía fiscal, dictada por el partido de sus intereses, cuando le pillan.

*El más joven, universitario, con un título de licenciado, dos másteres y dominio de dos idiomas, que se ve forzado a emigrar o a emplearse como camarero por trescientos euros mensuales, por horas, en la temporada alta del turismo?.

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