Carlos Javier de Borbón-Parma, al que parte de los carlistas consideran el “rey legítimo de España”, celebró el pasado sábado en la catedral de Parma el bautizo de su hijo Carlos Enrique, que será su heredero como abanderado de la tradición carlista. El acto reunió a representantes de algunas casas reales, incluidos los reyes Guillermo y Máxima de Holanda con sus tres hijas.

La ceremonia se celebró en Parma precisamente porque uno de los títulos de Carlos Javier es el de duque de Parma, y será uno de los que suceda su tercer hijo legítimo -el primer varón-, Carlos Enrique, que nació en abril en la ciudad holandesa de La Haya.

El bautizo reunió a familiares tanto del abanderado carlista como de su esposa Annemarie Gualthérie van Weezel, pero no sólo: por sorpresa aparecieron otros parientes de Carlos Javier de Borbón-Parma, como son el rey de Holanda y su familia.

Hay que recordar que el padre de Carlos Javier, Carlos Hugo de Borbón-Parma, se casó en 1964 con la princesa Irene de los Países Bajos, hermana de la princesa Beatriz y por tanto tía de Guillermo Alejandro. Por tanto, el rey de los Países Bajos y el pretendiente carlista son primos.

El rey Guillermo Alejandro se presentó en la catedral de Parma con su esposa Máxima y con sus tres hijas sin avisar: de hecho, no hay referencias a esta asistencia al bautizo en la web de la casa real holandesa.

El monarca hizo de padrino de bautismo del pequeño Carlos Enrique, que debido a las reglas sucesorias de la rama carlista será el príncipe heredero de Carlos Javier de Borbón-Parma como abanderado del carlismo.

A la ceremonia oficiada por el obispo de Parma asistieron otros miembros de la familia Borbón-Parma, como los hermanos de Carlos Javier, Margarita, Carolina Jaime, y sus tías (hermanas de Carlos Hugo) María Teresa, Cecilia y María de las Nieves.

Además, entre los invitados se encontraba también dom Duarte Pío de Braganza, pretendiente al trono de Portugal.

Carlos Javier de Borbón-Parma ostenta el ducado de Parma, que procede de Felipe I de Parma, cuarto hijo del rey Felipe V de España y que heredó este territorio italiano por su madre Isabel de Farnesio. El título llegó a los descendientes carlistas a través de Javier de Borbón-Parma y Braganza que asumió el legado carlista tras su tío Alfonso Carlos I que murió sin descendencia.

En el bautismo también estuvo presente una representación de los carlistas españoles. Viajaron hasta Parma militantes de este movimiento procedentes de Cataluña, País Vasco, Valencia, Baleares…

El acto estuvo lleno de simbolismo. Se habían enviado dos viejas banderas carlistas. Una desde Valladolid, con el “Escudo Real de Carlos VII”, el pretendiente carlista de la Tercera Guerra Carlistas, en torno a la década de 1870. La otra enseña procedía de Cataluña: perteneció a la Juventud Carlista de Llardecans (Lérida) en 1908.

El nuevo heredero de los carlistas fue bautizado con aguas llegadas desde España: del manantial del Barrio de Amaroz, en Tolosa (Guipúzcoa), de la desembocadora del Ebro en Tortosa (Tarragona), y de la pila bautismal de San Vicente Ferrer, en Valencia.

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