Leí hace poco: “Si avisas de un error a un sabio, ganarás un amigo. Si lo haces a un necio, ¡tendrás un enemigo!”.

Hace pocos días Juan José Omella, antiguo Obispo de La Rioja y hoy arzobispo de Barcelona hablaba de la cultura del encuentro. Defendía el lenguaje de la pluralidad frente a la uniformidad; no imponer, sino dialogar, sin renunciar a las propios posturas, ni caer en fáciles sincretismos, sino aprender unos de otros, para ir juntos en la búsqueda de la verdad.

En algunas mezquitas de Copenhague hay mujeres imanes que dirigen la oración musulmana de los viernes. Ya se ha creado un centro de preparación de mujeres para esta tarea. Lo más opuesto a la interpretación fanática del Islam, con su subordinación de la mujer.

En el cristianismo se han dado ya pasos en ese avance de la mujer dentro de sus iglesias. Más intensos en iglesias reformadas, muchos menos en las ortodoxas y en la católica. Pero dentro de ésta última, ya hay mujeres, religiosos y laicas, -algunas hasta consagradas clandestinamente como presbíteras- que en pequeñas comunidades presiden la eucaristía.

Ese es es el camino más transformador que existe: la incorporación de la mitad del género humano a puestos clave en la toma de decisiones. En todos los ámbitos de la vida: social, religiosa, política, económica. Sin olvidar que hay tres esferas inteconexionadas: mujer, clase y etnia.

Uno de esos periodistas famosos que suelen pontificar sobre todo lo divino y humano, criticaba a un político porque se había manifestado en un tono sentimental. Exigía que el político se atuviera a intereses e ideologías. No debía, a su juicio, nunca dejarse llevar por emociones. Claro, los sentimientos son peligrosos, nos llevan a empatizar, a acercarnos a las personas concretas, a ver sus necesidades y anhelos. ¿Un político que piense en la gente, en sus problemas reales, que trate de solucionarlos y que no se deje tentar por aferrarse en el poder? ¡Qué horror!…¿Dónde encontrarlos?

Una poeta, y no tengo el placer de conocerla personalmente, me ha hecho llegar un libro suyo de poemas con una cariñosa dedicatoria. Regalo inesperado e inmerecido. Me ha emocionado. Sólo puedo agradecérselo disfrutando y meditando la sensibilidad de sus versos.

Se han producido quemas de imágenes religiosas en Navarra y en Madrid. ¿No es humano que quienes las veneran -y cualquiera que crea en la libertad religiosa- se sientan heridos? Pero, ¿por qué somos tan insensibles ante el aniquilamiento y explotación de tantos seres humanos que son las verdaderas imágenes del Único Dios?

De nuevo la cuestión de la libertad de expresión y sus límites. Ahora con ocasión de unos chistes de un semanario satírico francés sobre el terremoto reciente de Italia. Se han querellado como una mofa de las víctimas asociaciones de este último País. También la revista de marras ha caricaturizado la caída de edificios que debían haberse construído para prevenir consecuencias de estos desastres sísmicos; aludía a picaresca latina para burlar la normativa y así abaratar costes. ¿Daba en el clavo cuando hacía mención a la mafia y su control de esas empresas y a su posible intervención en las ahora necesarias obras de reconstrucción?

El triunfo de la revolución liberal ha sido total: invención de la nación política; entrega al mercado de la fuerza del trabajo humano, de la tierra y del mismo dinero; destrucción de lazos comunitarios, mercantilización de toda la vida social y fiebre por poseer en un individualismo competitivo. Hoy ya a nivel planetario, con una economía mayoritariamente virtual, especulativa, de casino. ¿Sabremos resistir, soñar y luchar por otro mundo libre de cadenas, donde libertad e igualdad se conjuguen en fraternidad?

¿Nos hemos resignados a ser esclavos o lucharemos por la vida, más allá de los muros y de todas las fronteras físicas y mentales? ¿Alzaremos la esperanza de otra vida, más allá de la última frontera, la de la muerte, siguiendo el ejemplo de personas que hacen del amor y de la entrega a los demás su caminar?

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