La ermita de Akendibar, en Galdames, fue escenario de una recreación de la batalla de Somorrostro. (Trueba Zentroa)

Deia

19/07/2016

Asociaciones de la comarca divulgan en coloquios y excursiones la huella de las Guerras Carlistas y la Civil

La zona jugó un papel crucial en los conflictos por su posición estratégica

ZALLA- Si los montes de Enkarterri hablaran… describirían a peregrinos y senderistas que se maravillan ante sus paisajes, pero también sobre las vidas perdidas para defender las posiciones estratégicas a través de los siglos: emboscadas en Akendibar, Celadilla o el Kolitza. Esa impronta de las contiendas carlistas y la civil que asociaciones de la comarca se esfuerzan por hacer visible. Porque “da la sensación de que aquí nunca ha ocurrido nada, parece que todo sucedió allende la ría, y más aún, en un Bilbao que es como un agujero negro que todo lo absorbe”, explica Ricardo Santamaría, del Centro de Documentación y Divulgación Trueba, uno de los colectivos que en los últimos meses viene organizando charlas y excursiones para dar a conocer lo que las guerras han dejado en el territorio. Huellas físicas en las trincheras que aún se conservan, y sociales en quienes sufrieron la desolación que siguió al golpe militar de 1936, cuyos testimonios se están recogiendo.

En Balmaseda, ya han escenificado dos veces la invasión de la villa por las tropas francesas en 1808. La ermita de San Roque de Akendibar, en Galdames, acogió una recreación similar sobre la batalla de Somorrostro. Representantes del museo del carlismo de Estella se acercaron a la localidad, donde revivieron los hechos que, en 1874 desembocarían en la victoria de los liberales, marcando “un antes y un después para Enkarterri en varios aspectos: se perdió la exclusividad de sus montes comunales, y por tanto, terminó la venaquería y empezó la obligatoriedad del servicio militar”, narra Ricardo Santamaría. Además, “con las denuncias mineras a favor de los patrones y compañías extranjeras, con la llegada de miles de peones braceros y temporeros se perdieron los montes y la idiosincrasia de Enkarterri fue diluyéndose”. Un código QR instalado en la fachada de la ermita de Akendibar explica los lances de la batalla, que se difundió también en un coloquio celebrado en Muskiz y una exposición en el Museo de la minería.

En Zalla, la asociación cultural Eguen, en colaboración con el grupo ecologista Otsoaren Taldea ha impulsado dos salidas a los montes de Celadilla para enseñar sobre el terreno, la riqueza natural e histórica de los paisajes, que ganaderos del Valle de Mena quieren cercar para uso ganadero. La primera tuvo lugar en marzo, la segunda, en junio. Y, en medio, la charla del historiador aficionado y experto en las Guerras Carlistas Jesús Arrate, que defiende la singularidad del lugar. “No abundan los vestigios de la época que se conserven igual que hace cien años, como es el caso”, subrayó. Trincheras cuya estructura es visible desde la atalaya que se consideraba puerta de acceso a Enkarterri. “Quien conquistaba Celadilla caía sobre Zalla y Balmaseda”, añadió Juan Luis Díez de Mena, de la asociación Eguen.

Algunas de esas estructuras se aprovecharon en el transcurso de la Guerra Civil. Al cumplirse ochenta años de levantamiento franquista, la comarca hace balance de las investigaciones en marcha para no olvidar el pasado, tampoco el más doloroso. Cuatro años lleva ya el director del centro Trueba, Ricardo Santamaría, indagando en archivos y otras fuentes para un trabajo que “tenemos intención de publicar próximamente con el objetivo de preservar la memoria”. Además, en la última década ha entrevistado a más de 400 personas mayores de la comarca -los testimonios no saldrán del archivo del centro, salvo que los protagonistas o sus familias lo autoricen, puntualiza-. Quería plasmar detalles de su vida cotidiana, “qué se sembraba en los huertos o cómo se celebraban las fiestas populares” en grabaciones que “son un tesoro de información que han ayudado a recuperar la alubia carilla y los bailes de las marzas y las pascuas”. Invariablemente, la Guerra Civil salía a relucir, tanto en las conversaciones como en documentación que “nos ha ido sorprendiendo”.

“Todos los municipios de Enkarterri fueron bombardeados, cobrándose muchas vidas civiles”, recuerda Santamaría, haciendo mención a otros divulgadores de la zona que han centrado sus estudios en sacar estos hechos a la luz, como “Josu Gallarreta en Zalla, Txomin Etxebarria en Balmaseda, Jesús Mari Palacio en Turtzioz o Goio Bañales”. El 21 de junio Zalla volvió a rendir homenaje a las víctimas de los ataques aéreos de la legión Cóndor que sembraron el terror en 1937. Las asociaciones culturales se acuerdan también de los represaliados y fusilados a los que están poniendo nombre y apellidos, lo que humaniza la desolación de la guerra.

Tras el 18 de julio de 1936 “enseguida se produjo una movilización por parte de la población y se constituyeron batallones de milicianos”. Enkarterri fue escenario, además de episodios cruciales en el desarrollo de la contienda. Como los que sucedieron a la caída de Bilbao en junio de 1937: “El comunicado del lehendakari Aguirre desde Turtzioz y la batalla del Kolitza, en Balmaseda”. Txomin Etxebarria y su hermano ya fallecido, Jesús, investigaron a fondo este cruento enfrentamiento del monte bocinero en un libro sobre la Guerra Civil en la villa, que ha reeditado con datos actualizados y acaba de presentar. “En el Kolitza los aviones mataban indiscriminadamente. Fue tan terrible que algunos se negaron a luchar”, cuenta.

Al centro Trueba llegaron dos casos que les impactaron: “nos pidieron que buscáramos a un fotógrafo madrileño, casado con una muskiztarra, que había desaparecido en Muskiz y en 2010 recibimos la llamada de una señora de Zierbena”. Cuando la conocieron resultó que había nacido en el Valle de Mena y en realidad solicitaba ayuda para localizar a su hermano, “Pedro Pereda, el último alcalde socialista que gobernó en la localidad”. Cuando, año y medio más tarde, descubrieron que sus restos habían sido depositados en una fosa común cerca de Santander, les costó comunicárselo a su hermana.

Paso de refugiados

Habría utilizado una de las vías de huida por las que transitaron miles de personas huyendo de las tropas franquistas, el camino que conducía hacia el barrio de Lanzasagudas, en Karrantza, para continuar desde allí en dirección a la capital cántabra. El destino que podía abrir una puerta a la esperanza a quienes lograban embarcar rumbo a países extranjeros. Pedro Pereda no lo consiguió “porque falangistas de Mena fueron en su busca por no haber secundado el alzamiento. Cuando dieron con su nombre vieron otros muchos “de gente que no era de la tierra, gente a la que igual, sus familias todavía buscan”, expresa Ricardo Santamaría. Y es que, “tras la toma de Bilbao se produjo un éxodo hacia Enkarterri de refugiados que querían alejarse del campo de batalla, mayores, mujeres y niños”. Diferentes lugares y diferentes siglos, pero la cara de la guerra no cambia.

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