Diario de Noticias (Navarra)

28/06/2016

Carlos Veci Lavín

Hace unos días un amigo de Villava me trajo un sobre con una fotografía. En la foto aparece un recién nacido que se llama Carlos Enrique. Viendo la imagen, que ahora reposa en una estantería de mi casa, no puedo evitar pensar en lo que el futuro depara a este niño. Quizá algún día yo tenga hijos también, y querré que vivan en un país en paz, en el que se premie el esfuerzo y las buenas personas puedan prosperar. En estas últimas semanas la actualidad política nos invita a mirar también al futuro. Todos nos preguntamos qué será de nuestra tierra y compartimos el deseo de una vida tranquila. Por desgracia, sabemos que los tiempos difíciles no han terminado. Los líderes de los partidos demuestran un día tras otro su incapacidad para el diálogo. La tensión se palpa en el ambiente. El horizonte augura combate. Para afrontarlo, el padre de Carlos Enrique, don Carlos Javier de Borbón Parma, heredero de los príncipes que concentraban a miles de navarros en Montejurra, nos recordaba en fecha reciente que debemos huir de promesas imposibles y construirnos nuestro propio futuro, de abajo a arriba, desde la sociedad, promoviendo a representantes honrados. Buen padre tiene Carlos Enrique, y muchos leemos sus textos con esperanza, porque mientras algunos agitan viejos fantasmas e incitan al odio, don Carlos nos habla de mirar a la realidad con descaro y construir. Construir, construir y construir.

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