El domingo pasado celebrábamos el Encuentro anual de Asociaciones Culturales Riojanas. Esta vez en Arnedo, siendo anfitriona la de los Amigos de Arnedo. Fue una jornada muy grata, donde tuvimos ocasión de reencontrar y abrazar a antiguos amigos que continúan en la brecha del asociacionismo.

Las palabras escuchadas en esta conmemoración, las emociones vividas y los recuerdos suscitados dieron fruto en estas reflexiones que hoy quiero plasmar por escrito.

La riqueza de una comunidad humana actual se plasma en la existencia y vitalidad de unas asociaciones que planifiquen lo que los sociólogos denominan la sociedad civil.  Lógicamente han de plurales, como corresponde a la heterogeneidad actual.  Pueden ser definirse por el ámbito que abarcan: religiosas, familiares, territoriales, juveniles, de mayores, de mujeres, puramente culturales, folklóricas, deportivas, artísticas… Han de tener una característica común: favorecer el desarrollo de las personas que las componen, sin imponerles una identidad excluyente, que les -nos- ayude a conformar esa realidad poliédrica que es el ser humano.

Pero para asegurar la real vitalidad de una asociación, ha de cumplir una exigencia básica: su independencia respecto al poder político -sea quien sea el partido o coalición- que lo ostente. Amigos de La Rioja tuvo en esto especial cuidado desde sus orígenes. Esto se logra de dos maneras: la prohibición de ocupar puestos directivos en la asociación a quienes ostenten cargos políticos. Y que las cuotas de sus socios sean la fuente principal de sus ingresos. Eso no impide, claro, obtener alguna subvención para alguna actividad concreta. Pero es el trabajo voluntario y gratuito de sus componentes el que ha de ser motor de una asociación.

Esta independencia le permitirá llevar a la Administración ideas, necesidades y propuestas que capte en la sociedad. Y tendrá la libertad para criticar o aplaudir, con autoridad moral, medidas políticas en función de que sirvan o no a los intereses generales. Eso supone, además, tener claro cuál es la misión de quienes están legitimados por las urnas, que no puede ser sustituida  por ningún grupo de presión. Cuando Amigos de la Rioja lanzaba su campaña por una Universidad propia, les decía a los políticos de turno: traedla y poneos vosotros la medalla.

¿Cómo pueden tener vitalidad asociaciones que se crean sólo para recibir subvenciones y servir de correas de transmisión de los partidos gobernantes?

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