Diario de Noticias (Navarra)

08/05/2016

Fermín Pérez-Nievas

20160508D022_F022_Politica

20160508D023_F023_Politica

El expediente abierto en Estella contra Márquez de Prado, Marín García-Verde y García Mouriño muestra muchos puntos oscuros e interrogantes que ahondan en las sospechas de que se preparó desde el Gobierno para acabar con un partido que hacía tambalear los cimientos del Estado y la Corona

“Las cosas no suceden porque sí, ni son puras casualidades. Hay unas causas concretas, unas responsabilidades precisas. En la cima misma de la montaña había un grupo preciso, a las órdenes precisas de alguien, con las armas en la mano, con el ánimo de disparar anunciándolo incluso (…) Todo tiene un trasfondo inmensamente más grave y esto es lo que necesita urgente y total clarificación. Nos tememos que los hechos de Montejurra sean sólo un síntoma y una macabra manifestación de un estado de cosas en esferas muy decisivas, que nos pueden llevar a la tragedia colectiva en cualquier momento. Es todo un pueblo sencillo el que reclama con vigor una libertad para todos, una reconciliación objetiva, unas instituciones democráticas, sin regateos y sin trampas”. Este testimonio es un fragmento de la homilía que se leyó en el funeral multitudinario de Ricardo García Pellejero, en Estella, en mayo de 1976.

‘GUERRA SUCIA’

Apenas transcurridos unos días de la tragedia del 9 de mayo, las palabras pronunciadas sonaron a una verdad que sólo un año después se fueron demostrando. El general José Antonio Sáez de Santamaría (general de brigada y jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil) confirmaría al periodista Santiago Belloch, en 1977, la participación del Estado en estos crímenes con una claridad y una impunidad que estremece. A su juicio, los primeros pasos del terrorismo de Estado del GAL se dieron en Montejurra. “Se adoptaron medidas tendentes a dar la impresión de que se trataba de una reconquista civil de los verdaderos requetés. Consiguieron que el gobierno Arias-Fraga tomase en consideración la propuesta de organizar la operación reconquista. Organizaciones de ultraderecha contactaron con miembros de la Internacional Fascista italiana, la Triple A argentina y otras similares”. De forma tajante Sáez de Santamaría sentenció que “la trama de esta operación es el primer paso de lo que constituyó el núcleo de operaciones de la llamada guerra suciacontraterrorista contra la transición”. Militares, partidos ultraderechistas, activistas violentos, mercenarios ultras extranjeros, miembros de las fuerzas de seguridad “operaron apoyados directa o indirectamente por los aparatos del Estado”.

De esta forma se entiende que nombres como los de Oriol y Urquijo (presidente del Consejo de Estado y exministro), el general Campano (entonces director general de la Guardia Civil), Rodolfo Almirón (integrante de la triple A argentina y más tarde escolta personal de Fraga), Augusto Cauchi, Emilio Berra Chacal, Stéfano della Chiaie o Jean Pierre Cherid (ultras que trabajaban para el Estado según señaló a Cambio 16 en 1984 el infiltrado en ETA Mikel Lejarza El Lobo) estuvieran presentes en Irache. También se comprende que el Gobierno Civil, a través de su secretaria pagara numerosas habitaciones, que Oriol y Urquijo hablara con el general Campano por teléfono tras los incidentes junto al monasterio de Irache (tal y como declaró el director del hotel), que los numerosos guardias civiles presentes no hicieran nada por evitar las agresiones o que la munición encontrada en la cima y las armas empleadas fueran del mismo calibre que las que usaba el ejército y fuerzas de seguridad del Estado. Son solo algunos detalles que apuntan a la participación de altas esferas del poder pero que al cerrarse el sumario 1.847/76 nunca se pudo evidenciar.

Al abrirse ese sumario, el juzgado de Estella atribuyó los delitos a autores desconocidos y fueron los abogados carlistas quienes consiguieron las fotos y elaboraron un dosier señalando a García-Verde. El juez les contestó que no sabía dónde vivía y de nuevo los abogados tuvieron que hacerse con su dirección en Huelva. Entonces ordenó su detención.

PUNTOS OSCUROS

Cuando José Ángel Pérez-Nievas, secretario general de EKA muchos años y abogado de las familias de los asesinados en Montejurra‘76 (Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos), se metió hasta el cuello en una batalla judicial contra el Estado para que se les considerara víctimas del terrorismo (algo que consiguió en 2003 en que se les concedió 23 millones de pesetas), desde el Ministerio de Interior se le envió un informe en que se le señalaba que no existía en la Guardia Civil documentación de aquel suceso. “Al tratarse de zona rural la competencia habría correspondido a la Guardia Civil que debió instruir las diligencias oportunas. Actuaciones de las que no se dispone de ningún ejemplar, ni en los archivos ni en el Archivo de la Dirección General de Policía”. Reconocían que ambos aparecían en una lista de víctimas del terrorismo pero desconocían “en base a que criterio se estableció esa consideración” ya que no disponían de “documentación suficiente” para determinar si eran víctimas de un grupo organizado o de una lucha entre facciones.

Los aspectos oscuros de esta investigación han sido muchos y se han prolongado durante largos años. Cuando en 2000 solicitó por segunda vez la indemnización, la negativa que envió el Ministerio de Interior a Pérez-Nievas llevaba fecha del 5 de mayo de 2000, cuando la solicitud se había enviado en julio.

La ausencia de documentación en los archivos es especialmente relevante ya que la Guardia Civil tuvo perfecto, y directo, conocimiento de los sucesos desde el momento en que el general Campano fue informado la misma mañana por Antonio Oriol y Urquijo. Decenas de números observaron los enfrentamientos de los ultras armados contra carlistas, que se defendieron con piedras y bastones, y vieron la muerte de Aniano sin actuar. Además, cuatro jóvenes carlistas (entre ellos Fernando Javier Lezáun Herce y Fernando Puértolas Vega) que habían subido en la noche del sábado 8 de mayo a la cima de Montejurra para preparar los altavoces, fueron detenidos por la Guardia Civil cuando descendieron (les golpearon y amenazaron diciéndoles “en menudo lío os habéis metido ”y les preguntaron “¿sois de Sixto o de Carlos Hugo”?). Pasaron el domingo en los calabozos pese a que alertaron de que había personas armadas en Montejurra. En su declaración, tras los asesinatos, Lezáun dijo que en la cima vieron a “6 ó 7 hombres armados” que les pidieron una contraseña y les amenazaron con que si no se iban “les pegarían un tiro”. La Guardia Civil les enseñó unas fotos aéreas de días anteriores en las que se veían en la cima de Montejurra varios grupos de personas por lo que es de suponer que conocían la presencia de hombres armados. Los jóvenes carlistas fueron retenidos en los calabozos hasta el domingo por la noche en que les dejaron libres sin cargos.

La operación reconquista estaba tan organizada y preparada que el falangista Valero Bermejo (antiguo gobernador civil de Navarra), en una reunión de Falange en Alcubierre (cerca de Zaragoza) ese mismo 9 de mayo anunció que “en estos momentos se está reconquistando Montejurra”.

Tras los sucesos, lejos de detener a Sixto, el Estado, por orden de Fraga, le expulsó de España y sólo se juzgó a José Arturo Márquez de Prado, Francisco Carrera García y José Luis Marín García-Verde (el hombre de la gabardina) que finalmente fueron amnistiados. El 3 de abril de 1977 la revista La actualidad española entrevistó en su casa a Márquez de Prado, que estaba en libertad provisional. La publicación ya decía entonces que “como consecuencia de la amnistía jamás se pueda llegar al fondo de este negro asunto”. El acusado definió a Marín García-Verde, que disparó a quemarropa a Aniano, como “un santo varón, un hombre buenísimo que no disparó a matar” y respecto a la munición militar que apareció en la cima aseguró que “colocar la munición es muy fácil y está al alcance de cualquiera”.

Como señaló José Ángel Pérez-Nievas en una entrevista a DIARIOS DE NOTICIAS cuando se cumplió el 20 aniversario, “ya que no se hizo justicia, solo nos queda esperar que se conozca la verdad algún día”.

Anuncios