En los medios eclesiásticos tachar algo de pastoral equivale a rebajar su valor. Lo comparan con el término doctrinal que hace referencia a algo de más enjundia, que contiene conceptos más o menos dogmáticos, a los que atribuyen un carácter estable y hasta inmutable, consagrando un magisterio rígido al que ha de sujetarse el pueblo fiel.

Así las resistencias del sector integrista al Concilio Vaticano II o a los documentos del Pastor Francisco en la actualidad se basan en tacharlos de pastorales, para rebajar su valor frente al Magisterio expresado en otros Concilios o documentos papales en forma doctrinal.

Lo curioso es que cristianos de buena fe podemos caer de buena fe en esta injusta discriminación. Nos muestra lo arraigado que tenemos la concepción de la fe como conjunto de creencias por encima de la fidelidad al Mensaje liberador de Jesús que es nuestra espiritualidad.

La mejor alabanza que se puede hacer de un documento es  llamarlo pastoral. Responde al estilo de Jesús, tal como se muestra en sus palabras y vida recogidas en los Evangelios. No nos dió ninguna definición sobre la esencia de Dios, sino que subrayó que hace llover la lluvia y el sol sobre todos los seres, que se com-padece de los sufrientes  y que los últimos son los primeros en su Reino. La moral samaritana y el perdón a los enemigos son sus señas de identidad.Y su estilo de vida fue ese: acoger y sanar a quienes sufrían cualquier clase de mal, físico o religioso. Por eso que era la voluntad de su Abbá se enfrentó al poder religioso y político que acabaron asesinándolo en la cruz.

¿No es la lección que nos da lo pastoral el reconocer la conciencia personal, partir de la vida y de sus situaciones concretas para tomar las decisiones que nos parecen correctas desde las entrañas movidas por las misericordia?.

Anuncios