A veces se presenta la compasión como si fuera un sustituto facilón de la justicia. Nada más lejos de ello. Condolerse de quienes sufren, por causas naturales o por efecto de la maldad humana, provoca dos sentimientos profundos: de indignación ante esa situación, sobre todo si está provocada por la acción u omisión humanas, que nos motivará para luchar contra ellas y el desgarro de nuestras entrañas ante el dolor de quienes padecen.

Cuando alguien se acuerda de los sufrientes y no lo hace desde la compasión, sino movido por quedar bien, con  fines de desgravación fiscal, por marketing o cualquier otra motivación egoísta, podrá aliviar sus dolores desde la altura de su superioridad. Se sentirá bien y esperará el agradecimiento devoto de los menesterosos. Ha dado de lo suyo, de lo que le sobra y espera rentabilizar sus buena obras.

Acercarse al sufriente desde la com-pasión es algo muy distinto. Es sentirse interpelado por su rostro dolorido, reconocerse su deudor, ya que todo lo que tiene es un don recibido que debe devolver a su legítimo acreedor. Más que dar, se da, se siente hermano o hermana del necesitado y se hace prójimo de él, en pié de igualdad o quizá de abajo de él, para empezar reconociendo su dignidad de persona.

El seguidor de Jesús es movido a la compasión, porque reconoce haber sido compadecido previamente por ese Misterio, que se hace cercano como Abbá de Jesús. Y encuentra en ese sufriente al mismo Cristo. Por eso, procura que su mano izquierda no se entere de lo que hace su derecha.

¿Es preciso haberse sentido compadecido para poder compadecer?. ¿Y entonces los increyentes que se entregan generosamente a los demás? ¿Cómo se explica?. Intenté buscar una razón, pensando que también debían haberse sentido compadecidos por la vida o por otras personas.

Se me hizo ver que algunos no sienten haber sido sujetos pasivos de compasión y sin embargo son un ejemplo con su vida entregada. Mas, opino que han tenido que tener consciencia de un dolor, de una debilidad profunda en su existencia que les facilita esa actitud generosa. Y bien  o arrastran el trauma de haberse tenido que tragar su pena en solitario o han encontrado quienes les ha acompañado para superarla. ¿Por qué algunas ONGs totalmente aconfesionales para admitir a  nuevos voluntarios les hacen pasar un cursillo intensivo para que vivencien esa debilidad intensa y así puedan estar en condiciones de ejercer su tarea compasiva?.

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