Carlos VII-3

CARLOS VII -SANZ-ENEA.

LA ICONOGRAFÍA DE DON CARLOS VII

La primera vez que me encontré con la figura de Don Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este, Carlos VII para los leales, fue bastante curiosa.

Hace ya 46 años, en la cocina de un caserío apartado del centro de Villaro, mi pueblo, vi en un cuadro renegrido por el humo del hogar la estampa de un hombre, con porte arrogante, vestido con un capote militar, una boina tumbada hacia el lado izquierdo, que se adivinaba de color rojo, barba poblada que se le derramaba por el pecho y sable en el que posaba su mano izquierda. A sus pies un gran danés.

Pregunté al dueño de la casa quién era el personaje del cuadro, y Juan Orue Gorospe, que había sido voluntario requeté en la guerra civil, me contestó:

–Es el Rey.

Sesenta años después de fallecido, para aquel aldeano del Valle de Arratia, seguía siendo su Rey. Se cumplían así las palabras de Don Carlos, “a España volveré, aun-que haya muerto”.

Hay hombres que dejan tal huella que traspasan su tiempo y se llegan a convertir en leyenda. Don Carlos es uno de ellos.

Durante todos estos años he buscado a Don Carlos por lugares muy dispares, y lo he encontrado en viejas mansiones solariegas, donde los herederos de aquellos hidalgos legitimistas, todavía lo mantienen en el lugar de honor de sus salones, …así lo he visto en el palacio de Murguia, casa troncal de los Valde-Es-pina y Montevilla, en la guipuzcoana villa de Astigarraga, en Arbelaiz, morada de los Olazabal, y en Durango en Etxezuria, y en Algorta, y en Orduña, y en Leiza en el viejo caserón de los Baleztena, en Casalarreina, donde Benito Tamayo lo venera como se hace con las imágenes sagradas en las capillas de las catedrales…

Pero también me lo he encontrado en sitios de menos alcurnia, pero no menos nobles, como en casa de las hermanas Zubia de Elorrio, en Iguzquiza donde Ramón Abrego y Fani, su mujer, levantaron la suya justo al pie de Montejurra, en la de Miguel Saralegui, o en la Juan Ramón Sarobe, Isabel López Baquedano, Pablo Larraz y Luis González Llano en su casón de Mena…

A Don Carlos de Borbón, lo he encontrado en Loyola, donde para José Ramón Eguillor S.J. era tan querido como su idolatrado San Ignacio… y en tantos lugares que me sería interminable enumerar.

La figura de Don Carlos también ha tenido tal fuerza y atractivo que ha hecho posible que una persona como mi amigo José Ignacio Ortega haya puesto alma, tiempo, y algunos cuartos en reunir la mejor colección de retratos fotográficos de Don Carlos de Borbón, que conozco.

Como colofón quiero decir que he encontrado a Don Carlos en tantos sitios, que aún me parece que sigue cabalgando si no por los caminos reales de mi tierra vasca, sí por muchos corazones que como el mío viven anclados en un tiempo de nostalgia, que ya no existe.

VÍCTOR SIERRA-SESÚMAGA

Villaro, primavera de 2016.

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